Reportajes Extraído del número #216 de la revista Cáñamo España

Antiprohibición 15-02-2016

Vancouver: tira y afloja con las autoridades de la ciudad

Por Cáñamo

Texto y fotos: Oswaldo Pérez

Justin Trudeau es el nuevo primer ministro de Canadá, mientras activistas de Vancouver se enfrascan en un tira y afloja con las autoridades de la ciudad.

La ciudad de Vancouver decidió, a pesar de las amenazas del gobierno conservador, regular los dispensarios medicinales de marihuana que operaban casi como clubs recreacionales, o sea, fumaderos para todos los que tengan mínimos problemas de salud. Con cien dispensarios operando, la ciudad ha decidido intervenir convirtiéndose en la primera municipalidad del país en reconocerlos. Entre las nuevas reglas, los expendios deberán operar a más de trescientos metros de cualquier escuela o centro comunitario. También deben mantener una distancia considerable entre ellos. El cambio más radical es que ya no se puede fumar en los dispensarios; adiós a los vapour lounges, lo que sí es una pena.


Los expendios se pueden registrar como empresas con ánimo de lucro pagando 30.000 dólares al año por local o registrarse sin fines de lucro pagando solo mil dólares canadienses al año y con varias restricciones. Todos los concejales han pedido al gobierno federal que se encargue de regular esta industria, pero la exministra de Salud, Rona Ambrose, ha dicho que bajo el gobierno conservador las tiendas que vendan marihuana seguirán siendo ilegales. La ministra no solo entró en cólera con la decisión de Vancouver, sino que está indignada con la Corte Suprema de Canadá, que dijo que es inconstitucional prohibirle a los enfermos cultivar su medicina. Ambrose, que, dicho sea de paso, no tiene estudios médicos, está furiosa porque ha perdido su puesto y la marihuana camina hacia la legalización.

Justin Trudeau ha sido elegido como el nuevo primer ministro de Canadá; el hijo de Pierre Trudeau, quien también fuera primer ministro, ha ganado la mayoría del Parlamento con el Partido Liberal. Un resurgimiento del partido, que casi muere en las pasadas elecciones. Bajo promesas de cambios, el joven político tomará las riendas del país con la responsabilidad de legalizar la marihuana, frenar los ataques militares en Siria e Irak y parar algunos proyectos
Justin Trudeau
energéticos como oleoductos que ponen en peligro bosques, lagos y demás regiones prístinas.

Trudeau ha dicho que el actual enfoque conservador no está funcionando y es más fácil para un niño comprar marihuana que cigarrillos o cervezas, por lo que está dispuesto a cambiar la legislación para legalizar la industria, controlándola y poniendo los correspondientes impuestos. En una industria que mueve 5 billones de dólares al año, se podrían generar hasta 850 millones de dólares anuales de beneficio.

En Vancouver, los activistas cannábicos ya lo dan por hecho porque Trudeau lo prometió personalmente. Ellos están molestos, pues la ciudad no les prestó el atrio de la galería de arte en verano. La tradicional celebración del Cannabis Day llevada a cabo todos los primeros de julio (Canada Day) desde hace casi veinte años se vio interrumpida por la policía, que arrestó violentamente a cuatro participantes (entre los que se encontraban los activistas y dueños de dispensarios David Malmo Levine y Neil Mangusson), y confiscó sus productos. Sin embargo, muchas personas regresaron a vender y protestar a pesar de que la galería estaba cercada bajo remodelación. La ciudad mandó un comunicado a los organizadores avisándoles que estaban haciendo reparaciones y que desistieran con la protesta, pero estos hicieron caso omiso respaldándose en la carta de derechos que permite a los canadienses protestar. El atrio a la fecha continúa bajo reparaciones. La celebración fue organizada por el grupo encargado de Cannabis Culture, quienes han desafiado abiertamente a las autoridades. Los representantes de la ciudad dijeron que la galería estaba en renovación y ofrecieron otro parque para llevar a cabo la protesta cannábica, lo que los organizadores rechazaron diciendo que tres semanas era demasiado tarde para cambiar el lugar y organizar una nueva protesta. De todas formas, algunos puestos vendieron, la policía redujo su presencia y la protesta, que juntó a varios cientos, se realizó casi sin problemas.


La permisividad de la ciudad se confundió con una victoria total, lo que puede resultar muy peligroso. Por ejemplo, uno de los activistas que fue arrestado estaba vendiendo marihuana abiertamente a menores de edad; un excelente pretexto para perseguir este tipo de negocios por parte de las autoridades, quienes acaban de cerrar el dispensario Limelight por vender a menores de edad y tener nexos con el crimen organizado. De hecho, todos los eventos de este tipo venden productos cannábicos a menores de edad y los visitantes que atienden las ambulancias y van a dar al hospital generalmente son menores de dieciocho años. El gobierno federal estaba enfurecido y si no actuó más severamente es porque venían las elecciones. Estos errores son los que podrían descarrilar el camino de la legalización. Desafiar a la ciudad cuando esta está regulando los dispensarios no es una muy brillante idea, especialmente porque las autoridades municipales están apoyando los negocios marihuanos y presionando al gobierno federal. La ciudad de Vancouver sería una gran aliada en la legalización. Hay que recordar que si Vancouver es un oasis con cien dispensarios es porque tiene su propia fuerza policial, con instrucciones de no perseguir a los fumetas. Tal vez la prohibición de los fumaderos fue una consecuencia de estas acciones; lo que sí es cierto es que perjudicará a los dispensarios.

Son tiempos en los que hay que irse con cuidado, ya que los prohibicionistas estarán luchando por evitar la normalización del cannabis. “Nosotros vamos a legalizar, regular y restringir el acceso a la marihuana”, ha dicho el líder liberal. Además de establecer impuestos, se perseguirá a los que se salgan del modelo que se implemente; aún no se sabe si se permitirá el cultivo personal, ni quién regulará su venta. Vancouver podría ser un ejemplo responsable y ético para presionar al nuevo gobierno a que regule y se legalice en todo el territorio para el año siguiente conforme al modelo vancouveriano. El ejemplo lo tiene que poner esta ciudad, donde la industria está floreciendo sin precedentes. La mayoría de los habitantes de la Columbia Británica creen que la legalización traerá beneficios para todos. El nuevo estudio conducido por Insights West reflejó que el 67% apoya la legalización, es decir, la tercera parte de los encuestados. De ellos, el 72% son jóvenes y el 77% vive en Vancouver. Solo el 7% contestó que no se debería legalizar; todos conservadores. Sin embargo, el 87% piensa que los impuestos generados por la marihuana beneficiarían a todos, y el 78% apoya a los dispensarios como una forma segura de comprar el producto. “La primera vez que hicimos este estudio unos siete años atrás, los resultados eran de 50/50”, refirió Mario Canseco, portavoz de Insights West: “Creo que una de las razones por las que ahora una tercera parte de la población apoya la legalización es la actual situación en el estado de Washington”.

La legalización canadiense tendría efectos globales, ya que la prohibición sigue un modelo internacional donde la persecución es la norma. Trudeau estaría abandonando todos estos tratados en donde los países han pactado la guerra contra las drogas. Estados Unidos, el principal impulsor, no podrá quejarse demasiado, ya que dentro de su territorio ya existen cuatro estados y su capital que disfrutan de los placeres de fumar mota. Sería hipócrita de su parte, así que después de que Canadá siga su propio camino seguramente países como Portugal u Holanda y, ¿por qué no?, España podrían seguir su camino. Canadá podría tomar liderazgo mundial por primera vez desde las épocas del padre de Trudeau.

Como epílogo a las buenas noticias hay que ser cautelosos y utilizar la marihuana de forma responsable, ya sea recreativamente o medicinalmente, ya que de eso depende que sean más duras o permisivas las nuevas

legislaciones. La prohibición de los vapour lounges en Vancouver, por ejemplo, pudo venir como consecuencia de la Kush Kup, quienes dieron de qué hablar cuando trataron de romper el récord del mayor hot box del mundo quemando más de 400 gramos de extractos de forma poco ortodoxa, desperdiciando casi todo el producto. Los vecinos se quejaron del fétido olor; algunos activistas se quejaron de que la práctica no se veía muy segura en el vídeo que postearon los organizadores. Las críticas más duras vinieron de la comunidad que ve la marihuana como medicina, que pusieron el grito en el cielo. Josh Tyler fue uno de los que se quejó: “Desde una perspectiva médica y para los enfermos que de verdad necesitan esto, y no pueden permitírselo por falta de recursos económicos, es un puto desperdicio. No intentes [refiriéndose a Mark Klokeid] justificarlo diciendo que la gente ha hecho un hot box por miles de años y la marihuana crece libremente por todos los prados. Si todos en esa habitación hubieran fumado un gramo por cabeza se hubieran puesto mucho más locos que con este desperdicio patético. Todo el mundo hubiera estado feliz y se hubieran podido donar 400 gramos de medicina a la gente que realmente lo necesita. Lo más tonto que he visto”. Curtis Nixon, reventó: “¿Crees que esto es cool? Es un jodido desperdicio que solo perjudica al movimiento”. Mark Klokeid respondió diciendo que no entiende por qué la gente lo odia: “Mi cuerpo está molido y mis tarjetas de crédito al tope; he tratado de tener la fiesta más divertida. Estoy sorprendido por el odio”. La Kush Kup estuvo muy desorganizada, no se pudo fumar, se ha perdido la expo de salud y en su lugar se han montado espectáculos de humor simple, y los trece competidores que participaron tienen lazos con los organizadores, por lo que la copa se ha convertido en un evento elitista de algunos amigos.

Vamos a ver cómo reacciona la ciudad de Vancouver ante la victoria de Justin Trudeau y vamos a ver cómo van a ir cambiando las reglas. Ojalá se vuelvan a permitir los vapour lounges, que ya se habían convertido en enlaces comunitarios donde la gente convivía en paz unidos por la marihuana.


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