Especiales Primera entrega del Especial "Cannabis y medicina"

Cannabis y medicina

Redacción

Cannabis y medicina

Extraído del Dosier Cannabis y Medicina

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Medicina-Ciencia 25-05-2015

Automedicación con cannabis

Por Cáñamo

Texto: José Carlos Bouso


El cannabis tiene una tradición milenaria como medicina y fue un medicamento de uso habitual tanto en España como en buena parte del mundo occidental hasta principios del siglo pasado. Diferentes razones de índole tanto farmacéutica como sociopolítica hicieron que su uso como medicamento fuera desplazado de la farmacopea. Sin embargo, el descubrimiento del sistema cannabinoide endógeno, al permitir comprender mejor cómo actúa el cannabis en el organismo, ha incrementado exponencialmente durante las dos últimas décadas el volumen de investigación biomédica dedicada a comprender cómo el cannabis puede ser de utilidad en el tratamiento de diversas enfermedades. De hecho, casi cada día se avanza tanto en el conocimiento del funcionamiento del sistema cannabinoide endógeno, como en las propiedades terapéuticas de los distintos cannabinoides que componen la planta, así como de cannabinoides sintetizados en laboratorio. 

La planta del cannabis es una auténtica factoría de productos químicos. Produce unos 700 compuestos, de los cuales unos 60 son exclusivos de ella, a los que se llama fitocannabinoides. Resulta curioso que solo se hayan encontrado fitocannabinoides en la el cannabis, mientras que todos los animales conocidos a lo largo de toda la escala evolutiva contienen en su organismo endocannabinoides, esto es, cannabinoides endógenos. Así pues, podemos encontrar cannabinoides en tres fuentes diferentes: en la planta del cannabis (fitocannabinoides), en los organismos de los animales (endocannabinoides) y también se pueden sintetizar en un laboratorio químico (cannabinoides sintéticos). El hecho de que todos los organismos, sean terrestres o acuáticos, contengan cannabinoides no puede deberse a que hayan adaptado su sistema fisiológico tras entrar en contacto con la planta del cannabis, ya que, por ejemplo, los moluscos, que viven en el mar, es altamente improbable que alguna vez hayan tenido contacto con ella. Así pues, los endocannabinoides deben ejercer alguna función en el organismo para que la naturaleza los haya conservado a lo largo de todo el proceso evolutivo. Es posible que los primeros endocannabinoides procedan de un ancestro unicelular común a animales y plantas antes de que ambos se separaran en la rama filogenética para luego, dentro del reino animal, el mecanismo de comunicación del sistema endocannabinoide evolucionara por separado. 

En el caso de los humanos, los principales endocannabinoides, o al menos los más estudiados hasta el momento, son los conocidos como anandamida (araquidonoiletanolamida) y 2-AG (2-araquidonilglicerol), que interaccionan con los receptores cannabinoides CB1 y CB2. Nuestro comportamiento, pensamientos y sentimientos tienen su origen en el sistema nervioso, una red de células llamadas neuronas. Estas neuronas se pueden encontrar dentro y fuera del cerebro, y de ellas se sirve nuestro organismo para funcionar utilizando un sistema de comunicación sofisticado basado principalmente en la unión de un neurotransmisor a un receptor. No se asuste al leer estas palabras. Son solo eso, palabras. Antes de pasar la hoja porque parezca que no entiende nada, imagine a dos personas entablando una conversación. Una persona habla y la otra escucha. Hay un emisor y un receptor, y lo que se intercambian son palabras. En las palabras está codificada la información que una persona le quiere transmitir a la otra. Hasta aquí todo bien, ¿verdad? Pues en nuestro organismo ocurre algo parecido: los endocannabinoides contendrían codificada en su configuración química la información que una neurona quiere transmitir a otra y son lanzados desde una neurona emisora hacia otra receptora, donde se acopla a unas proteínas llamadas receptores. En el caso del cannabis, como se ha dicho, se llaman receptores CB1 y CB2. ¿Por qué es importante saber esto? Bien, para usted no lo es, disculpe si le estoy aburriendo, pero para entender cómo el cannabis es beneficioso para el tratamiento de algunas enfermedades sí lo es. En cualquier caso, es cultura general que a nadie le va mal tener. 

Pues bien, tanto si usted consume cannabis porque tiene una enfermedad o simplemente porque le gusta disfrutar de sus efectos, eso es gracias a que los fitocannabinoides contenidos en la planta del cannabis se acoplan a los mismos receptores a los que se acoplan los endocannabinoides, ejerciendo las mismas
funciones que ejercen éstos de manera natural, pero con una respuesta exacerbada, ya que las dosis de cannabinoides contenidas ingiriendo la planta son exageradamente mayores a las cantidades habituales de cannabinoides que circulan por el interior del organismo. Por ello, cada vez se tiende más a pensar que hay enfermedades propias o en las que participa el sistema endocannabinoide y que cuando este sistema, por las razones que sean, está funcionando mal, es cuando se pueden utilizar los cannabinoides exógenos (fitocannabinoides y cannabinoides sintéticos) para tratar de corregir el funcionamiento del sistema endocannabinoide y, por tanto, tratar los síntomas relacionados con tal alteración.

Los fitocannabinoides más conocidos y sobre los que más se han explorado sus propiedades medicinales son el THC (tetrahidrocannabinol) y el CBD (cannabinol). El THC se viene utilizando desde los años ochenta para el tratamiento de las náuseas y los vómitos en pacientes sometidos a quimioterapia (conocido en sus nombres farmacéuticos como dronabinol y nabilona, según el tipo de preparado), y en los últimos años la compañía farmacéutica GW Pharmaceuticals ha desarrollado un spray de uso sublingual que contiene THC y CBD llamado Sativex. Hasta el momento, estos son los tres únicos medicamentos basados en cannabinoides comercializados y autorizados en algunos países. Por último, existe marihuana medicinal, cultivada en condiciones controladas, que se vende en las farmacias de algunos países de la Unión Europea pero no en España, que contiene también diferentes concentraciones de THC y CBD. En estudios que se han hecho con las tres variedades de marihuana medicinal comercializadas, se ha visto que, en cuanto a efectos psicológicos, las variedades con más THC estimulan más el apetito y las variedades con más CBD son más relajantes (las de más THC producen más ansiedad y sensación de abatimiento). En otros aspectos, como sociabilidad, estimulación creativa, irritabilidad, fatiga, desorientación, confianza, tranquilidad y sensaciones de mareo y de estar alerta, no hay diferencias entre las diferentes variedades. 

La realidad es que ni en España ni en otros muchos países hay acceso a marihuana medicinal, por lo que las personas con algún tipo de patología que pueden beneficiarse del cannabis sencillamente se automedican. La nabilona y le dronabinol no se utilizan en España, y el Sativex en España de momento solo está autorizado para el tratamiento de la esclerosis múltiple. Y la marihuana medicinal que se cultiva bajo el control del gobierno holandés se exporta también a países como Alemania o Italia, pero por el momento, como ya se ha mencionado, no se comercializa en España.

Pero aunque los fitocannabinoides son compuestos exclusivos de la planta del cannabis, no son los únicos compuestos que contienen propiedades medicinales. Otros compuestos como terpenos o flavonoides “cooperan” con los diferentes cannabinoides no solo para dar aroma, sabor y olor a la planta, sino también para potenciar el efecto terapéutico de los cannabinoides que la contienen. De hecho, sobre los receptores CB1 y CB2 se acoplan  

otros compuestos presentes también en la planta (y también en otras plantas). A la vez, hay otros cannabinoides en la planta, aparte del THC y del CBD, que utilizan otrosmecanismos fisiológicos diferentes al acople con los receptores cannabinoides y que también tienen propiedades medicinales. En definitiva, cada vez está más claro que, a diferencia de lo que ocurre con la mayoría de los fármacos utilizados en medicina, donde el principio activo aislado es más eficaz e induce menos efectos secundarios que el mismo compuesto presente por ejemplo en una planta, para el caso del cannabis es todo lo contrario: la presencia de diferentes cannabinoides, flavonoides y terpenos en la planta hace que el efecto terapéutico se potencie, a la vez que es mejor tolerado psicológicamente por los pacientes que los compuestos aislados por separado. Al menos esto es el caso para las enfermedades para las que es eficaz el THC

La eficacia de los cannabinoides en el tratamiento paliativo de los síntomas de muchas enfermedades ya está fuera de toda duda. Se han mostrado eficaces para el tratamiento del dolor, sobre todo de origen neuropático (del sistema nervioso), para la espasticidad de la esclerosis múltiple, para prevenir los síntomas asociados a la quimioterapia, para aumentar el apetito en pacientes con sida, en alteraciones del movimiento como el Párkinson, corea de Huntington y epilepsia. E incluso se están descubriendo propiedades antitumorales que hasta el momento solo se han demostrado en modelos animales y en células de cultivo de laboratorio. A día de hoy, hay más de 100 estudios clínicos con más de 9.000 pacientes en los que se ha investigado el potencial terapéutico de los cannabinoides en diferentes enfermedades, incluyendo las arriba mencionadas. 

Curiosamente, cuando se han hecho estudios de encuestas, la vía preferida de uso del cannabis es la fumada, por encima incluso de la vaporizada, que carece de riesgos pulmonares, y esto es independientemente del tipo de enfermedad. Lo habitual es consumir entre 1 y 3 gramos diarios, aunque esto depende del país en el que se ha hecho la encuesta. Por ejemplo, en Holanda, donde hay disponibilidad de marihuana medicinal en las farmacias, la media es de menos de un gramo diario. 

La marihuana no solo la utilizan los pacientes para tratar los síntomas de sus enfermedades, sino también para los efectos secundarios de otras medicaciones que también pueden estar tomando. En las encuestas es habitual ver también cómo muchos pacientes utilizan la marihuana con fines de automedicación precisamente como medicina sustitutiva a los fármacos de prescripción médica habituales. 

Aunque últimamente se está popularizando mucho el CBD (y hay toda una industria creciente en torno a ello), como si fuera el cannabinoide “medicinal”, lo cierto es que el CBD solo se está demostrando hasta el momento útil como anticonvulsivo, ansiolítico y posiblemente como antipsicótico, miorrelajante y analgésico, pero se conocen aún mucho menos sus propiedades médicas con relación al THC, que sigue siendo el principal agente terapéutico del cannabis. Lo que sí está demostrado que hace el CBD es contrarrestar los efectos psicológicos del THC, sin contrarrestar sus efectos terapéuticos; luego variedades ricas en CBD pueden ser de utilidad para personas que no toleran bien los efectos psicológicos de la marihuana (de los cuales el THC es el principal responsable). 

Un hecho interesante que los pacientes pueden tener en cuenta es que, mientras que el cannabis induce tolerancia a los efecto psicológicos (con el tiempo hay que aumentar la dosis para conseguir el mismo efecto), esto no ocurre para los efectos medicinales. La marihuana no induce tolerancia a los efectos medicinales, luego el no notar los efectos psicoactivos no quiere decir que los efectos terapéuticos no estén ocurriendo. 

Recientemente se están popularizando diferentes formas de utilizar el cannabis: las principales son el zumo fresco de cannabis, con la planta recién cortada, para ingerir los cannabinoides en lo que se conoce como su forma ácida, esto es, en la forma natural en la que se dan en la planta y que no son psicoactivos; y el llamado aceite de cannabis, que es una extracción concentrada que últimamente se está popularizando
para el tratamiento del cáncer. Por el momento, ninguna de estas formas de consumo ha arrojado evidencias terapéuticas, a pesar de su popularización, lo cual, de ocurrir, abrirá nuevas posibilidades al uso médico del cannabis. 

El principal riesgo que tiene la automedicación con cannabis es la calidad de lo que se ingiere. Lamentablemente, no hay controles de calidad sobre el cannabis que utilizan los pacientes, por lo que marihuanas contaminadas con ciertos hongos pueden inducir enfermedades en personas con el sistema inmunitario comprometido, por ejemplo. 

Es de esperar que el panorama en torno al cannabis medicinal cambie en España y aparezcan empresas que cultiven marihuana de calidad farmacéutica que se pueda vender en las farmacias. Para que esto ocurra, lógicamente, debe haber una apertura por parte de la Administración. 


*Extraído del Dosier Cannabis y Medicina 


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