Especiales La transformación de la comprensión del mundo de las drogas

Cannabis y educación

Coordinador de esta obra: Oscar Parés

Cannabis y educación

La transformación de la comprensión del mundo de las drogas

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Legal 22-01-2015

Cannabis y educación

Por Cáñamo

Coordinador de esta obra: Oscar Parés

especial educación

¿Qué significa educar? ¿En qué medida se nos enseña a obedecer, a pensar, a hablar, a exponer o a discurrir? A menudo, nos damos cuenta de que las llamadas “ciencias de la educación”, lejos de ser disciplinas que nos hacen libres, son técnicas que aseguran la domesticación de los humanos, es decir, la sumisión.

Se nos educa en la escuela y en la universidad pero también en el trabajo, en la tele, en la consulta, en el tribunal, en el penal, etc. Ante el impacto que nos generan los mensajes educativos (con finalidad reinsertiva), más que entrever la bondad de conciliar conflictos o de reducir las desigualdades o injusticias, muchas veces vislumbramos el fin de legitimar un orden socioeconómico que, por mucho que se proclame igualitario, se erige sobre todo tipo de desigualdades.

Lo que parece claro es que la prohibición no ha detenido el mercadeo de las drogas ni el consumo de las mismas.
Está de moda la educación en valores, pero se nos ha olvidado hablar de la vida, de aquello que nos rodea, arrastra y traspasa. Se nos inculcan el civismo, la tolerancia y la habilidad para pensar lo que decimos versus la libertad de decir lo que pensamos. Muchos nos hemos convertido en máquinas de justificar y perpetuar las asimetrías. Quien crea que está libre de prejuicios puede resultar pedante o, directamente, dañino. Es por ello que estar abiertos a reconsiderar lo asentado o a rectificar lo promulgado, más que hacernos quedar como tontos, nos hace devenir más lúcidos o flexibles. Hay una relación directamente proporcional entre el envejecer y el volvernos más rígidos.

Uno de los ejemplos más remarcables de la complicidad de “las ciencias de la educación” con la legitimación de las consecuencias más indeseables de la estructura social lo tenemos en el uso que se da a la educación hegemónica sobre las drogas.

La prohibición de determinado tipo de sustancias y principios activos ha tenido una gran multiplicidad de efectos imposibles de abarcar en un escrito como éste. Lo que parece claro es que la prohibición no ha detenido el mercadeo de las drogas ni el consumo de las mismas. De hecho, como es bien sabido, estos dos fenómenos ya estaban presentes antes de la prohibición. Lo que en gran medida ha impedido o dificultado la prohibición es la generación de conocimiento. Para ser más precisos: ha sesgado el conocimiento o ha dificultado el conocimiento sin sesgo.

Podríamos aventurarnos a decir que a partir de la Convención Única de Naciones Unidas de 1961 lo que se ha prohibido es hablar claro y en consecuencia educar en base a un criterio trasparente. Difícil encontrar una plasmación más descarada de hasta qué punto la educación sobre las drogas es en realidad una educación de y para la hipocresía social.

En este sentido, el espíritu que hemos querido invocar, al convocar a las personas que han colaborado en este especial “Cannabis y educación”, es el de la transformación de la comprensión del mundo de las drogas, es el de una educación que nos enseñe a mirar más que a obedecer. Mirar para darnos cuenta de las distancias, que es aquello que nos separa y nos une al mundo, a los demás y a nosotros mismos. Porque lo que importa no está en nosotros, sino entre nosotros. Porque, ¿para qué están las distancias sino para recorrerlas?

Mi más sincero agradecimiento a la revista Cáñamo por brindarme la oportunidad de recorrer este viaje y mi profunda gratitud a todos los compañeros de travesía.


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