Actualidad Cáñamo #227

Opinión 24-10-2016

Psiquiatrizados - Editorial de Cañamo #227

Por Cáñamo

Redacción


Una noticia de la pasada primavera difundía el caso de la detención de una mujer en Gijón acusada de vender hachís y comprimidos de Metasedin y Trankimazin en los pasillos de un centro comercial. La mujer declaró desconocer la ilegalidad de su conducta y declaró que vendía los medicamentos que le sobraban a su marido.

Seguramente esta noticia guarda alguna relación con lo expresado en los resultados de una encuesta realizada entre 22.000 europeos con edades comprendidas entre los 12 y los 49 años, y de la que se concluía que España lidera el abuso de Orfidal y Trankimazin, un fenómeno considerado más habitual entre personas de raza “no blanca” y entre desempleados. A propósito de este anuncio, el psiquiatra Jorge Martínez Raga declaró: “En España hay mucha ligereza a la hora de tomar medicamentos. En las series españolas se habla de tomar Orfidal y Trankimazin como si fueran caramelos. Dentro de las campañas de prevención de adicciones habría que incluir no solo el tabaco y el alcohol, sino también otros fármacos de prescripción”.

Por otra parte, según datos aportados por Julián Sanz, el jefe del Servicio de Drogas de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, un 25,6% de los reclusos presentan diagnóstico psiquiátrico y entre un 3 y un 4% trastorno mental grave, unos datos no demasiado sorprendentes si consideramos la situación de reclusión forzosa de los afectados, y que se antojan más alarmantes al conocer que un 47,2% de la población recibe tratamiento psiquiátrico: “Se trata de una sociedad muy medicalizada, además, más del 50% de personas con enfermedad mental consumen drogas”.

Sanz señaló también que uno de los problemas a los que se enfrentan en las cárceles es que muchos reclusos “no tienen conciencia de tener una enfermedad mental (…) el problema de estas personas reside en la falta de conciencia, lo que provoca que abandonen el tratamiento”.

Por otra parte, está previsto que para el próximo verano Barcelona disponga de un nuevo Plan de Drogas. A los tres pilares que sostienen los anteriores planes: prevención, equipamiento y acompañamiento e integración de adictos, se añadirá la perspectiva de género, ya que las mujeres padecen un estigma que disuade a muchas de iniciar un tratamiento. Por otra parte, el envejecimiento de la población adicta lleva a modificar los protocolos ante la aparición de enfermedades mentales. Actualmente existen menos patologías asociadas al consumo pero más dolencias mentales, tales como depresión, ansiedad o trastornos de la conducta.

Un conjunto de informaciones que puede llevar a pensar que, tal vez, nuestro modelo social resulta un tanto enfermizo. 


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