Razas puras locales o ‘landraces’
Estoy interesando por la genética y el cultivo de cannabis en modo criador y me gustaría tener variedades puras y estables que expresen sus particularidades y singularidades más allá del tipo que sean o la potencia que tengan, para poder cultivarlas y disfrutar de una experiencia de cultivo completa durante varias generaciones endogámicas. Sin embargo, me estoy encontrando con variedades que los bancos de semillas anuncian como landrace que realmente, a la hora de plantarlas, parecen no serlo, pues no muestran las características que anuncian o sus fenotipos se alejan mucho de presentar una estabilidad, incluso llegando a mostrar malformaciones en las hojas desde los primeros estadios. ¿Podrías aconsejarme alguna forma más segura y certera de conseguir alguna de estas genéticas que no implique ir a buscarlas a su lugar de origen? Tampoco conozco a fumadores ni criadores en mi círculo, así que me siento un poco limitado en este aspecto. Muchas gracias.
Una variedad autóctona o local de cannabis, lo que popularmente se conoce como landrace, es un variedad pura que ha sido desarrollada y adaptada a una región geográfica específica a lo largo de un extenso periodo de tiempo, sin una significativa participación humana ni mediante la hibridación o cruce con otras variedades. Estas variedades tienen un perfil genético único y características propias que son consecuencia de la influencia del ambiente: clima, tierra, altitud…
Las razas puras autóctonas deben cumplir ciertas características para ser consideradas como tales. En primer lugar, deben ser genéticamente estables, esto quiere decir que todas las plantas tienen una genética similar debido a su aislamiento de otras variedades. Por lo general, reciben su nombre de la región en la que crecen: Durban Poison es un variedad de la región de Durban, en Sudáfrica; Hindu Kush es una variedad de la cordillera del mismo nombre; las afganas vienen de Afganistán, etc.
Además, por su falta de hibridación, suelen ser variedades sativas puras o índicas puras, aunque a veces pueden tener un origen híbrido, como en el caso de las variedades mexicanas, que originalmente resultan del cruce de variedades sativas de cáñamo que los españoles cultivaban en México desde el siglo xvi con variedades índicas que llegan con la inmigración de trabajadores de la India a las colonias inglesas del Caribe a partir del siglo xix. Tras la primera hibridación, estas variedades luego evolucionan aisladas y sin más cruces.
Una auténtica variedad local debería tener un aroma, un sabor y un efecto característicos de esa variedad. Debido a la adaptación producida a lo largo del tiempo, acaban teniendo un perfil de terpenos y cannabinoides propio y particular. Por ejemplo, las plantas afganas suelen ser narcóticas y relajantes, mientras que las tailandesas tienen un efecto cerebral y estimulante.
Hoy en día es realmente difícil encontrar landraces puras y auténticas. Desde hace cuarenta o cincuenta años, los cultivadores de los países tradicionalmente productores de cannabis empezaron a sembrar semillas de variedades que traían de otros países en busca de mayor producción o calidad. Por ejemplo, México empezó a sembrar semillas de variedades importadas de Estados Unidos como Skunk. Algo similar ha sucedido en Marruecos o Tailandia. La globalización acrecentó este problema, pues las genéticas viajaban con facilidad de una punta a otra del planeta. Actualmente, es muy complicado encontrar cultivos de variedades locales puras incluso en los países con mayor tradición cannábica. Aunque no siempre obtendremos auténticas landraces, seguramente la mejor opción sea comprarlas a bancos de semillas. Podemos intentar localizar bancos de semillas locales del país del que queramos obtener la landrace, si es que los encontramos, o intentar contactar con cultivadores locales a través de foros de internet. No será fácil y es muy probable que ni siquiera ellos tengan ya acceso a las auténticas variedades autóctonas tradicionales.
Si queremos comprobar hasta qué punto puede ser pura una variedad que hayamos comprado, el mejor sistema es cruzar un macho y una hembra de la variedad y sembrar la descendencia. Cuanto más pura es una variedad, más homogénea deberían resultar las semillas del cruce. Es decir, todas las plantas tienen que compartir más o menos las características principales. No tienen por qué ser idénticas pero sí parecidas, con una forma de crecimiento, olor, aspecto y psicoactividad similares.
En todo caso, ya que tienes un interés como criador, puedes intentar estabilizar la variedad, partiendo de las semillas que consigas, para que se parezca lo más posible a la genética original. Ten en cuenta que las variedades autóctonas se desarrollaron en cultivos de exterior y en un clima y unas condiciones determinadas, por lo que no es fácil lograr, por ejemplo, recrear en un cultivo de interior una variedad nepalí que crece naturalmente hasta los tres metros, a más de dos mil metros de altitud y en un clima de alta montaña. ¡Buena suerte y disfruta del proceso!