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Dióxido de carbono

Profesor Cáñamo, me aconseja que añada CO2 en un armario de cultivo de interior. ¿Qué ventajas y qué inconvenientes puedo encontrarme? ¿Qué nivel de CO2 es el más indicado? ¿Qué sistema me recomienda? Tengo un armario de 80 x 80 cm con una bombilla APS de 250 W y un extractor para sacar el aire caliente. Cultivo cuatro plantas en macetas de diez litros.

Kevin

El nivel de dióxido de carbono en la atmósfera es de 400 ppm, pero las plantas pueden aprovechar mucho más gracias a que conservan la capacidad de hacerlo que desarrollaron en el pasado remoto, cuando el nivel atmosférico era mucho mayor que en la actualidad. Elevando la concentración de CO2 en el aire, se puede aumentar el crecimiento de las plantas y su producción hasta en un treinta por ciento. Además de otra gran ventaja: la temperatura óptima para el cultivo de cannabis aumenta conforme aumenta la cantidad de dióxido de carbono en el aire. Con una concentración de 1.000 ppm la temperatura ideal sube hasta 27-29 ºC, cuatro o cinco grados más de lo normal. Gracias a esto, cuando se añade CO2, las necesidades de refrigeración bajan y el coste eléctrico de mantener en funcionamiento un acondicionador de aire se reduce. Hace unos años se usaba mucho el nivel de 1.500 ppm, pero ahora es más habitual mantenerlo entre 1.000 y 1.200 ppm: las plantas responden muy bien y no produce menos que con 1.500 ppm.

Para un pequeño armario de cultivo como el tuyo puede resultar muy caro poner un sistema de generación de CO2 con un quemador de gas o incluso un sistema de gas embotellado porque el controlador, que es el aparato que mide la concentración en el aire y decide cuándo liberar gas, es bastante caro. En un espacio pequeño, lo mejor es usar un sistema sencillo de baja producción. En los grow shops se venden varios productos que producen dióxido de carbono gracias a hongos. Por ejemplo, CO2 Boost tiene un recipiente en el que hay un sustrato donde viven unas especies determinadas de hongos que van liberando dióxido de carbono continuamente durante unos dos meses. Una bomba de aire aspira el gas del interior del recipiente y lo envía por medio de un tubito hasta la copa de las plantas. Es un sistema muy simple y cómodo, bastante popular entre los cultivadores caseros con armarios pequeños.

Si no queremos comprar nada también podemos fabricar un sistema casero por medio de agua azucarada y levadura de panadería. La levadura va comiendo el azúcar y liberando CO2 al aire y alcohol al agua. La receta es fácil: se disuelven 200 g de azúcar en un litro de agua y se añade una cucharada de levadura de panadería fresca o deshidratada. En unas horas la mezcla estará burbujeando y permanecerá así durante ocho o diez días. Pasado este tiempo se tira y se sustituye por una mezcla nueva. Hay una versión muy interesante de este invento que alarga su duración hasta tres semanas en el que a la mezcla de agua y azúcar se le añade gelatina para que el líquido quede medio solidificado y la acción de la levadura se produzca más lentamente.

Mezclar vinagre y bicarbonato sódico produce una reacción química que libera dióxido de carbono al momento. Es un buen sistema siempre que se busque una manera de producir la mezcla poco a poco y no toda al mismo tiempo. Se puede llenar un recipiente con bicarbonato sódico e ir añadiendo el vinagre gota a gota para que la producción de gas sea continua.

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