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Oídio en el "indoor"

Tengo un armario de cultivo montado en el garaje. Tiene una lámpara de 400 W de sodio y dentro pongo seis plantas. En esta última cosecha son tres Furious Candy, de Eva Seeds, y tres MK Ultra Kush, de T.H. Seeds. El caso es que están en la cuarta semana de floración y acabo de ver que tienen algo de oídio. Sobre todo por las hojas más que por los cogollos: las tres Furious Candy están algo más infectadas que las MK Ultra Kush, pero todas tienen algo de hongo. ¿Qué hago? ¡Socorro, ayúdame! Gracias, profe.

Kevin

En los años noventa creo que no vi nunca un cultivo de interior de cannabis con oídio, y ahora es uno de los principales problemas al que se enfrentan los cultivadores. Sea por que se ha ido haciendo más fuerte o porque las plantas han perdido resistencia, el caso es que el oídio es una plaga mucho más habitual en el cannabis de lo que lo era antes. El oídio se caracteriza por un polvo blanco que recubre las hojas y las flores de las plantas. Hay varias especies que producen oídio, y cada una de ellas está especializada en atacar a una o varias familias de plantas en particular. Es un hongo que se reproduce con gran rapidez, por lo que si no se actúa inmediatamente puede llegar a infectar todas las plantas de un cuarto de cultivo en menos de una semana.

Al contrario de lo que sucede con otras especies de hongos, el oídio no requiere para desarrollarse una humedad excesiva, de hecho, puede aparecer y reproducirse en ambientes relativamente secos. Entre los factores que ayudan a su aparición y propagación hay que destacar las condiciones de poca luz y la aireación escasa. Si el aire no corre alrededor de la planta y además hay poca luz, el peligro es alto. Por eso suele aparecer en primer lugar en las ramas bajas de los cultivos con deficiente iluminación y poca ventilación, ya que son las más propensas a sufrir su ataque.

Hay dos especies diferentes que causan oídio en el cannabis: Podosphaera macularis y Leveillula taurica; la primera requiere un mayor nivel de humedad ambiental y una temperatura más fresca, mientras que la segunda es capaz de germinar en climas más cálidos y con una humedad relativa incluso del 0%.

Los cambios en la humedad ambiental, el exceso de nitrógeno, la baja intensidad lumínica, las temperaturas suaves y la falta de aireación en torno a las plantas son los elementos que más peligro traen de que aparezca este hongo.

Oídio en el ‘indoor’

Es relativamente sencillo matar el oídio, ya que se encuentra sobre las hojas y no penetra en el interior de las células, pero es mucho más difícil acabar del todo con la infección una vez ha hecho aparición. Se producen millones de esporas que reinfectan las plantas continuamente, y es muy complicado acabar con las esporas.

Los agricultores convencionales combaten el oídio por medio de fungicidas sistémicos que penetran dentro de las plantas y ejercen su acción desde el interior, pero los cultivadores de cannabis prefieren evitar estos productos por sus posibles efectos secundarios, ya que se desconoce qué efecto pueden tener los restos de pesticidas cuando se fuman los cogollos. Al no usar pesticidas sintéticos de última generación, la lucha es mucho más difícil. La única forma de vencer es tratar el problema de manera global desarrollando una estrategia integral de control y prevención de plagas. En primer lugar hay que evitar las condiciones propicias para su aparición: alta densidad, exceso de nitrógeno, poca ventilación… Si el ambiente es favorable a la aparición de oídio es fundamental escoger variedades que tengan una natural resistencia al hongo. Si se emplean genéticas sensibles al oídio, es prácticamente imposible evitarlo. El cultivador debe velar por la salud de las plantas; si están sanas su sistema inmunitario funcionará bien y podrá defenderlas con mayor éxito de las plagas. La aplicación preventiva de fungicidas naturales y ecológicos que no dejen residuos puede evitar su aparición o, al menos, mantener su desarrollo controlado. Hay muchos productos ecológicos con una acción fungicida sobre el oídio: bicarbonato sódico, bicarbonato potásico, agua oxigenada, jabón potásico, extracto de canela, aceite de nim o incluso la leche de vaca son efectivos, pero su persistencia es corta y deben pulverizarse con frecuencia para lograr resultados permanentes.

Tres productos destacan por su utilidad: el bicarbonato potásico, el jabón potásico y el agua oxigenada. Los tres matan al oídio cuando lo tocan. El jabón y el bicarbonato tienen una cierta acción preventiva o protectora que evita la reaparición durante unos días (este efecto es más pronunciado en el jabón potásico que en el bicarbonato).

El agua oxigenada, diluida en cinco o diez partes de agua, mata el micelio en cuanto lo toca y no deja ningún residuo, por lo que tiene la gran ventaja de que se puede emplear en cualquier momento de la vida de la planta, incluso el día de cosecharla. El inconveniente es que su persistencia es nula, al día siguiente deja de hacer efecto y el oídio reaparecerá, aunque con fumigaciones diarias se puede lograr mantener las plantas sanas si no falta demasiado para la cosecha. El bicarbonato potásico (o el sódico si no podemos encontrar el potásico) tiene una mayor persistencia pero también puede provocar una cierta fitotoxicidad y quemar los estigmas de las flores. Se usa en una concentración de 5 a 10 g por litro de agua. La fumigación de jabón potásico es una buena medida preventiva, siempre que se emplee antes de que aparezca el oídio; eleva el pH de la superficie de las hojas dificultando la germinación de las esporas. Todos los fungicidas ecológicos actúan por contacto, por lo que resulta absolutamente fundamental que se fumigue asegurándose de mojar todas las partes de la planta, incluida la cara inferior de las hojas.

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