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Opinión 23-04-2015

“Según fuentes generalmente mal informadas…”

Por Cáñamo

Texto: Alejo Alberdi; Ilustración: ATA

La mayoría de los estudios sobre drogas y medios de comunicación hacen hincapié en que un elevadísimo porcentaje de la información sobre drogas tiene como origen las notas de prensa enviadas por la policía. Esto es especialmente flagrante en los informativos de TV que, con puntualidad británica, nos ofrecen una ración diaria de hazañas policiales, muchas de ellas relacionadas con incautaciones de cantidades variables de estupefacientes y siempre ilustradas con imágenes que llevan incorporada la correspondiente mosca, sea de la Policía Nacional, sea de la Guardia Civil, sea de alguna policía autonómica. 

Es éste un contubernio que favorece a ambas partes: las cadenas de TV llenan minutos de emisión con un coste igual a cero, en no pocas ocasiones

"¿Cuanto pesa una dosis? "Dosis" no es una medida"
con imágenes espectaculares, y las fuerzas del orden dan rienda suelta al autobombo más descarado en horas de máxima audiencia. Así pues, ganan los unos y ganan los otros, pero perdemos todos los demás, inermes destinatarios de una información sesgada (que bien podríamos llamar “propaganda”), pues se difunde tal cual y sin pasar por ningún tipo de filtro. 

Aunque últimamente se ve menos, los gabinetes de prensa policiales llevan muchos años utilizando la “dosis” como medida particularmente imprecisa de sus decomisos, más aún si, como suele ocurrir con frecuencia, la cifra no va acompañada del peso en gramos, kilos, toneladas, etc. de las diversas sustancias. Hasta el más zoquete es capaz de entender que un consumidor veterano de cocaína sacará menos dosis de una papela que uno que acabe de iniciarse. Y lo mismo se puede decir de las dosis de cualquier droga, que pueden variar en un mismo sujeto según busque un efecto u otro, tenga más o menos tolerancia y otros factores. 

Y qué decir de los cultivos de marihuana que, dejando a un lado los fabulosos rendimientos que ofrecen tras su paso por notas policiales, un aciago día empezaron a ser denominados  “laboratorios” por algún avispado madero, y su ejemplo ha cundido hasta tal punto que la búsqueda de la expresión en Google arroja 183.000 resultados. No está nada mal para una planta que no necesita de más procesamiento que el manicurado, el secado y el curado de sus flores para ser consumida. Y es que “laboratorio” impresiona mucho más que “cultivo” o “plantación”, así que tenemos laboratorios de marihuana para rato, al menos mientras los periodistas sigan comiéndole el rabo a la pasma. No les quepa duda de que si el vino estuviera prohibido, las bodegas recibirían también este nombre absurdo. 

¿Dónde entra en luz, tierra y agua, un "laboratorio" de marihuana?

Y si de absurdos hablamos, ninguno como la colección de dislates vertidos en una fantasiosa nota policial difundida a raíz de la detención en

Murcia de unos ancianitos extranjeros por el supuesto tráfico de 5,2 kg. de mescalina a finales de noviembre pasado. Así como los alijos decomisados van siempre acompañados de la expresión “droga de gran pureza”, los alucinógenos serían -en la Neolengua del Minimor antidroga- indefectiblemente “potentes”… excepto la mescalina, el menos potente de todos. Por supuesto que la muletilla no podía faltar en esta ocasión, especialmente agravada por el cálculo de las dosis llevado a cabo por la policía y por su delirante valoración económica. Y es que es intolerable llamar “mescalina” a un líquido y a un polvo verduzco, ambos extraídos con toda seguridad de algún cactus como el San Pedro y sin el refinado que lleva a la forma cristalizada de esta molécula, se trate de sulfato o de clorhidrato. 

Un toxicólogo competente debería poner orden en el sindiós creado por los policías, capaces de sacar 300.000 dosis de donde apenas saldrían entre 20.000 y 30.000, todavía insuficientes como para provocar un viaje psicodélico en toda regla. Y un economista especializado debería rebajar las prodigiosas cifras de beneficios manejadas por los agentes de la ley (valor del alijo, entre 18 y 30 millones; precio de cada dosis, entre 60 y 100€),  cifras aún más risibles si tenemos en cuenta que no existe un mercado para la mescalina en ninguna parte del mundo, lo que no impidió a los redactores de la nota afirmar que este psicoactivo es “más rentable que la cocaína y la heroína” (¿a qué esperan, mafias? aquí hay negocio). 

Quedan muy lejos los tiempos en que esta información estaba al alcance de unos pocos, así que hará bien el tándem formado por policías y periodistas, tan bien avenidos en lo que a drogas se refiere, en respetar a los destinatarios de sus mensajes, porque el actual camino sólo conduce a un destino: el más espantoso de los ridículos.


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1 comentario

Alejo Alberdi
Alejo Alberdi
El 22.04.2015 a las 11:12
Gracias por poner el artículo íntegro, Webmaster