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100 Canciones sobre drogas

The Pretty Things

100. The Pretty Things. “£SD” (7” Fontana, 1966)

Condiscípulos de instituto de Mick Jagger y Keith Richards, contemporáneos y reverso tenebroso de The Rolling Stones –a quienes abandonaba el guitarrista Dick Taylor para incorporarse a sus filas–, The Pretty Things despuntaron primero como ariete de la primera ola del british R&B, pasando luego a formar parte de la escena underground de Notting Hill. Pioneros de la catarsis psiquedélica y el llamado sonido freakbeat, precursores también en experimentar con sustancias, serían propietarios asimismo de un problemático historial con las fuerzas del orden, que daba comienzo en 1965, a raíz del primer escándalo de rock y drogas recogido en Gran Bretaña, al ser arrestado en el Soho su batería, Viv Prince, por posesión de cannabis y pastillas.

En 1968 concebían en estado ácido el primer álbum conceptual de rock, S.F. Sorrow; aunque el manager de The Who les copiaba la idea, adelantándose con el lanzamiento en Estados Unidos de Tommy. Con anterioridad a ese LP clásico todavía por valorar como es debido, en 1966, un año antes de que Beatles y Stones entraran en estado lisérgico, publicaban el single Come See Me, cuya cara B ocupaba “£SD”, así, con el símbolo de la libra esterlina en lugar de la L. En plena diatriba contracultural, bastó ese título para que los medios reaccionarios denunciaran la amenaza. Bajo el titular “Banda publicita el LSD y se gana una reprimenda”, en un artículo de la revista Beat Time podía leerse: “La Sociedad Farmacéutica criticaba hoy los planes de The Pretty Things de publicar un disco fomentando el uso de LSD, la altamente peligrosa droga que está siendo introducida en el Reino Unido”. Valiosa publicidad, sin duda, no impidió que las listas de éxitos eludieran a ese sencillo.

De todos modos, epígrafe y letra planteaban un ambiguo juego de palabras teóricamente referido a la situación económica del país: “Todo el mundo habla de mi £SD / y yo digo que hablar es fácil y el dinero nunca resulta gratis / pero siempre les recuerdo que la vida no es tan negra / por cada cosa que recibo, me arrebata algo a cambio / £SD, sí, necesito £SD / creo que la piedad está en su escritura / no ha recibido cuidados / puede que no vaya demasiado rápido / pero va a todas partes / £SD, £SD, £SD”. Abierta a interpretaciones, pues, los detractores de su connotación química insisten en que las monedas británicas en circulación entonces, libra, chelín y penique, eran el equivalente de las palabras latinas libre, solidi, denari, o sea LSD, acrónimo que comúnmente aparecía al principio de todas las hojas de balance. Puesto que en 1966 muy poca gente sabía en Inglaterra de esa droga, aunque no era ese el caso de la banda, gran parte del público, familiarizado con el encabezamiento contable, atribuyó a la canción un significado monetario, lo cual no desautoriza las lecturas que apuntan una metáfora cuyo axioma sería que el parné también es una droga. En cualquier caso, una robusta muestra de psych-freak de garaje.

The Pretty Things también le cantaron al cannabis en el tema “All light up”, del 2007. “Nuestro himno a la marijuana”, explicaría el cantante Phil May. “Mientras la escribía estaban experimentando con los efectos benéficos del cannabis en los enfermos de esclerosis múltiple. Si hubieran encontrado el modo de obtener beneficios estaría legalizado desde hace años. Pura hipocresía, así que icemos la bandera de la libertad de elección. Esta es una historia para rebeldes”.

99. Elliott Smith. “Needle in the hay” (del álbum Elliott Smith, Kill Rock Stars, 1995)

Elliott Smith

Son varias las alusiones a las drogas que se encuentran en el cancionero del difunto y depresivo cantautor estadounidense, entre ellas “Speed trials” y supuestamente “Kings crossing”. Una de las más explícitas es esta, traducible como ‘Aguja en el pajar’. Retrato autobiográfico de su batalla contra las adicciones, principalmente heroína y alcohol, plagado de sarcasmo y dolorosos dobles sentidos, con los que Kurt Cobain seguramente se sentiría identificado. Dirigidas al instigador del hábito del protagonista, supuestamente su padre, sus palabras todavía resuenan desnudas y crudas: “Tu mano en su brazo –empieza la canción en voz del progenitor del yonqui–, el hechizo del pajar / rodea tu cuello / tenso y flaco / llamando a algún amigo / intentando hacer efectivo algún cheque / actúa como un idiota / eso es lo que ha venido a esperar / aguja en el pajar”. La réplica es demoledora: “Caminando y caminando / faltan cuatro manzanas / además de la que está en mi cerebro / bajando las escaleras / en busca de mi hombre / él va a hacer que todo esté bien / no puedo superarme / y no quiero hablar / estoy administrándome la cura / para poder estar tranquilo / en el momento que quiera / de modo que déjame en paz / deberías estar orgulloso / de que esté batiendo marcas”. Unos sencillos acordes de guitarra acústica y la quebradiza voz de Smith ponen pacífico andamio folk a este amargo relato, acentuando si cabe el oscuro trasfondo que bulle en su interior. La otra cara de la Generación X.

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