Actualidad Editorial de la revista Cáñamo de enero 2017

General 29-12-2016

Macroeconomía de las calles - Editorial de Cañamo #229

Por Cáñamo

Redacción


Ciertos cambios metodológicos autorizaron a partir de septiembre del 2014 la incorporación al cálculo del producto interior bruto (PIB) de actividades como el tráfico de drogas o la prostitución. Unos cambios que, en su momento, nutrieron el debate sobre la legalización implícita de prácticas que pueden generar problemas de salud, seguridad y libertad.

Conocemos ya que el gasto en narcóticos de los hogares españoles a lo largo del 2015 ascendió a 6.004 millones de euros, según datos incluidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en la Contabilidad Nacional, datos que son utilizados a los efectos de calcular el producto interior bruto (PIB); una cifra que supera los 5.131 millones de euros que los hogares gastaron en bebidas alcohólicas. El INE computa como gasto en narcóticos el consumo de marihuana, opio, cocaína y sus derivados, drogas sintéticas y otros narcóticos obtenidos de productos vegetales.

La metodología para efectuar estos cálculos, así como los de otras actividades ilícitas, utiliza un manual de recomendaciones desarrollado por la OCDE que puede ser adaptado por cada uno de los países en función de sus condiciones específicas. También Eurostat ha elaborado guías y orientaciones para que las estimaciones de los diferentes estados estén armonizadas.

Un reciente estudio de Europol estima que los ciudadanos europeos gastan entre 21.000 y 31.000 millones de euros anuales en drogas ilegales, por lo que España constituiría entre un 19 y un 29% del mercado europeo. Es razonable pensar que las servidumbres que impone ser un país turístico tienen algo que ver con estos elevados niveles de consumo.

En lo relativo a prostitución sabemos que, según datos de Naciones Unidas y el Consejo de Europa, España se sitúa a la cabeza de la Unión Europea en cuanto a su utilización. Las informaciones que rodean esta actividad son alarmantes: cada año entre 600.000 y 800.000 personas cruzan fronteras internacionales víctimas de diferentes tipos de tratas, de ellas el 80% son mujeres y el 50% menores de edad. En torno a 100.000 mujeres y niñas entran cada año en la Unión Europea como víctimas de trata con fines de explotación sexual.

Según la Organización Mundial del Trabajo, 2,4 millones de personas en el mundo están sujetas a la explotación como resultado de la trata de seres humanos. La trata sexual es uno de los negocios ilegales más lucrativos, junto al tráfico de drogas y de armas, con unas ganancias estimadas entre los 8 y 10.000 millones de dólares anuales.

En el caso de la trata con fines sexuales, un 98% de las personas afectadas son mujeres y niñas, en lo que algunos estudiosos señalan como la feminización de la pobreza, un fenómeno vinculado con la posición de las mujeres en la sociedad.

Mientras todos los países del mundo destinan ingentes recursos a una fracasada y, en ocasiones, excéntrica guerra contra las drogas, diversos expertos señalan que la lucha contra el tráfico de personas carece de los recursos necesarios para ser efectiva.

La esclavitud se perpetúa en pleno siglo xxi. 

Contenidos relacionados

Accede o regístrate para comentar.

0 comentarios