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“Hemos demostrado que se puede crear una forma de acceso al cannabis más allá de un mercado capitalista. Pero hemos pagado un precio muy alto”

Entrevista a Jose Afuera, presidente del club la MACA

Jose Afuera acaba de salvarse de pisar la cárcel junto a sus compañeros con los que fundó el Movimiento Asociativo Cannábico de Autoconsumo, el club social de cannabis barcelonés más conocido por el nombre de la MACA. La asociación, fundada en 2006 y presidida por Afuera desde entonces, se ha enfrentado a nueve causas judiciales en poco más de diez años de actividad, siendo uno de los clubs cannábicos españoles que más ha sufrido la represión de las instituciones del Estado. No es casualidad, la de la MACA es una historia de compromiso político con la lucha por los derechos de los consumidores de cannabis, y esa actitud activista tiene un coste.

Jose Afuera (Barcelona, 1977) nació en Sants, un emblemático barrio obrero de Barcelona en el que el tejido asociativo es parte inseparable de la historia de sus calles y la vida de sus vecinos. Hace 16 años que él y otros seis amigos del barrio fundaron el club social de cannabis la MACA después de ver que un juez había devuelto las plantas de marihuana incautadas al histórico club Pannagh. Lo entrevisto en un café del barrio, muy cerca de la mayoría de locales que ha tenido la asociación, y al lado de donde hicieron su primera asamblea general, una antigua discoteca reconvertida en centro social okupado.

A unos metros de aquí, unos policías detuvieron al tesorero de la asociación cuando iba cargado con los cogollos de camino al club, y a continuación golpearon y retuvieron a un trabajador cuando fue a ver por qué el tesorero tardaba tanto. Aquel día, los polis acabaron rodeados de los socios de la MACA, que acudieron acompañados de las cámaras de la televisión local 8tv, con Jose Afuera exigiendo a los agentes que lo detuvieran como responsable de la asociación. Jose cuenta esta y otras anécdotas, cómo la del día en el que, justo después de dejar a su hijo en el cole, un policía se subió en su coche y le dijo que arrancara si no quería ser detenido frente a la escuela. O la vez en la que cuarenta socios se desplazaron a la comisaría de Blanes, a una hora en coche de Barcelona, para ocuparles el recibidor a los agentes y pedir la liberación de dos cultivadores detenidos.

Una tras otra, Jose enumera todas las intervenciones que ha sufrido el club, confundiendo a veces la fecha y el orden, para luego autocorregirse tras revisar sus notas. Su talante es de un energético hablador que primero suelta y luego, cuando hace falta, rectifica. Esa energía, que es conocida en todo el activismo cannábico español, es la que ha utilizado para ayudar a impulsar el movimiento con sus mejores intenciones, y la que le ha llevado a no callarse ni ante los agentes de la autoridad, que le han advertido en más de una ocasión, en comisaría o fuera de ella, de que cerrara la boca.

Aun con varias intervenciones policiales, decomisos y juicios, el club no ha dejado de insistir una y otra vez en reivindicar que su actividad, además de estar amparada por la ley, constituye un modelo de acceso al cannabis con numerosos beneficios sociales y sanitarios. Tras varias absoluciones y archivos de causas, en 2016 una sentencia de un juzgado de instrucción ordenó el cierre de la MACA y en 2020 la Audiencia Provincial de Barcelona condenó a las cinco personas que formaban la junta directiva y a un trabajador a penas de cárcel de entre tres y seis años de cárcel.

¿Cómo es que en ninguno de los juicios habéis pactado con la Fiscalía para esquivar una posible condena de cárcel, como la que os acabó cayendo en 2020?

“A nivel personal ha sido un sacrificio. Pero también ha sido muy enriquecedor. Hemos encontrado muchas personas por el camino, el movimiento antiprohibicionista tiene una red de personas muy interesantes que a mí personalmente me han llenado. También he ganado otra forma de vivir la vida, de entender los enteógenos, los psicodélicos, los viajes interiores. He ganado más de lo que he perdido”

Porque no hemos hecho nada ilegal. Y también porque los compañeros con los que he ido a juicio son mis amigos de toda la vida, y nuestra amistad siempre ha estado por encima de la MACA. Aunque en el último juicio sí que tuvimos dudas y pensamos seriamente en la posibilidad de aceptar un año y medio de cárcel, con el que no íbamos a entrar en prisión ninguno, y acabar así con el proceso. Pero claro, a cambio teníamos que aceptar que somos delincuentes. Pues no. El Estado me puede condenar pero yo no admitiré nunca que he cometido un delito. No somos traficantes.

Habéis estado muy cerca de pisar la cárcel, pero finalmente el Supremo ha escuchado vuestra apelación, absolviendo a dos de los encausados y reduciendo las condenas a un año de cárcel que no tendréis que cumplir. También ha reconocido que el cierre de la asociación dictado en 2016 no tuvo que haberse producido. ¿Cómo te ha sentado esta última sentencia?

Es una victoria agridulce porque lo que hemos hecho ha sido un bien para la sociedad y el Estado en lugar de dejarnos nos ha perseguido para impedírnoslo. Nosotros estamos muy convencidos de lo que hacemos. El Estado no nos asegura que el cannabis que consumimos sea un producto sin adulterar, y como usuarios nos hemos organizado para asegurarlo nosotros mismos… Ahora que el Supremo nos ha dado la razón y, seis años más tarde, ha admitido que no tendrían que habernos obligado a cerrar la asociación, ¿quién nos va a indemnizar? ¿Quién nos va a devolver los ciento y pico kilos de hierba que nos han quitado, el movimiento que teníamos en aquel momento, o los años de sufrimiento estrés y ansiedad?

Son muchas las experiencias vividas en la MACA: asambleas, viajes, reuniones, encuentros y mil conversaciones ahumadas

Cogollos incautados que desaparecen

Siempre habéis hecho gala de ser transparentes con las instituciones, y buena parte de vuestras victorias en los juzgados (cinco causas archivadas, una absolución y un error invencible) se deben a ese esfuerzo por informar a las autoridades y llevar un registro interno de vuestras actividades.

Nunca nos hemos negado a que la policía entrara en el local, nunca nos hemos negado a colaborar con la policía, les hemos explicado todo, y sí, hemos llevado un registro del peritaje agrícola, con toda la información de los cultivos, cuánto se producía y para cuántos socios, y eso nos ha salvado frente a más de un juez. En una ocasión el secretario judicial me dijo que si lo que decía el peritaje agrícola no coincidía con el cultivo, que si había una planta de más, yo y todos los demás iríamos a la cárcel. Pero estaba todo clavado y archivó la causa.

Pero luego habéis denunciado en alguna ocasión que la custodia policial de las plantas y los cogollos que os han intervenido ha dejado mucho que desear.

Hemos pedido ir a la destrucción de todos los kilos que nos han incautado y no nos han dejado ir a ninguna, y en algunos casos ni siquiera encontraron los kilos. De hecho, en uno de los juicios nos absolvieron por eso, porque pedimos que repitiera el pesaje de lo que nos habían incautado, pero los 21 kilos que nos habían intervenido habían desaparecido. Nos incautaron las plantas justo el día que íbamos a cosechar, y luego no se sabía dónde se habían guardado. No quiero acusar a nadie porque seguramente los policías y todos los que hacen la custodia son personas súper respetables, pero está claro que si desaparece es porque alguien se lo lleva. Y no digo que la culpa sea de los trabajadores, la culpa es del sistema que está mal montado y que permite eso.

 

Joan Parés se presentó un día en la MACA para ofrecerse como médico y abrir consulta en la asociación.
Joan Parés se presentó un día en la MACA para ofrecerse como médico y abrir consulta en la asociación.

Vuestra historia está muy marcada por la represión y los juicios, pero la MACA no nació con esa intención.

Eso es una consecuencia de la lucha política. El Estado nos ha tratado como si fuésemos unos subversivos, cuando no lo hemos sido. Nosotros queríamos ser unos reformistas de las leyes, siempre hemos sido transparentes. La MACA es ante todo un colectivo de personas preocupadas por su situación y por el hábito que tienen con el consumo de cannabis, que buscan soluciones que el Estado no les aporta. La MACA es también el primer grupo terapéutico organizado de personas dentro del Estado, que marcó la pauta de cómo deben tratar los médicos de una manera alternativa a los usuarios terapéuticos dentro de los clubs sociales de cannabis.

“Con las sentencias del Supremo del año 2015 se acabó la transparencia de las asociaciones cannábicas. El Estado acabó con algo que le beneficiaba y nos obligó a ser más clandestinos, y a no poder explicar donde tenemos los cultivos ni poder denunciar si nos han robado”

¿Cómo se inauguró ese primer gabinete terapéutico del Estado?

Era una demanda de los propios socios tener asistencia médica, porque teníamos muchos socios que eran usuarios terapéuticos, pero como miembros de las asociaciones cannábicas tenemos un problema porque nosotros no estamos formados para atenderlos. El gabinete terapéutico se creó a partir de que llegó el doctor Joan Parés, que se presentó un día para ofrecerse como médico. Hasta entonces lo que había era una comisión terapéutica, organizada por los socios medicinales. En general siempre hemos funcionado de manera muy asamblearia. Todo el trabajo que ha hecho la MACA y todo lo que ha conseguido ha sido a través del esfuerzo de sus socios, del sacrificio de muchas personas que nadie conoce ni va a conocer, porque al final yo soy un portavoz. Yo no soy nadie sin la MACA, y todo el trabajo que he hecho a través de la FAC o de la ConFAC no lo he hecho como Jose Afuera, sino como representante de los socios de la MACA.

¿Qué otro trabajo habéis hecho desde la asociación durante estos años?

La MACA fue también el germen que impulsó la primera guía de clubs y que a través de la Federación de Asociaciones Cannábicas (FAC) y el trabajo de otros activistas como Martín Barriuso extendió el modelo de clubs sociales de cannabis. Con esa guía se crearon todas las asociaciones cannábicas, un trabajo que luego ha sido aprovechado por muchos abogados, que lo han copiado y se lo han vendido a la peña por 8000, 10.000 euros, o vete a saber por cuanto. De la MACA han salido muchas cosas… Como de otras asociaciones, no quiero ponerme la chapita como que lo hemos hecho todo nosotros, porque es mentira. Pero hemos hecho lo nuestro, el dinero que hemos tenido de beneficios siempre lo hemos reinvertido en el activismo cannábico, hemos hecho encuentros de abogados y eventos de todo tipo pagados por la MACA, y sin que saliera nuestro logo.

Entrevista a Jose Afuera, presidente del club la MACA
Desde el autobús descapotable, Afuera se dirige a los manifestantes de la Marcha Mundial de la Marihuana en Madrid (2022).

¿Ahora que han pasado quince años desde el primer cultivo colectivo, piensas que ha merecido la pena todo este proceso?

Sí, porque hemos demostrado que se puede crear una forma de acceso al cannabis más allá de un mercado capitalista. Pero hemos pagado un precio muy alto. Demasiado alto para mi gusto. A nivel personal ha sido un sacrificio. Pero también ha sido muy enriquecedor. Hemos encontrado muchas personas por el camino, el movimiento antiprohibicionista tiene una red de personas muy interesantes que a mí personalmente me han llenado. También he ganado otra forma de vivir la vida, de entender los enteógenos, los psicodélicos, los viajes interiores. He ganado más de lo que he perdido.

¿Volverías a montar un club social de cannabis hoy en día?

Si tuviera quince o veinte años menos, sí. El otro día, en una asamblea de la CatFAC, había unas chicas jóvenes que acababan de abrir una asociación y me recordaron a mí hace quince años. Decían algo así como “que venga a vernos la policía, si no hacemos nada ilegal, lo tenemos todo súper claro, la cuentas, los registros…”. Yo les decía que cuando te detienen, ellos utilizan todas esas cosas. Hoy en día la gente debe de ir con mucho cuidado, especialmente después de las sentencias del Supremo del año 2015. Con esas sentencias se acabó con la transparencia de las asociaciones cannábicas. El Estado acabó con algo que le beneficiaba a él y nos obligó a ser más clandestinos, y a no poder explicar donde tenemos los cultivos ni poder denunciar si nos han robado.

Asociaciones tapadera y lobbies por la regulación

“Si la asociación tiene entre sus fines la lucha política, y luego no lo cumple y no destina un duro, para mí eso es una tapadera que además daña al activismo y la imagen de los clubs sociales de cannabis. Los socios deberían de empezar a exigir las cuentas de sus asociaciones, a exigir saber en qué se gasta el dinero y qué actividades se llevarán a cabo para la defensa de sus derechos como usuarios, más allá de abrir el local y vender hierba”

¿Tú que has vivido en primera persona la expansión del modelo de las asociaciones cannábicas, qué piensas de la cantidad de clubs que existen hoy, especialmente en ciudades como Barcelona?

Lo que estamos viviendo ahora en Barcelona es en parte el resultado de nuestra estrategia. Nosotros liberamos la información de cómo se realizaba un club social de cannabis para alcanzar a una masa crítica de asociaciones con la que el Estado se viera obligado a regular. Pero ya hace unos siete años que esa estrategia resultó fallida, y muchas de las asociaciones que existen hoy plantean algo vacío. Han utilizado el modelo de clubs sociales de cannabis, que entre sus fines tiene la lucha política, para mimetizarse y distribuir cannabis, sin participar del movimiento social y político. Me parecen un fraude. Si la asociación tiene entre sus fines la lucha política, y luego no lo cumple y no destina un duro, para mí eso es una tapadera que además daña al activismo y la imagen de los clubs sociales de cannabis. Y esto no es un mensaje para las asociaciones, es un mensaje para los socios de las asociaciones. Los socios deberían de empezar a exigir las cuentas de sus asociaciones, a exigir saber en qué se gasta el dinero y qué actividades se llevarán a cabo para la defensa de sus derechos como usuarios, más allá de abrir el local y vender hierba.

¿Qué te ha parecido el trabajo de la subcomisión para el estudio de la regulación del cannabis medicinal?

Que las farmacéuticas se lo van a quedar todo para ellas. Los lobbies han cuarteado el debate, separando el cannabis terapéutico del cannabis lúdico, para que los resultados de la subcomisión beneficien a las farmacéuticas. Me parece inaudito que la subcomisión no haya tenido ni siquiera la decencia de reconocer el trabajo que hemos estado haciendo todo este tiempo desde las asociaciones. Ya no digo que nos tuvieran en cuenta en los resultados finales, sino que hubiesen tenido la decencia de habernos llamado para que dijéramos algo, como asociaciones de usuarios terapéuticos que somos. Es como si hicieras una ley sobre el barrio de Sants pero no llamaras a las asociaciones que forman parte del barrio.

Entrevista a Jose Afuera, presidente del club la MACA

¿Y qué piensas de las propuestas de regulación del cannabis presentadas por los partidos?

Que es increíble que los partidos de izquierda propongan políticas liberales, políticas que además no están siendo aceptadas por la Unión Europea. Porque mira lo que está pasando en Malta, Luxemburgo… están adoptando nuestro modelo de clubs y concienciando a la gente de que no van a abrir el modelo comercial como en Estados Unidos, porque allí se están observando una serie de problemas debido, entre otras cosas, a que la producción de cannabis no se realiza bajo demanda. Y como los kilos que no se consiguen vender en el mercado legal se pueden echar a perder, la producción se está desviando al mercado negro. Los lobbies empresariales han convencido a los partidos políticos de que son movimientos sociales: la propuesta de Más País es más bien parecida a la de Ciudadanos y en la de Podemos han cogido todas las propuestas de los lobbies que nosotros llevamos un montón de tiempo rechazando y las han copiado todas. Es como si para hacer la ley de vivienda hubieran preguntado a los fondos buitre y luego se lo hubieran presentado a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Unidas Podemos, un partido que en teoría escucha a la sociedad civil organizada… Les estamos dando todo el trabajo hecho a los partidos, nos hemos partido la cara nosotros y ahora vienen ellos y les compran el modelo a los norteamericanos. Indignación sería lo más suavecito que te podría decir que siento, yo, que me he jugado el culo varios años.

¿Puedes poner algún ejemplo concreto?

En la propuesta de Unidas Podemos, por ejemplo, las asociaciones estamos aisladas de todo el resto de la regulación, con un máximo de producción de 90 kilos y un montón de premisas que cumplir para los miembros. Pero si abres una tienda y le compras la hierba a la farmacéutica de Juan Abelló ahí puede entrar quien quiera y comprar lo que quiera mientras sea mayor de edad. Por estas cosas la propuesta de Esquerra Republicana de Catalunya se hizo para presionar a Podemos y demostrar que no están trabajando por una regulación real, sino por una cuestión de electoralismo.

Pequeños agricultores, no macroempresas

Entrevista a Jose Afuera, presidente del club la MACA

“Desde ConFAC lo que proponemos es un trabajo artesano, un trabajo de cercanía, que cumple con los criterios de la agenda 2030: kilómetro cero, ecológico, sostenible… El modelo de regulación que ellos proponen, cultivar 10.000 hectáreas de cannabis en no sé dónde, ¿cómo va a revivir el campo con eso?”

¿Cuál crees que sería el camino a seguir?

Creo que el Estado no puede proponer un sistema para el cannabis cometiendo los mismos errores que cometió con el tabaco y el alcohol, con megaproducciones. Porque el cannabis es muy fácil de producir, porque el autocultivo está extendido y también porque es un modelo fallido a la hora de reducir riesgos y hacer una transición en la que la población entienda cómo algo prohibido pasa de golpe a ser legal. Yo no digo que el cannabis no vaya a acabar en tiendas de aquí a unos años, pero no es realista pensar eso a corto plazo. Desde ConFAC lo que proponemos es un trabajo artesano, un trabajo de cercanía, que cumple con los criterios de la agenda 2030: kilómetro cero, ecológico, sostenible… El modelo que ellos proponen, cultivar 10.000 hectáreas de cannabis en no sé dónde, ¿cómo va a revivir el campo con eso? Nuestra propuesta es que sean 150 kilos de producción por cada asociación, y que ningún agricultor pueda producir para más de tres licencias, que no pueda producir más de 450 kilos. Eso le da trabajo a un montón de agricultores. Pero si pones a una macroempresa para que produzca terrenos hasta donde alcanza la vista no se soluciona ningún problema. Si realmente queremos una propuesta de regulación real, todos los miembros de la sociedad civil que están dentro del movimiento cannábico (el sector económico, las asociaciones, el movimiento social y el lobby empresarial) tendrían que verse representados, y no solo eso, sino que se tiene que buscar el consenso de la mayoría de partidos de la cámara, y no una propuesta unilateral de un solo partido.

¿En qué estáis trabajando ahora?

Desde la ConFAC estamos trabajando en lo que querremos ser cuando estemos regulados, para que no venga nadie a decir lo que nosotros queremos. Por eso esperamos que las asociaciones se acerquen a ConFAC y empiecen a trabajar con nosotros, que somos asociaciones organizadas que trabajan por un cambio en las políticas de drogas. Las asociaciones deberían preocuparse porque nadie les diga que es lo que tienen que ser, sino explicar ellos que es lo que quieren ser y preocuparse porque sea así.

 

Este contenido se publicó originalmente en la Revista Cáñamo #296

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