Artículos Extraído del número #211 de la revista Cáñamo

General 30-06-2015

Editorial #211

Por Cáñamo

Redacción

José T Gallego

El pasado 29 de abril, la Organización de los Estados Americanos (OEA), a través de la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD), presentó el Informe sobre uso de drogas en las Américas 2015, un trabajo que pretende ofrecer una visión detallada del consumo de psicoactivos en la región. El informe completo puede consultarse en la red.

Señalaremos tan solo algunos de los aspectos que podrían considerarse “llamativos” en el momento de valorar los éxitos y fracasos de la vigente política de drogas. ¿O es mejor decir “vigentes políticas de drogas”?

El informe señala, por ejemplo, el elevado nivel de consumo de drogas entre adolescentes, asociado a una baja percepción de los riesgos que ello implica. En 14 de los 29 países en los que se desarrolló el estudio, el 30% de los adolescentes (13-17 años) declararon haber consumido alguna bebida alcohólica durante el mes anterior. Para Paul Simons, secretario de la CICAD, el consumo de alcohol entre los jóvenes del continente es muy grave: “Las tasas de
consumo son muy altas y más de la mitad de los que lo consumen lo hacen de forma problemática y, por ello, presentan más probabilidades de desarrollar dependencia. Los precios del alcohol han bajado en relación con los ingresos, la disponibilidad es muy alta, hay mucho marketing y asociación con el fútbol”. 

Por otra parte, algunos países de América Latina y el Caribe han reportado consumos y demandas de tratamientos de heroína. Otros opioides como metadona, buprenorfina, oxicodona, tramadol y otros de efectos similares a la morfina generan en Estados Unidos una importante demanda de tratamientos. Simons señala: “En Norteamérica hay muchos problemas de drogas farmacéuticas, un abuso brutal que tiene un impacto más terrible que la cocaína y la heroína”. 

Otra cuestión emergente en la región es la aparición de nuevas sustancias psicoactivas (NSP), que frecuentemente tienen propiedades químicas y/o farmacológicas similares a las sustancias controladas. Al parecer, su variedad nunca había sido tan elevada y su detección está vinculada al llamado “sistema de alarma temprana”. Tradicionalmente, Canadá y Estados Unidos reportaban la mayor cantidad de NSP, pero desde el 2008 empezaron a hacerlo varios

países latinoamericanos. La información sobre el consumo de esas sustancias es limitada, pero recoge datos sobre uso de cannabinoides sintéticos, Salvia divinorum, sales de baño, benzilpiperazina, ketamina y fenetilamina. La aparición de las NSP ha alterado los patrones tradicionales de elaboración de drogas, de modo que actualmente cualquier país puede convertirse en productor. 

Además, el informe investiga el consumo de sustancias inhalables, que incluyen una amplia gama de productos químicos, generalmente legales y con diferentes efectos psicoactivos y farmacológicos. La prevalencia de su uso es precoz y se da en un rango de entre el 0,5 y el 11%. En cuanto a la prevalencia por sexo, se observa sobre todo en el Caribe que el uso entre estudiantes mujeres está más extendido que entre los hombres

Al hacer balance de los resultados de la vigente política de drogas, Paul Simons prefiere no hablar del fracaso de un modelo y centrarse en los cambios de enfoque: “No había un solo modelo que fracasó (sino varios que coexistían). Lo que hay ahora es una tendencia a enfocarse más en derechos humanos, minimizar los consumos y buscar y proveer otras oportunidades para desviar a las personas de un mundo de drogas hacia otras alternativas”. 


*Extraído del número #211 de la revista Cáñamo


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