Sacar sativas a exterior para acelerar la floración
Analicemos la cuestión. Las sativas son originarias, en su gran mayoría, de regiones cercanas al ecuador, donde la duración de los días y las noches varía poco a lo largo del año. Justo en la línea ecuatorial, los días y las noches duran doce horas siempre. Por tanto, las variedades sativas suelen necesitar noches de doce horas para florecer, mientras que las índicas pueden florecer con solo diez u once horas de oscuridad. En la península Ibérica, las noches de doce horas llegan a partir de septiembre. El equinoccio de otoño, que ocurre el 20 o 21 de septiembre y marca el inicio de la estación otoñal, es el día a partir del cual las noches son más largas que los días. En principio, la mayoría de las sativas puras no empiezan a florecer hasta septiembre, aunque, en función de si su lugar de origen está más o menos alejado del ecuador y de la región exacta de la península Ibérica donde estemos, la floración puede empezar un poco antes o un poco después. Por tanto, independientemente del número de horas de luz y oscuridad que tengan las plantas en interior, si sacamos las sativas fuera antes de septiembre, las plantas seguirán creciendo y no empezarán a florecer hasta que el fotoperiodo natural se lo indique.
Si no queremos que las sativas se hagan muy grandes tenemos, básicamente, dos opciones. La primera y más sencilla es sembrarlas directamente en exterior pero muy tarde, para que tengan pocas semanas de crecimiento desde la germinación hasta que el fotoperiodo natural las induzca a florecer; por ejemplo, podemos sembrarlas en los primeros quince días del mes de agosto y empezarán a florecer entre tres y seis semanas después, sin haber tenido tiempo de hacerse muy altas. La ventaja de este sistema es que el crecimiento se produce fuera, sin necesidad de mantener un cuarto de cultivo en interior. La desventaja es que la floración se lleva a cabo entre septiembre y noviembre o diciembre, cuando el clima es más frío, lluvioso y el número de horas de sol es menor, por lo que la producción será más baja.
La segunda forma de controlar la altura de las sativas es forzar la floración antes de lo que sería natural, aumentando artificialmente la duración de las noches. Para hacerlo plantamos las semillas directamente en exterior en abril o mayo y, cuando tienen el tamaño al que queremos que empiecen a florecer (en junio, por ejemplo), las metemos cada día en un cuarto oscuro dentro de casa durante doce horas, siguiendo un horario más o menos fijo, por ejemplo, de ocho de la tarde a ocho de la mañana. De este modo, y aunque las noches del fotoperiodo exterior natural sean más cortas, como las plantas estarán doce horas a oscuras empezarán a florecer. Es muy importante que las doce horas de oscuridad sean continuas e ininterrumpidas para que la floración ocurra correctamente. Y no solo hay que darles noches largas hasta que la floración empieza, sino continuar haciéndolo durante toda la floración, ya que si paramos corremos el riesgo de que dejen de florecer y vuelvan a la fase de crecimiento vegetativo. Este sistema es muy útil para lograr cosechar las sativas antes de que llegue el frío y para controlar su altura. No hay que olvidar que el tamaño de las variedades sativas suele aumentar mucho durante la floración y no es raro que dupliquen o tripliquen la altura que tenían al final de la fase vegetativa. Si queremos sativas pequeñas, tendremos que ponerlas a florecer con poca altura.
Por último, si queremos hacer una cosecha de primavera de sativas, de modo similar a la cosecha de índicas tempranas, la única diferencia es que, después de crecerlas en interior, cuando las saquemos fuera en marzo empezarán a florecer naturalmente porque el fotoperiodo de marzo es similar al de septiembre pero los días se van alargando y en pocas semanas las sativas dejarán de florecer salvo que nos aseguremos de que sigan recibiendo noches largas metiéndolas en un cuarto oscuro doce horas cada día.