Fallos en la recta final
Tengo un pequeño armario de cultivo de interior desde hace un par de años, por lo que cuento con algo de experiencia. Sin embargo, me da la sensación de que algo se me escapa en la fase final de floración, en las últimas semanas antes de cosechar. Las plantas crecen muy bien y empiezan a florecer preciosas, pero no acabo de lograr cogollos muy potentes ni un sabor o aroma realmente bueno. No tengo claro qué puedo estar haciendo mal y me gustaría que me explicaras cuáles son los errores más típicos en esta fase, a ver si me siento reflejada en alguno. Muchas gracias.
La parte final de la floración es el momento clave de toda cosecha. En el último mes antes de cortar es cuando las plantas producen la mayoría de la resina, los cannabinoides y los terpenos, que son el verdadero objetivo del cultivador. Hay varios errores típicos de esta fase que comenten muchos cultivadores. Probablemente, uno de los más importantes es cosechar demasiado pronto. El cultivador ve que el cogollo está gordo y tiene muy buena pinta, le entra la impaciencia y teme que pase algo y se estropee la cosecha, así que se adelanta y corta una semana antes de lo que debe. El problema es que está ahorrándose la semana más importante de todas: cuando más resina se produce. Pierde peso, potencia y muchos terpenos, por lo que la cosecha es escasa, poco potente y poco aromática.
Otro error frecuente es el contrario, cortar tarde por miedo a perder producción. Si te retrasas en la cosecha la planta se sobremadura, parte de los cannabinoides empiezan a degradarse y el efecto psicoactivo se vuelve más sedante y menos estimulante. Evita estos errores teniendo en cuenta el tiempo de maduración que indica el catálogo del banco de semillas y observando el color de los tricomas con una lupa potente o un pequeño microscopio de campo. Cuando los primeros tricomas dejan de ser transparentes y empiezan a coger un color ámbar amarillento, las plantas están listas para la cosecha.
Aún hay un error muy frecuente: abonar hasta el último día y no hacer un buen lavado de raíces. La consecuencia es que la hierba rasca, tiene un humo áspero y hace toser. Deja de usar fertilizante al menos una semana antes de cosechar y riega solo con agua en esos últimos días. Verás que las hojas amarillean, pero, no te preocupes, la planta está utilizando las reservas de nutrientes y limpiando las hojas de sales acumuladas. El sabor será mucho mejor y la experiencia del consumo, más suave y gustosa.
Asegúrate de que la humedad ambiental permanezca baja (por debajo del 50%) y la ventilación sea buena para evitar la aparición de hongos. Revisa bien los cogollos con frecuencia para detectar cualquier problema lo antes posible, pero evita manosear los cogollos innecesariamente, ya que las glándulas de resina son muy delicadas y se rompen con facilidad. Deja que la planta siga su curso, no intentes hacer más de la cuenta, como añadir estimulantes de última hora o aumentar en exceso la cantidad de abono. En el final de la floración hay que dejar a la planta tranquila, ella sabe lo que tiene que hacer. Y, por supuesto, no fumigues nada sobre los cogollos: ni insecticidas ni fungicidas ni abonos. Los cogollos cuanto más limpios estén mejor.
Por último, cuando coseches y metas las plantas en el secadero no te apresures. El secado debe ser lento y durar entre una y dos semanas para que se puedan producir todos los procesos químicos necesarios en su interior. Un secado demasiado rápido nunca produce la mejor calidad. Siempre que sea posible es preferible secar con temperaturas no muy altas, entre 18 y 21 ºC, y con un 50% de humedad, así los cogollos se secan a una velocidad moderada, suficientemente rápido como para no enmohecerse y suficientemente lento como para ir curándose y no perder muchos terpenos.