Artículos Extraído del número #176 de la revista Cáñamo España

Sociedad 18-10-2016

Desinformación Fumeta

Por Cáñamo

Texto: Alejo Alberdi / Ilustración: ATA

Las nuevas tecnologías han desempeñado un importantísimo papel en la desmitificación de las drogas que, desde los inicios de la prohibición, han ido acompañadas de distorsiones, mixtificaciones, leyendas urbanas, exageraciones y mentiras más o menos piadosas pero, por lo general, siempre escandalosas. 

Contra lo que dice un popular tópico preventológico, que proyecta sobre otros la ignorancia propia, nunca fue posible adquirir tantos conocimientos sobre drogas como en el momento presente, oportunidad que no todo el mundo aprovecha, pero que está ahí para quienquiera que desee hacer uso de ella. No obstante, toda tecnología es un arma de doble filo, y  esta labor desmitificadora puede convertirse con gran facilidad en su contrario por la inmediatez de las redes sociales, la comodidad del copia-y-pega, la mentalidad de rebaño, los sesgos cognitivos y otros factores. Así, en la sección de mitos sobre drogas de la Wikipedia encontraremos muchos clásicos del folklore prohibicionista, pero tampoco faltan las memeces generadas y propagadas por consumidores y/o activistas. Y es que no todo el mundo posee las virtudes de un Eduardo Hidalgo, pertinaz sabueso que de un tiempo a esta parte se ha especializado en roer no pocos huesos drogomitológicos hasta dejarlos mondos y lirondos, sea mediante la consulta de fuentes fiables, sea a través de la experimentación personal, plasmando los resultados de sus arriesgadas investigaciones en numerosos artículos, posteriormente recopilados en libros como Diez mitos universales sobre drogas. Tampoco hay que olvidar a Juan Carlos Usó, pionero en España con Leyendas Sin Desperdicio, un artículo sobre la recurrente tontuna de las calcomanías con LSD y que no debería tardar en ver publicada su monografía sobre la fantasiosa conspiración de la heroína, de la que el historiador ha encontrado una versión primigenia que se remonta a… ¡1916!  Sin ánimo de competir con estos titanes de la ilustración farmacológica, quiero dar cuenta de algunos mitos sobre el cannabis, difundidos por sus partidarios con tan buena intención como escaso rigor. Por ejemplo, si han oído que la Constitución de EE UU se escribió sobre papel de cáñamo, sepan que para la versión final de este documento se utilizó papel vitela (pergamino), de origen animal, quedando el cáñamo para sus borradores. Tampoco está nada claro que dos de los padres de la Constitución estadounidense, Jefferson y Washington, fueran una especie de trasuntos de Cheech y Chong, como se les ha querido presentar desde determinados ámbitos. Lo único que se puede afirmar con seguridad sobre este particular es que ambos mandatarios cultivaron cáñamo, probablemente por el valor económico de la planta multiusos, y que hay un par de referencias epistolares poco claras en el caso de Washington que no permiten incluirle en el catálogo de fumetas famosos por muy buena voluntad que le pongamos al asunto. De Lincoln,  el presidente de EE UU más añorado, circula una cita apócrifa (Dos de mis pasatiempos favoritos son sentarme en mi patio fumando una pipa de dulce cáñamo y tocar mi armónica”) extraída de una carta cuyo original debería estar en el Museo Hohner, pero nadie ha podido dar razón de ella. No tan inocentes como estas leyendas remotas son otras mucho más recientes, como la de los Marlboro Greens  o una confusísima historia donde se mezclaban Monsanto, Soros y el cannabis “transgénico” entre infinidad de actores y factores (sin mención a bases nazis en la Luna, afortunadamente). El cuento de las tabaqueras y su diseño de packaging para vender cannabis en régimen de monopolio viene coleando al menos desde mediados de los Setenta y, como el Guadiana, aparece y desaparece con frecuencia. Una novela con este sujeto (Acapulco Gold, 1975) ha sido presentada en alguna ocasión como prueba del imaginario plan maligno. Surgido muy probablemente del cuarto de un adolescente de calenturienta imaginación y mucho tiempo libre, lo de Monsanto alcanzó su mayor propagación durante el referéndum californiano de 2010 y en algo contribuiría al fracaso de la Proposición 19. Por supuesto que se trataba de una historia sin pies ni cabeza, pero  uno se la encontraba por doquier en aquellas fechas y mucho menos ahora, que ya cumplió con su objetivo. Dejaré para mi siguiente columna el despiece de la conspiración cañamera inventada por Jack Herer, que merece mucho más espacio y atención. Hasta entonces, pórtense bien y comprueben la veracidad de la información antes de darle bola.


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