Entrevistas Extraído del número #216 de la revista Cáñamo España

Arte y Cultura 19-02-2016

Susan Sontag: mente crítica y speed

Por Cáñamo

Texto y fotos: Titi Trigo

Una mujer que piense, que su pensamiento sea crítico, que lo publique y que lo haga muy bien es para el sistema una piedra en el zapato. Que además sea bisexual a algunos les pone algún pelo de punta. Pero que encima esta mujer de mente aguda y lengua afilada haya redactado alguno de sus famosos trabajos bajo el efecto del speed es algo socialmente muy indigesto.

Biografía

Susan Sontag (Nueva York, 16 de enero de 1933 - 28 de diciembre de 2004) fue profesora, directora de cine, guionista, escritora, novelista y ensayista estadounidense. Aunque se dedicó principalmente a su carrera literaria y ensayística, también ejerció la docencia y dirigió películas y obras teatrales. Su prolífico legado literario incluye diecisiete libros traducidos a treinta y dos idiomas, cuatro novelas románticas, cuatro películas, obras de teatro, ocho ensayos…

Nacida en el seno de una familia judía norteamericana de origen polaco, su madre era profesora y su padre comerciante de pieles en China, país en el que murió de tuberculosis cuando Susan tenía cinco años. Siete años después, su madre contrajo matrimonio con Nathan Sontag, y Susan y su hermana Judith adoptaron su apellido. Se dice que a los tres años ya sabía leer, que a los seis años ya había leído una biografía de Marie Curie y descubierto la importancia de la justicia social en Los miserables, de Víctor Hugo. A los quince acabó el bachillerato y a los diecisiete se casó con uno de sus profesores, Philip Rieff. Se graduó a los dieciocho en la Universidad de Chicago y estudió filosofía en Harvard. Entretanto, dio a luz a un niño, David.

Se divorció ocho años después del matrimonio y entonces se dedicó totalmente a su producción, siendo la estética una de sus grandes pasiones y denominador común de toda su obra, de la más romántica a la más política. Tan importante era que rechazaba frontal y reiteradamente la separación del contenido y de la forma, declarándose enemiga acérrima de las interpretaciones del arte, ya que, según la autora: “Toda interpretación mata el poder encantador y mágico del arte”.


La fotografía fue una de sus grandes pasiones.

Fotografía y conflicto

La fotografía era dentro de la estética casi una obsesión desde que descubrió a los doce años todo el horror del que el ser humano es capaz hojeando en una librería de Nueva York un libro sobre los campos de concentración. Allí encontró una foto que mostraba centenares de gafas de personas deportadas amontonadas en una pirámide. Imaginó detrás de cada par de gafas a un hombre, una mujer, un niño… Lo que era abstracto se volvió irremediablemente real.

Esta fascinación por la fotografía y el análisis profundo que hace del rol de este medio quedan reflejados en uno de sus ensayos más famosos, On Photography (1977). En esta obra, Sontag incita al espectador a no aceptar las fotos como pruebas, sino como el resultado del conflicto de dos imperativos: embellecer, imperativo heredado de las bellas artes, y decir la verdad. Comentando fotos como las tomadas durante la exposición del cuerpo de Che Guevara en Bolivia o las de las torturas de prisioneros iraquíes por soldados estadounidenses en la cárcel de Abou Ghraib, la pensadora estadounidense afirmaba que son las fotos las que determinan “cómo son juzgados y recordados los conflictos importantes”.

Esta misma pasión por la fotografía sería lo que seguramente la llevó a conocer a Annie Leibovitz, célebre fotógrafa de famosos, con quien compartió su vida hasta su muerte. En 1999, publicaron juntas Women, un álbum de un centenar de retratos de mujeres célebres con su biografía. El libro empieza por el retrato de la madre de Leibovitz y termina por el de Sontag, de quien la fotógrafa ha hecho varios retratos inolvidables.

Toda su vida, Sontag buscará conseguir el perfecto equilibrio entre la ética y la estética, definiéndose a sí misma como “una estetista incurable, una moralista obsesionada y una fanática de la seriedad”.


Susan Sontag fue una de las pensadoras más influyentes del movimiento antiglobalización.

Crítica antisistema

La denominada por la prensa “líder del movimiento antiglobalización” fue, además, una crítica social, con sus defensores y detractores. Sus opiniones siempre levantaron ampollas, incluso entre los colectivos con los que se suponía que tenía una afinidad ideológica. Pero eso no parece que le importara mucho y defendía con gran locuacidad y despliegue de conocimientos todos sus argumentos. Y fueron muchas las ocasiones en las que lo hizo, porque jamás cesó de posicionarse públicamente en todos los grandes debates culturales y políticos de la época: contra la pena de muerte, la guerra de Vietnam, la invasión de Irak por las fuerzas anglo-estadounidenses, la política de Israel frente al pueblo palestino… En 1967 declaraba, en Partisan Review, provocando un gran revuelo: “La raza blanca es el cáncer de la historia de la humanidad”. Sobre los atentados del 11 de setiembre fue una de las primeras estadounidenses en preguntarse abiertamente si no tendrían que ver con la política exterior de su país, cuya “supremacía autoproclamada” abucheaba públicamente, etc. Su texto, denunciando las torturas en la prisión iraquí de Abou Ghraib, publicado en mayo del 2004, constituyó su último gran posicionamiento público: The photographs are us. Los fotógrafos somos nosotros, nuestra guerra, nuestra ocupación, nuestra política, escribió, comparando las fotos de los torturadores sonrientes con las de los linchamientos en el sur de Estados Unidos entre 1880 y 1930, y explicando cómo la violencia, tanto en la tortura como en la pornografía, forman parte de la actual cultura de entretenimiento estadounidense.


La extensa bibliografía de Susan Sontag incluye ensayos, romances y obras de teatro.

Entrevista en ‘High Times’

Mucho se ha hablado y escrito de esta provocadora intelectual en vida y después de su muerte. Durante los movimientos antiglobalización de principios de este siglo fue un icono mediático muy importante y una voz influyente. Pero, en cambio, poca difusión se ha dado sobre su relación con el speed para trabajar en sus libros. Aquí transcribimos la entrevista que le realizó Víctor Bockris para la revista High Times en marzo de 1978.

High Times: ¿Fumas hierba cuando escribes?
Sontag: Lo he intentado alguna que otra vez, pero me relaja demasiado. Lo que utilizo cuando escribo es el speed, que es totalmente opuesto a la hierba. Tomo un poco de speed cuando me bloqueo, para ponerme en marcha de nuevo.

¿Qué es lo que hace?
Hace que no tengas ganas de comer ni de dormir, ni siquiera de hacer pis o de hablar con nadie. Me puedo tirar veinte horas sentada en una habitación sin sentirme en ningún momento sola ni cansada ni aburrida. Aumenta de forma increíble mi capacidad de concentración. También hace que me vuelva muy locuaz. Por eso, si escribo algo voy de speed; intento limitarlo.
En primer lugar, tomo muy poco cada vez y, además, lo que intento es restringirlo en lo referente al tiempo que voy a trabajar en algo bajo ese tipo de droga. De esa forma, mi mente está despejada la mayor parte del tiempo y puedo corregir lo que tal vez haya sido escrito con demasiada facilidad. Hace que seas poco crítica y que, a lo mejor, estés demasiado satisfecha con lo que estás haciendo. Pero, por otro lado, es muy útil para cuando llega el bloqueo.
Creo que son más los escritores que han trabajado con el speed que los que lo
Esta lúcida mujer escribió algunos de sus grandes textos bajo el efecto del speed.

han hecho con la hierba. Sartre, por ejemplo, siempre que escribía tomaba speed, y la verdad que se nota. El tipo de libros en los que la historia no se acaba nunca de extensos que son se han escrito bajo el efecto del speed; un libro como Saint Genet, por ejemplo. En una ocasión, Gallimard le encargó que escribiera un prefacio para las obras completas de Genet. Iban a sacarlo en una seria de volúmenes uniformes y le pidieron que escribiera un prefacio de 50 páginas. Lo que hizo fue escribir un libro de 800 páginas. Eso solo puede ser cosa del speed. Malraux también solía utilizar speed cuando escribía. Pero tienes que tener cuidado. Una de las cosas que más me llama la atención del siglo XIX es que parece que los escritores de esa época fueran capaces de sintetizar el speed en sus propios organismos. Balzac, por ejemplo... O incluso Dickens.

Algo tendrían, quizás fuera el alcohol.
Pues quizás. Como bien sabes, mucha gente tomaba opio en el siglo XIX, era muy fácil de obtener, porque solía venderse en las farmacias como analgésico.

¿Sería el opio algo con lo que se pudiera escribir?
La verdad es que no lo sé, pero lo que sí es cierto es que muchos de los autores del siglo XIX eran adictos a algún tipo de opiáceo.

¿Piensa que la relación entre los escritores y las drogas es un concepto interesante?
No, no lo creo. Pienso que si no hay nada dentro, no puede salir nada, por muchas sustancias que ingieras.

Entonces, ¿a qué viene toda esta historia de los escritores y los estimulantes?
Puede ser que se deba al hecho de que no es natural que la gente se aísle. De hecho, creo que, de entrada, hay algo que es un poco artificial en el hecho de escribir encerrado en una habitación sin más compañía que la de uno mismo. Y que es bastante natural que los escritores e incluso los pintores tengan la necesidad de algo que les ayude a pasar todas esas horas y horas y horas que pasan con ellos mismo, escarbando en sus propias entrañas. Creo que el hecho de que hayan sido tantos los autores que se han involucrado con las drogas puede ser debido a una especie de defensa frente a la ansiedad. Es cierto que ellos, y generaciones de escritores, han sido alcohólicos.

Sobre la marihuana
En la versión digital de High Times se puede leer una declaración de 1978 en la que afirma: “Creo que la marihuana es mucho mejor que el alcohol. Creo que una sociedad que es adicta al alcohol, que es ciertamente una droga y muy destructiva, no tiene el derecho a quejarse o ser moralista o censurar el uso de una droga que es mucho menos dañina”.


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