Especiales Quinta entrega del Especial "Cannabis y medicina"

Cannabis y medicina

Redacción

Cannabis y medicina

Extraído del Dosier Cannabis y Medicina

+ -
Medicina-Ciencia 22-06-2015

Métodos de consumo

Por Cáñamo

Texto y fotos: Redacción

Para según qué enfermedades no es recomendable la incorporación por vía pulmonar de los cannabinoles. La solubilidad de éstos en grasas y alcoholes permite su fácil extracción y concentración.

La parte utilizada de la planta son las flores (cogollos): si hay un poco de hoja no importa, aunque principalmente los principios activos están concentrados en la flor. Sería interesante encontrar variedades ricas en CBD (cannabidiol), ya que es el componente con más propiedades antitumorales, analgésicas y antiinflamatorias. El THC es más psicoactivo, propiedad indicada en la falta de apetito y glaucoma. En la mayoría de las dolencias en las que se utiliza el cannabis, es interesante la concentración de CBD.


Tintura de cannabis
Son extractos donde se utiliza el alcohol como disolvente. Normalmente son más potentes que los que se han elaborado con aceite de oliva, ya que el alcohol extrae mejor los principios activos. Se puede usar un alcohol seco de 40% (tequila, orujo, etc.) o un alcohol de vino de 96%, siempre de uso alimentario, sin acetona, un amargante añadido para hacerlo imbebible.

Se toman, por ejemplo, 25 gramos de marihuana y 100 ml de alcohol de 40º. Se conserva alrededor de 10 días en un lugar oscuro y fresco, agitándose de vez en cuando. Después se filtra con un colador. La tintura obtenida se guarda en un sitio oscuro y fresco (por ejemplo, en la nevera), para que sus efectos se mantengan durante semanas o meses.

Otra forma de hacerlo es desmenuzando el cannabis y poniéndolo en un vaso. Se cubre con suficiente alcohol (etílico, de entre 96 y 99º). Se conserva alrededor de una semana en un lugar oscuro y fresco, agitándolo todos los días. Se cuela con un filtro de cafetera o con un paño. Se exprime el material vegetal para extraer hasta la última gota de alcohol. Este proceso se puede repetir varias veces, y por lo menos una o, a ser posible, dos: se pone de nuevo el cannabis en el vaso y se cubre con alcohol. Finalmente, se vierte todo el alcohol (que tendrá entonces un color verde) en un plato hondo. A continuación se coloca en un lugar templado y bien ventilado, para que parte del alcohol se evapore. Esto puede durar unos diez días. Cuando se haya evaporado el alcohol suficiente, se echa el extracto en una botella que tenga un tapón cuentagotas.

Para producir aceite de hachís se debe dejar evaporar todo el alcohol hasta que el extracto se convierta en una pasta oscura, parecida a la brea. Si se va a hacer con frecuencia tiene sentido buscar la manera de recuperar el alcohol que tiene que evaporarse para conseguir el aceite. Existen varios mecanismos, pero un simple destilador de agua puede servirnos para tal fin.


Extracto con base de aceite
Es preferible utilizar aceite de oliva de máxima calidad (un extra virgen, de primera prensada, será estupendo). Primero troceamos la flor, no hace falta que sea polvo, pero sí trocitos pequeños, todo para que se puedan extraer mejor los principios activos. Se llena un bote de cristal con la flor picada casi hasta arriba y se termina de rellenar con aceite de oliva y se cierra.

Dos meses en maceración al sol y serena es suficiente, no debe tocarle el sol directo, pero es bueno que se caliente durante el día y se refresque durante la noche, que tenga cambios de temperatura. De vez en cuando es necesario ir agitando el bote. Pasado el tiempo de maceración, se cuela el aceite y se pone en un bote limpio, esterilizado y manteniéndolo sin el contacto directo con la luz para una mejor conservación.

Una forma más rápida es poner el bote con el aceite y las flores al baño maría durante un par de horas, bien caliente pero que no hierva el aceite. Pasadas las dos horas, dejar dos o tres días en reposo e ir removiendo varias veces durante el día. Pasado este proceso, colarlo y guardarlo. Se conserva mejor mediante la forma lenta, porque no se ha calentado el aceite.

La dosificación del aceite puede hacerse de forma sublingual: no se puede asignar un número de gotas, ya que cada planta tiene diferente calidad y cantidad de principios activos y cada persona, una tolerancia diferente. Lo más usual es de 2 a 15 gotas, tres veces al día. Aunque siempre hay que tener en cuenta que cada uno debe lentamente probar su nivel de tolerancia.


Cremas cannábicas
Por vía externa (tópica), en lugar de aceite de oliva se podría usar aceite de almendras u otro aceite. Para vía externa, el alcohol no haría falta que fuera alimentario. Siempre es mejor hacerlo con aceite de oliva o alcohol alimentario, así siempre se tienen las dos opciones: vía interna o externa.

Vía externa, aparte de usarse para cáncer de piel, quemaduras y cicatrices, es fantástico para el dolor reumático y muscular, ya que es un gran antiinflamatorio y calmante.

Para elaborar la crema basta con 1 litro de agua mineral, ½ de aceite de oliva o almendras, 65 gramos de cera de abejas y unos 40 gramos de flor de cannabis. Se pone al baño maría un bote con el agua, el aceite y el cannabis, y tras 4 horas al baño maría removiendo de vez en cuando y nunca llevado a la ebullición, se retira del baño maría. Después de dejarlo enfriar un poco se filtra retirando el material vegetal, se mete en la nevera y cuando el aceite está solidificado se separa fácilmente del agua.

El aceite verdoso se vuelve a calentar y cuando se licua se le añade la cera, que previamente se ha partido en pequeños trocitos, y el aroma que se le quiera incorporar.


Cuando se ha uniformizado la mezcla se envasa en tarrinas y se deja enfriar. Resulta una textura perfecta para una buena aplicación.


Mantequilla
La mantequilla cannábica es una de las recetas más clásicas de toda la cocina psicoactiva; es la receta básica para aprovechar las hojas que se manicuran de las plantas y un elemento fundamental para la pastelería cannábica. Se trocea la marihuana (100 gramos de hojas) y se echa en un cazo con cinco tazas de agua hirviendo. Hay que añadirle 250 gramos de mantequilla y hervirlo de 20 a 30 minutos.

Pasado este tiempo se cuela el líquido a través de una tela o un tamiz para separar las hojas. Se echan dos tazas más de agua hirviendo sobre las hojas para arrastrar cualquier resto de mantequilla. Hay que dejar que el líquido se enfríe a temperatura ambiente y luego meterlo en la nevera. Varias horas después, la mantequilla se habrá solidificado y flotará sobre el agua. Se saca con una espumadera y se seca con un trapo: está lista para usar. Se puede conservar en la nevera.

La mantequilla psicoactiva puede consumirse cruda o bien cocinar con ella. La cantidad de

mantequilla necesaria para un colocón dependerá de la potencia de la marihuana utilizada y de la tolerancia del usuario. Cuando la mantequilla se usa para cocinar es necesario emplear dosis algo mayores, ya que parte del THC se destruirá por el calor. Cuanto más rápido y a menor temperatura se cocine, menos cannabinoides se perderán.



Contenidos relacionados

Accede o regístrate para comentar.

0 comentarios