Actualidad Editorial, Cañamo #230

General 25-01-2017

Editorial febrero - Queridos Robots

Por Cáñamo

Redacción


Queridos Robots


Una de las noticias de gran alcance que nos dejó el 2016 fue el anuncio de la llamada “cuarta revolución industrial”. El Foro Económico Mundial, atrincherado en Davos, informó que una “tormenta perfecta” desencadenada a causa de la interacción entre avances tecnológicos y componentes socioeconómicos generará la pérdida de cinco millones de empleos netos hasta el 2020. Entre dichos avances, la mayoría de ellos lejos de la comprensión de los profanos, se destacan la ingeniería de sistemas metabólicos para producir sustancias industriales tales como principios activos farmacéuticos derivados del conocimiento indígena; el internet de las nanocosas, que permitirá la inserción de nanosensores en los humanos para la captación y recepción de estímulos y/o la administración de drogas y fármacos; la integración de máquinas con inteligencia artificial al internet de las cosas y a las redes sociales; la creación de nuevas materias para almacenar energía; vehículos no tripulados; células vivas manipuladas genéticamente capaces de responder a las ondas de la luz; producción de órganos humanos en chips electrónicos, etc.

Algunas de estas tecnologías podrían tener impactos negativos en el medioambiente y por extensión en los humanos, además de resultar potencialmente adecuadas para la fabricación de nuevos tipos de armamentos y de sistemas de vigilancia y control. Estos elementos negativos se enmarcan en una situación en que las grandes corporaciones han alcanzado el mayor nivel de concentración de la historia y controlan vastos sectores tecnológicos y productivos.

Los estados nacionales ampliamente dirigidos por entramados empresariales y bajo la cobertura ideológica de que todo avance tecnológico es positivo en sí mismo permiten el desarrollo de todo tipo de tecnologías sin debate alguno, sin la necesaria evaluación de los posibles efectos negativos y sin regulaciones.

Existen unos dos mil productos procedentes de la industria de la nanotecnología, algunos de ellos de uso cotidiano en alimentación, cosmética, higiene o farmacia, un sector industrial no regulado pese al creciente número de estudios que señalan su toxicidad, en especial para los trabajadores del sector expuestos a las nanopartículas.

El propio Foro de Davos, en su informe de riesgos globales (para sus negocios), señaló en el 2015 que parte del desarrollo tecnológico está asociado con riesgos no evaluables plenamente en los laboratorios y con la posibilidad de realización de aplicaciones no deseadas o con efectos imprevisibles para las personas, algunos de los cuales podrían poner en peligro la vida humana. Sin embargo, la adopción de las medidas adecuadas pondría en riesgo parte de los beneficios de poderosas industrias.

Desde hace años, algunas organizaciones sociales y de científicos críticos alertan sobre esta situación e intentan construir una red de evaluación social y de acción sobre las tecnologías con la intención de generar información que permita comprender la evolución tecnológica desde distintas perspectivas. Ello, unido al desarrollo de nuestros espíritus críticos, puede contribuir a romper silencios cómplices y a abrir el debate al conjunto de las sociedades. 

Contenidos relacionados

Accede o regístrate para comentar.

0 comentarios