Artículos Extraído del número #206 de la revista Cáñamo

Legal 19-04-2015

¿Libertad o prohibición en España?

Por Cáñamo

Texto: Jordi Cebrián (Señales de Humo)


Era previsible. El equilibrio inestable de la tolerancia cannábica en España debía romperse en algún momento, y ha sido la aprobación de la regulación en Navarra de los clubs cannábicos el elemento que ha provocado el inicio abierto de las hostilidades. Podéis informaros de los detalles en el artículo correspondiente de este mismo mes, pero, en esencia, el Ministerio Fiscal ha declarado la guerra contra los clubs cannábicos y, muy especialmente, contra los intentos de regular su funcionamiento, especialmente la regulación recién aprobada en el Parlamento navarro. 

Llevo años comentando que la peculiaridad de la liberalización española en materia de drogas, y especialmente respecto al cannabis, consiste en que los grandes cambios de facto en la realidad social no se corresponden con ningún cambio legal que los haya hecho posible, sino tan solo con el constante avance de las posiciones liberalizadoras debido a las campañas de desobediencia civil que supusieron en su momento las plantaciones reivindicativas y la creación y proliferación posterior de clubs de consumidores de cannabis, creando así una alternativa liberalizadora que es estudiada mundialmente. 

"El gobierno del PP, presumiblemente, será sustituido, y cada vez son más los partidos políticos que reconocen la necesidad de una regulación del cannabis"

La tibieza de los elementos prohibicionistas en defender el statu quo, y la valentía de quienes han ido forzando los límites de la tolerancia, han contribuido a esta situación. Así, llegó un momento en que costaba oír voces desde la política que se atrevieran a defender, de un modo abierto, el prohibicionismo clásico. Al

tiempo, la sociedad iba perdiendo el miedo a las drogas, dejaba de percibirlas como el problema que eran consideradas dos décadas atrás, y asumía lentamente que la tolerancia de la que ahora disfrutan los consumidores es una realidad “por descontado”, sin ser consciente de la fragilidad legal e ideológica en la que se sustenta. Ahora se acabará, al parecer, el tiempo de las ambigüedades. El año 2015 puede iniciar cambios en muchos aspectos de la sociedad española. El gobierno del PP, presumiblemente, será sustituido, y cada vez son más los partidos políticos que reconocen la necesidad de una regulación del cannabis. Ya no se puede mantener mucho más tiempo esta ficción en la que la realidad se superpone a las leyes bajo la cobardía holgazana de los legisladores. 

Y ahora será el momento también de afilar los argumentos morales, de recordar a los políticos que no pueden limitarse a ser instrumentos demoscópicos, adaptando sus creencias y valores en función de las encuestas. Es el momento en que no deberíamos permitir más traiciones de quienes públicamente hacen un discurso favorable a la regulación del cannabis, pero luego posponen indefinidamente cualquier acción con la excusa de que nada puede hacerse sin consenso internacional. Y ahora ya no hace falta especular. La legalización del cannabis tiene ya más ejemplos que el holandés. Estados Unidos y Uruguay forman parte ya del argumentario antiprohibicionista, pero también nuestra propia realidad, la de la implantación tranquila de los clubs cannábicos, ha de servir para mostrar, más allá de cualquier especulación teórica, las ventajas de la normalización regulada frente a la hipocresía ineficaz del prohibicionismo. 


*Extraído del número 206 de la revista Cáñamo


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