Reportajes Extraído del número #213 de la revista Cáñamo

Cultivo 11-11-2015

Crisópidos: vigilantes en vuelo rasante

Por Cáñamo

Texto y fotos: Miguel Gimeno

Seguro que a partir de la lectura de este artículo dejarán de resultar insectos insignificantes, esos pequeños bichos alados verdes que durante el verano los vemos siempre revoloteando por todas partes, sobre todo en busca de luz durante la noche.

Hablamos de los crisópidos, familia Chrysopidae, del griego Chryso (‘oro’) y ops (‘ojo’), en alusión a sus ojos dorados. Es común verlos sobrevolar zonas agrícolas y de gran vegetación en busca de cualquier presa a la que dar caza y alimentarse. Se trata de una familia que ejerce un gran control de patógenos de nuestras plantas; su voracidad es bien conocida por los agricultores ecológicos.

Dada su popularidad en el mundo rural, se le conoce con diversos nombres comunes. Crisopas (el más utilizado), crisopas verdes, crisopas de alas verdes, león de áfidos, ojos dorados o alas de encaje, son algunos de ellos.

Son insectos pequeños de color verde claro que presentan alas transparentes con nerviaciones verdes. En estado larvario son fusiformes de color amarillento a pardo oscuro, con la cabeza dotada de una potente mandíbula a modo de pinza, confeccionada para alcanzar una mayor precisión en su cometido predador.

Puede producir engaño su apariencia delicada, pero dentro de su angelical imagen se esconde un voraz y feroz predador. Sus larvas son las que más control ejercen, sobre todo de pulgones, trips, larvas de lepidópteros, cicadélidos y huevos pequeños. Algunas especies también continúan alimentándose de otros insectos en estado adulto, pero su principal dieta en este estado es a base de melazas y néctares.

Una característica que nos indica cómo pueden llegar a ser de voraces, es en la forma en la que hacen las puestas. Las puestas de las crisopas son muy peculiares, ya que depositan cada huevo al final de un estrecho filamento, llamado pedicelo, que ponen sobre la superficie de las hojas de la planta parasitada por algún insecto que forma parte de su variada dieta.

El hecho de poner los huevos de esta forma es para evitar la depredación entre los propios hermanos, ya que es tal su ferocidad que nada más eclosionar el huevo se comerían a sus semejantes si los tuvieran a tiro. Como se hallan de forma elevada al descender de su huevo por el pedicelo, inician la búsqueda en otras direcciones sin subir a los filamentos que contienen los huevos de sus hermanos de puesta.

Las puestas las realizan sobre un pedicelo para dejarlas elevadas.

Las larvas se desarrollan en tres estados larvarios, siendo el último el más importante en entomología agrícola, ya que es el momento en el que consumen sobre el 80% de la cantidad total de alimento que ingieren durante su vida, en torno a una no despreciable media de 50 pulgones al día.

Entre sus alimentos preferidos se hallan los pulgones, se estima que pueden llegar a comer hasta 50 pulgones/día.

Como vemos, nos hallamos ante un insecto de tremenda efectividad como depredador, dado el alto número de parásitos que puede llegar a exterminar por día. Las larvas, una vez desarrolladas completamente, tejen un capullo sedoso con forma esférica, del que saldrá el adulto una vez finalizada la metamorfosis.

Larva de crisopa pegándose un banquete con un ejemplar de pulgón.

La crisopa verde común (Chrysopa carnea o Chrysoperla carnea) en estado adulto no es un depredador. Ahora, en estado larvario es una de las fuerzas de seguridad indispensables en el control de patógenos de nuestro huerto, ya que se alimenta de más de 70 especies distintas de insectos pertenecientes a cinco órdenes.

Otra especie de esta familia de colaboradores es la crisopa marrón o crisopa parda (Micromus variegatus), que aunque menos extendida que su hermana la crisopa verde también ejerce un buen control en la depredación de parásitos del cannabis.


*Extraído del número #213 de la revista Cáñamo


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