En esas terribles noches de la canícula, en las que las sábanas se pegan a la piel y el calor impide la llegada del estado onírico, es fácil querer recurrir a hipnóticos que rápidamente inducen una plácida relajación. Desde el lúpulo o la pasiflora, hasta el flunitrazepam o el zolpidem, estas intervenciones farmacológicas buscan apagar la conciencia y permitir que nuestros cuerpos descansen...