Reportajes Extraído del número #207 de la revista Cáñamo

Opinión 25-04-2015

La no entrevista a Podemos

Por Cáñamo

Texto y fotos: Fidel Moreno


Yo lo que quería era fumarme un porro a medias con Pablo Iglesias y de paso preguntarle qué piensan hacer con las drogas. Tengo la impresión de que Pablo no fuma, pero yo soy un porrero preparado y siempre tengo a mano mi vaporizador: “Toma, Pablo –le diría–, vapor de flores, ideal para el estrés, propiciador de sueños, trampolín para la imaginación, garante de sonrisas y carcajadas”. 

Para que me entiendan, yo soy de los que creen que sí se puede: que se puede arreglar España, que se puede acabar con la corrupción y hasta con la momiarquía y que –¿por qué no?– Pablo Iglesias puede concederle una entrevista a Cáñamo donde hable de la posición de Podemos sobre las drogas.

  • Primer asalto

El primer intento lo hice el año pasado, un mes después de que Podemos se revelase como la gran sorpresa de las elecciones europeas. Llamé a Jesús Gil, su jefe de prensa, y le expuse mis intenciones. Me dijo que aunque él pensaba a título personal que lo lógico era trabajar por la legalización, no había una posición tomada por parte de Podemos, y que ni de coña Pablo Iglesias se iba a posicionar al respecto. En ese momento, la satanización del partido emergente por parte de los viejos partidos y sus medios de comunicación pasaba por colgarle el sambenito de estar subvencionados por Venezuela y de ser pro etarras. “Y ya lo que nos falta –me dijo Jesús– es que Pablo aparezca como defensor de las drogas”. 

  • Fumar marihuana, esa locura de juventud 

Tras las vacaciones, Pablo volvió con fuerzas renovadas y se prodigó por platós televisivos. Yo no había desistido de entrevistarlo para Cáñamo, pero dejaba pasar el tiempo con la esperanza de que en el Congreso que anunciaban para otoño
definieran su programa y concretaran ahí su plan sobre drogas, dándome un pretexto para volver a intentarlo. A finales de septiembre, Risto Mejide lo sentó en su chéster y en un momento de compadreo le preguntó si no había cometido alguna locura de juventud, por ejemplo, fumar marihuana. Pablo lo miró un momento y afectando seriedad le soltó: “¿Tú crees que alguien de nuestra edad puede haber tenido alguna vez la oportunidad de fumar marihuana en este país?”, “No –contestó Mejide con complicidad–, nunca”, y Pablo remató: “Nadie puede pensar eso, eso solo ocurre en otros sitios, en España jamás”. Una salida astuta; fíjense cómo, con ayuda de la ironía, sin comprometerse, no renuncia tampoco a lanzar un guiño a la afición. Como dice el refrán: nadar y guardar la droga. 

  • Otoño guerrero. Pablo y La Khaleesi

En octubre se celebró la Asamblea Ciudadana de Podemos. En el palacio de deportes de Vistalegre escenificaron el funcionamiento democrático de la nueva formación: se presentaron las candidaturas y se aprobaron mediante votaciones abiertas vía internet los documentos ético, político y organizativo y cinco de las 97 resoluciones propuestas por los círculos a través de su ágora virtual, Plaza Podemos. Pese a ser una organización con apenas medio año de vida, ya contaba con dos visiones contrapuestas: la de los partidarios del liderazgo claro e incuestionable de Iglesias y la de los agrupados en torno a Echenique y Teresa Rodríguez, que, sin cuestionar el tirón mediático de Pablo, eran partidarios de una organización más asamblearia y una representación más repartida que impidiese el asentamiento de una casta dirigente dentro de Podemos. Triunfaron los primeros por goleada; los tuerkos (provenientes del programa La Tuerka) habían ganado la batalla contra los troskos (militantes de Izquierda Anticapitalista) gracias al voto virtual de miles de personas. 

Las metáforas guerreras aplicadas a esta competición por el poder no son gratuitas, los mismos tuerkos por esas fechas publicaron Ganar o morir. Lecciones políticas en Juego de Tronos, un libro coordinado por Pablo Iglesias, donde se analiza la famosa serie televisiva en el contexto de la crisis actual. Pablo, además de salir en la portada sentado con gracejo sobre el trono de hierro, se identifica sin rubor con La Khaleesi, de la que dice ser “perfectamente consciente de que en un mundo terrible es preciso tener el mayor ejército, las mejores armas (los dragones) y saber mandarlos sin que tiemble el pulso”. Aunque es verdad que a algunos pocos de aquellos que creemos que sí se puede nos desilusionan el personalismo y las maniobras guerreras de Iglesias para controlar la formación, un ejército creciente de devotos lo ama como si fuera el nuevo Mesías, aquel que asaltará los cielos para librarnos de este infierno.

  • En Plaza Podemos se fuman pocos porros 

Cansado de la lucha de rostros, tan propia de la vieja y apestosa política, me zambullí en Plaza Podemos y analicé las resoluciones que se habían generado en esa animada ágora virtual, aquellas que fueron votadas durante el encuentro de Vistalegre. Dejando a un lado las más previsibles –entre ellas las cinco aprobadas (educación y sanidad pública, acceso a la vivienda, medidas anticorrupción y auditoría y reestructuración de la deuda), que pasaban a ser parte del ideario inicial de un partido a la espera del programa definitivo–, se tocaban casi todos los palos: el comercio justo; la demolición del hotel Algarrobico; el derecho animal; el Sahara libre; el software libre; la oposición al fracking, a los transgénicos, a la privatización de la Almoraima, a la violencia machista y a la impunidad policial… Para mi sorpresa ninguna de las 97 resoluciones hablaba de drogas

Bajé un peldaño más y entre los hilos de discusión de aquellos mentideros internáuticos encontré 39 debates sobre la legalización –una cifra poco destacada si la comparamos con el volumen que alcanzan otros temas–. La más valorada era una propuesta económica firmada por un tal Totemizado que subrayaba el dineral que daría la fiscalización de un consumo legal de marihuana en España. Las cuentas, basadas en un estudio de la Agencia EFE del 2012, eran de relumbrón: 658.000 personas

le dan diariamente al fumeque y 2.500.400 son consumidores esporádicos; estimando que se gasten al mes en grifa 100 y 13 euros, respectivamente, entre unos y otros dejan al año 1.179 millones de euros en las arcas del narcotráfico. La legalización permitiría al Estado hacerse con ese botín milmillonario, al que se sumaría un 21% de iva (como poco), más lo que sacaría con las cotizaciones a la Seguridad Social de los nuevos empleos –estimados por el autor de la propuesta, a la luz de lo ocurrido en Colorado, en 38.000 nuevos puestos de trabajo–, más el previsible aumento de los ingresos provenientes del turismo grifota. A esta abultada suma habría que añadir el ahorro que supondría acabar con los gastos policiales, judiciales y carcelarios destinados a la represión y, eso sí, restarle los 200 millones aproximados que se embolsan con las multas por incautación. 

Que se acuerden de nosotros cuando se necesita dinero es un poco molesto, pero, en fin, si eso nos facilita la vida habrá que transigir con la codicia recaudadora del Estado. El caso es que, pesetera o no, esta propuesta no llegó a elevarse como resolución para la Asamblea de Otoño, pues rápidamente quedó enterrada por los usuarios de aquella plaza, que entendían que no era conveniente: “La legalización de la marihuana –decía el comentario más votado– a mucha gente le da Miedo, y ningún partido con eso en su programa puede conseguir mayoría”, “Se lo pondríamos a huevo a los medios y a la casta –se leía más abajo–. Automáticamente, seríamos el partido que pretende legalizar las drogas. Todo lo que hemos trabajado se iría al garete”. 

A los dirigentes y a los militantes de Podemos se les llena la boca hablando de la gente, y sin embargo, en actitudes electoralistas como esta dan a entender, además de que anteponen la conquista del poder a cualquier otra cosa, que la gente es tonta. Yo no sé cómo es la gente, pero entiendo que una nueva política, pensada para liberarnos de la miseria y de la ignorancia, no puede tratarnos como idiotas; para eso ya tenemos a los políticos de siempre. 

  • La Marcha por el Cambio

El 31 de enero pasado fue la fecha elegida por Podemos para La Marcha por el Cambio. Armado con mi cámara me mezclé entre aquel gentío de todas las Españas, hice fotos y charlé con unos y con otros. Un cordobés que llevaba pinchada en un palo una mierda descomunal me dijo que él estaba allí más que para que ganase Pablo Iglesias para que perdieran el resto de los partidos. “Hay que mandarlos a todos a la mierda”. Una asturiana, algo descontenta con las distinciones entre un Podemos ganador y otro protestón, me aseguró que estaba allí para que los dirigentes “se sientan responsables, para que sepan que esto no es un juego”. Al pasar junto al Banco de España me llegó el perfume de un porro bien cargado: “¿Piensa usted votar a Podemos –le pregunté al origen de aquella dulce humareda– aunque no tenga una política clara respecto a la legalización de la droga?”. “Sí –me contestó–, porque llegado el momento supongo que harán lo correcto”. Al final, parece que todo se reduce a una cuestión de fe, pero, después de años de persecución y de engaños, por mucho que necesitemos un cambio, ¿cómo volver a confiar en políticos que no quieren pronunciarse sobre la legalización de la droga por temor a perder votos? 

  • Último asalto 

Me encuentro en Facebook con el Círculo Podemos Cannábico y decido volver a llamar a Jesús Gil, el jefe de prensa. Le cuento mi hallazgo y le quita importancia, me dice que círculos hay muchos y que probablemente el Cannábico, del que no tenía noticia, no haya pasado por el proceso de validación. Le insisto en lo mismo de hace seis meses, y con irritación me repite que Pablo sigue sin estar disponible para una entrevista con Cáñamo: “Cualquier opinión personal suya se podría confundir con el programa”. ¿Y el programa dónde está? “Juan Carlos Monedero se está encargando, con ayuda de todo tipo de asociaciones civiles, de elaborarlo”. Por un momento, ante la tensión que noto al otro lado de la línea, se me pasa por la cabeza invitarlo a él, al irritado jefe de prensa, a fumarse conmigo un relajante porro. Luego pienso que no, que ni con Pablo ni con Jesús, que, tal y como está de vieja la nueva política, mejor me lo fumo solo. 

*Extraído del número 207 de la revista Cáñamo


Contenidos relacionados

Accede o regístrate para comentar.

0 comentarios