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Trucos y consejos para cosechar como un experto

En octubre se cosechan la mayoría de las variedades de cannabis de exterior. Los cultivadores miran al cielo continuamente esperando que el clima sea seco y no llueva. Tras meses de intenso trabajo, las plantas se encuentran en su máximo esplendor, pero los cogollos aún no están asegurados. Si se siguen nuestros consejos, cosecharemos como avezados cultivadores. 

Cosechar como experto
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La cosecha, manicura, secado y curado de los cogollos son los pasos que completan el ciclo de producción del cannabis. Durante el ciclo de cultivo, desde la germinación hasta el final de la floración, las plantas crecen, se desarrollan las flores y se llenan de resina y terpenos. Podríamos decir que es un proceso en el que van ganando calidad día tras día. Cuando consideramos que han llegado al máximo –cuando tienen más flores, resina, cannabinoides y terpenos–, las cosecharemos. A partir de ese momento, todo lo que hace el cultivador debe ir encaminado a conservar al máximo lo ya obtenido, intentando evitar cualquier degradación. 

Un correcto procesado de las plantas tras su corte es fundamental para que mantengan sus propiedades tan intactas como sea posible. No debemos cosechar antes de que los cogollos estén bien maduros, pues perdemos resina y psicoactividad, ni retrasarnos hasta que los cogollos han empezado a degradarse. Cada variedad tiene un punto óptimo de cosecha. Usaremos como referencia las fechas aproximadas de cosecha indicadas por el banco de semillas, pero no las debemos seguir a rajatabla. Nos fijaremos en cada planta individualmente y evaluaremos personalmente el grado de madurez. Las condiciones y el lugar de cultivo influyen y pueden provocar que una planta madure antes o después de lo indicado por el banco de semillas. Tras cortar la planta (entera o por ramas), se eliminan las hojas más grandes que no tienen resina. A continuación, hay que realizar la manicura fina, que consiste en eliminar el resto de hojas, pequeñas y con resina, que salen del cogollo. Es un proceso muy lento que puede llevar hasta diez horas de trabajo por kilo de cogollos. Algunos cultivadores prefieren hacer la manicura fina antes del secado, mientras que otros son partidarios de hacerlo tras el secado. Ambos sistemas son válidos y cada uno tiene sus ventajas. La manicura en fresco es mas cómoda porque las plantas frescas son menos delicadas, pero en cosechas grandes puede ser muy pesado porque hay que dedicar muchas horas seguidas. Por su parte, la manicura en seco puede hacerse sin prisa, a lo largo de varias semanas, pero requiere cuidado, pues las glándulas de resina de las plantas secas son muy frágiles y pueden romperse si los cogollos se tratan con rudeza. 

El secado es un paso absolutamente esencial para lograr marihuana de primera calidad. Hasta que la hierba fresca no está seca no es psicoactiva. En el cannabis vivo, los cannabinoides responsables de los efectos se encuentran en forma de ácido, unidos a una molécula de agua, y hasta que no la pierden no obtienen sus propiedades psicoactivas. Este proceso se denomina descarboxilación. Por eso, si consumimos directamente un cogollo recién cortado, no notaremos efectos psicoactivos. 

Siempre aconsejo asegurarse de que el secadero tenga buena ventilación, pues es esencial para que el aire se mantenga en movimiento y las plantas vayan perdiendo humedad continuamente. Puedes dejar la puerta y la ventana abierta para que corra el aire o, si no quieres que el olor salga al exterior, colocar un ventilador en el secadero para que mueva el aire. Es importante no dirigir el chorro de aire del ventilador directamente a los cogollos, pues acelera excesivamente el secado y la pérdida de aroma por la evaporación de terpenos. En general, cuanto más baja es la temperatura del secadero (15 ºC es ideal), mejor se conservan los terpenos de la resina y más aroma mantienen los cogollos, pero hay que tener cuidado porque con temperaturas bajas el secado es más lento y aumenta el riesgo de aparición de hongos. 

El uso de un deshumidificador permite afinar mucho el proceso, pues el cultivador tiene un control total sobre el grado de humedad en el secadero. Normalmente, se usa un porcentaje de humedad bajo durante los primeros días (40-50%) para acelerar la pérdida de humedad y evitar la aparición o proliferación de hongos y, pasados tres o cuatro días, cuando las condiciones son más seguras, se puede subir un poco para ralentizar el secado. Un secado lento favorece la degradación de la clorofila presente en los tejidos, lo que mejora el sabor final y suaviza el humo, evitando que rasque e irrite la garganta. 

Hoy en día, se puede comprar un deshumidificador relativamente potente capaz de extraer 10-12 l de agua al día por unos 100 € y un modelo pequeño de 1-3 l/día por la mitad de precio. El modelo grande es suficiente para la mayoría de los cultivadores domésticos, aunque tengan que secar uno o dos kilos de cogollos a la vez, mientras que el pequeño es perfecto para pequeñas cosechas de dos o tres plantas, siempre que se sequen en una habitación cerrada donde no entre humedad del exterior. 

En los últimos años, la ciencia del secado del cannabis ha evolucionado mucho, especialmente en los países donde se ha legalizado el cultivo y los empresarios han podido invertir con seguridad en el desarrollo de nuevas tecnologías. Por ejemplo, algunos cultivadores comerciales han empezado a usar un liofilizador para secar los cogollos con temperaturas muy bajas, muy por debajo del punto de congelación. Estos aparatos ya se usaban para secar el hachís extraído con agua (comúnmente llamado ice), pero ahora también se usa con cogollos. El proceso consiste en congelar los cogollos a temperaturas de hasta -40 ºC dentro de una cámara de vacío. A continuación, reduciendo la presión dentro del liofilizador, se consigue sublimar el agua del cogollo, que pasa de estado sólido a gaseoso directamente, es decir, el agua en forma de hielo se convierte en vapor directamente sin pasar por la fase líquida. La liofilización permite secar los cogollos sin que haya ninguna actividad enzimática de degradación, por lo que se conservan completamente las características organolépticas del cogollo fresco sin pérdida de terpenos. Un cogollo liofilizado tiene el mismo color que un cogollo fresco y huele casi igual que cuando estaba vivo. Los cogollos liofilizados y los extractos producidos con esta tecnología tienen un aroma inigualable, algo increíble, y se encuentran entre los productos cannábicos más apreciados por los auténticos gourmets, aunque su precio puede ser muy alto, llegando hasta 50 € o más por un gramo de rosin hash o de ice producidos con cogollos liofilizados de máxima calidad. Una advertencia para todos los interesados: las liofilizadoras para secar a temperaturas bajo cero valen una pasta, varios miles de euros para los modelos más baratos, así que os lo cuento aquí para poneros los dientes largos, pues para la mayoría de nosotros están completamente fuera de nuestro alcance.

Este contenido se publicó originalmente en la Revista Cáñamo #333

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