Reportajes Extraído del número #213 de la revista Cáñamo

Sociedad 24-11-2015

El México del Chapo: de fugas, narcocorridos, balas y chocolate

Por Cáñamo

Texto y fotos: Constanza Sánchez, Fundación Iceers

Vivo de tres animales, que quiero
como a mi vida.
Con ellos gano dinero, y ni les
compro comida.
Son animales muy finos,
mi perico, mi gallo y mi chiva…

Así comienza uno de los narcocorridos más famosos del grupo mexicano Los Tucanes de Tijuana, una de las bandas más populares del país, que cuenta la que podría ser la historia de un narcotraficante con éxito cualquiera del norte de México en la década de los noventa del siglo pasado. Los más avispados ya se habrán dado cuenta de que “mi perico” es la cocaína, “mi gallo” es la marihuana y “mi chiva” es el cuerno de chivo, expresión que se utiliza en la jerga mexicana para referirse al rifle de asalto de fabricación rusa AK-47, el famoso kaláshnikov. Aunque muchas de las emisoras de radio que pasaban esta canción a principios de los noventa no se dieron cuenta de la metáfora hasta mucho después.

Mural que representa a los personajes clave de la historia mexicana, en el Chicano Park, de San Diego. El muralismo mexicano es una de las expresiones artísticas más singulares del país.

Los narcocorridos son quizá la expresión musical más fascinante de la cultura popular del norte de México -o cultura norteña, como allí se llama a las costumbres y modos de vida propios de los estados fronterizos con Estados Unidos-. Como su propio nombre indica, combinan el corrido tradicional mexicano, en el que se narra en verso una historia popular de amor, desamor, acontecimientos políticos o hazañas de algún personaje histórico o héroe nacional, con la temática del tráfico de drogas, una realidad muy palpable en buena parte del norte del país, al igual que la migración irregular, el contrabando y la violencia, que también se ven a menudo reflejados en las letras de los corridos de estas mismas bandas. Buena parte de ellos están dedicados a un jefe -y a veces, jefa- de alguno de los cárteles que controlan y (des)organizan la producción y el tránsito de drogas a través del país, generalmente en su paso hacia el mercado de consumo estadounidense. Tan fieles a la realidad, ingeniosas y despiadadas pueden llegar a ser estas letras, que hasta sería posible estudiar las dinámicas, prioridades y negocios de estas organizaciones a través de ellas.

Quizás Joaquín, alias “El Chapo”, Guzmán Lorea sea uno de los personajes que más narcocorridos ha inspirado en los últimos años, lo cual no es de extrañar, pues es un reflejo más de la importancia de este jefe de jefes en el contexto global del negocio del tráfico de drogas en México. Su fuga, el pasado mes de julio, de la prisión de alta seguridad del Altiplano, y la forma espectacular en la que esta tuvo lugar -a través de un túnel de 1.500 metros, al que accedió desde la ducha de su propia celda-, inspirarán sin duda muchos nuevos corridos sobre este narcotraficante, ya convertido en leyenda, el hombre más buscado de México y quizá uno de los más ricos del mundo.


En California y Nevada, en Texas y en Arizona.
Y también allá en Chicago, tengo unas cuantas personas
que venden mis animales,
más que hamburguesas en el McDonald’s…
Prosiguen Los Tucanes… Si el tráfico de drogas fuera un negocio legal, El Chapo habría sido sin duda muchas veces elegido empresario del año, daría conferencias en Harvard y desayunaría con el ministro De Guindos. De hecho, la revista Forbes le ha incluido durante varios años en su lista de personas más poderosas y ricas del mundo, aunque siempre muy por detrás en el ranking de su compatriota Carlos Slim. Líder del poderoso e histórico cártel de Sinaloa, junto con Ismael, “El Mayo”, Zambada, desde 1995 (año en el que Héctor, “El Güero”, Palma fue detenido) se estima que esta organización es responsable no solamente del paso de gran parte de las drogas hacia Estados Unidos, sino que además controla más de un tercio del mercado de la marihuana y de la cocaína estadounidense, casi la mitad del de la heroína y más de dos tercios del de la metanfetamina. Se calcula que la maquinaria del Chapo mueve más de 3.000 millones de dólares al año y que sus tentáculos se extienden mucho más allá de México, a más de 50 países en

Muro que separa Estados Unidos y México, visto desde el lado mexicano. A la izquierda, el nuevo muro en construcción. A la derecha, la antigua valla.

todo el mundo, incluyendo Centro y Sudamérica, Europa y África. Lo que la convierte, a ojos de expertos como los investigadores del Justice in Mexico Project, de la Universidad de San Diego, en una de las organizaciones más sólidas y con mayor presencia en el ámbito del tráfico mundial de drogas. Una presencia que va mucho más allá del campo del narcotráfico, y que se extiende a los círculos políticos, policiales, militares y judiciales de México.


Aprendí a vivir la vida, hasta que tuve dinero.
Y no niego que fui pobre, tampoco que fui burrero.
Ahora soy un gran señor,
mis mascotas codician los güeros…

De orígenes humildes, Joaquín Guzmán nació y creció en Badiraguato, un pequeño pueblo del estado de Sinaloa, cuna de muchos narcotraficantes célebres. Ubicado en plena Sierra Madre, lugar tradicional de cultivo de opio y marihuana desde los años treinta del siglo pasado, El Chapo -apodado así por su baja estatura- apenas fue a la escuela y pronto empezó a cultivar marihuana. Así conoció a su maestro, Miguel Ángel, “El Padrino”, Félix Gallardo, entonces líder del cártel de Guadalajara, e inició su carrera en el mundo del narco. Tras la detención de Gallardo, el cártel de Guadalajara se escindió en dos organizaciones: el cártel de Sinaloa, dirigido por El Chapo, y el cártel de Tijuana, liderado por los hermanos Arellano Félix. Con el paso del tiempo, la rivalidad entre ambas bandas fue creciendo, y hasta hoy siguen inmersas en una espiral de venganza y sangre que ha salpicado más allá de las calles de Tijuana y de Ciudad Juárez.

Joaquín "El Chapo" Guzmán

El incremento del poder de los cárteles mexicanos que tuvo lugar a finales de los años noventa coincidió con el declive de los cárteles colombianos y con el cambio de las rutas de la cocaína desde Colombia hacia el mercado estadounidense. Paradójicamente, los que se consideraron éxitos de la guerra contra las drogas, como el cierre de las rutas del Caribe, utilizadas por los cárteles de Cali y Medellín para introducir la cocaína a través de Florida, han contribuido a diversificar las rutas de tránsito e incrementar el paso terrestre por Centroamérica y México, extendiendo la violencia y la inestabilidad a más regiones y países. La cara oscura de este negocio, no obstante, es de sobra conocida y está en la base de la escalada de violencia que ha sufrido México en los últimos años, con un saldo de más de 160.000 muertos y 23.000 desaparecidos entre el 2007 y el 2014 (según el INEGI). Esta crisis de violencia no es atribuible únicamente al Chapo y al cártel de Sinaloa, ni siquiera exclusivamente al tráfico de drogas: hay que buscar sus raíces más profundas en las características de la sociedad mexicana. Aunque, desde luego, los narcotraficantes han sido actores fundamentales, la competencia violenta por el mercado de las drogas se ha dado en un contexto más amplio de desigualdad social, falta de oportunidades, impunidad, un sistema de justicia ineficiente y un aparato político altamente corrompido y penetrado por los intereses del crimen organizado.


Traigo cerquita la muerte, pero no me sé rajar.
Sé que me busca el gobierno, hasta debajo del mar.
Pero para todo hay maña,
mi escondite no han podido hallar…

¿Cómo, si no, se explica que El Chapo haya podido escapar de una cárcel de máxima seguridad, de una forma tan rocambolesca, y que además no sea la primera vez que esto sucede? La cárcel del Altiplano, ubicada en el estado de México, a una hora en coche del Distrito Federal, era considerada la fortaleza más inexpugnable del país. En ella cumplen condena grandes narcotraficantes -incluidos el mismo Félix Gallardo, mentor del Chapo, y el alcalde de Iguala, ciudad tristemente célebre por el caso de los cuarenta y tres estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos y presumiblemente asesinados a manos del crimen organizado, con la connivencia de las autoridades locales-. Nunca antes un preso se había fugado de este penal. Pero lo que otros no consiguen, El Chapo sí: sus cómplices actuaron a plena luz del día y sin ninguna discreción. Según informó El País a finales de julio, compraron un terreno a solo un kilómetro y medio de la prisión -y a uno de una base militar del ejército mexicano- y construyeron a plena luz del día, contando con obreros del pueblo, una edificación de unos doscientos metros cuadrados, desde cuya bodega excavaron el túnel que inexplicablemente llegó hasta la misma ducha de Guzmán. No era la primera vez que el poderoso narco se escapaba de una cárcel, aunque esta hazaña deja la fuga anterior en un mero juego de niños: en el 2001, El Chapo huyó del presidio del Puente Grande, en el estado de Jalisco, oculto entre la ropa sucia de un carrito de lavandería, que funcionarios arrastraron hasta el aparcamiento de la prisión, previo pago de una suculenta suma de dinero.


Dicen que mis animales, van a acabar con la gente.
Pero no es obligación, que se les pongan enfrente.
Mis animales son bravos,
si no saben torear, pues no le entren.
El gobierno y los cuerpos de seguridad mexicanos reaccionaron entre la incredulidad y el bochorno. Una vez más, el narco puso de manifiesto que, a diferencia de los años previos a la década del 2000 y de la guerra al narcotráfico lanzada por el expresidente Felipe Calderón, ellos son los que mandan. Lejos quedan los años de la hegemonía del PRI, en el poder por más de setenta años, en los que eran los políticos quienes establecían las reglas del juego: la droga nunca ha dejado de transitar por México,
pero antes se hacía de una manera más controlada, menos violenta. No obstante, sorprende saber que, en el contexto del continente americano, la violencia en México -entendiendo como tal meramente la tasa de homicidios por cada cien mil habitantes- podría incluso considerarse modesta. Si nos fijamos en dicho indicador, observaremos que la tasa de homicidios violentos en Honduras casi cuadriplica los niveles de México, y países


Distribución geográfica de la violencia en México: tasa de homicidios por municipios (datos de 2014)

como Venezuela, El Salvador, Guatemala y Jamaica la doblan. Colombia y Brasil también superan a México. A pesar de ello, la violencia relacionada con el narcotráfico está muy concentrada en determinados territorios del estado mexicano: de las cincuenta ciudades más violentas del mundo en el 2014, diez se encontraban en México. Y cabe decir que Ciudad Juárez y Tijuana, conocidas por sus espectaculares niveles de violencia, han sido superadas por la turística Acapulco y por Culiacán -capital del estado de Sinaloa, al norte del país, tierra del Chapo Guzmán-. Su fuga pone una vez más de manifiesto que cualquier cosa es posible en México: desde la más bonita hasta la más perversa. Pero, como dice la canción de Lila Downs, todo es posible en el país de las balas y del chocolate.

*Extraído del número #213 de la revista Cáñamo


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