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Me gustaría comprar un vaporizador pero no sé si funcionan bien o no, además, la mayoría son muy caros. Siempre he fumado porros y no me gusta hacerlo en pipa, por lo que tampoco tengo claro si me acostumbraría. ¿Cuál es tu experiencia y opinión sobre los vaporizadores?, ¿qué me recomiendas?

R.

Me gustan mucho los vaporizadores, creo que son un gran invento, pues eliminan la parte más perjudicial del consumo tradicional de cannabis: el humo. Hasta su invención, la única forma de consumir cannabis sin aspirar humo era ingerirlo oralmente, una forma de consumo que tiene un efecto distinto y en el que resulta muy difícil ajustar la dosis en función de los efectos, pues estos tardan mucho en aparecer. En cambio, cuando se vaporiza cannabis los efectos aparecen con la misma rapidez que cuando se fuma, y por ello resulta muy fácil controlar la dosis, dando más o menos caladas hasta alcanzar el efecto deseado. Los vaporizadores no queman el cannabis como sucede en un porro o una pipa. Solo calientan la materia vegetal hasta una temperatura suficientemente alta como para que los principios activos se evaporen pero no tanto como para que se produzca la combustión de la materia vegetal, que es lo que genera el humo. La vaporización nos permite inhalar los cannabinoides en forma de vapor, evitando los subproductos tóxicos y el alquitrán que se generan al fumar. Hay numerosos estudios realizados sobre la vaporización que demuestran que es un sistema de consumo más saludable que fumar. Por ejemplo, un estudio mostró que el vapor de un vaporizador era THC en un 89%, mientras que en el humo solo el 12% son cannabinoides y el resto corresponde a distintos compuestos resultantes de la combustión, algunos de ellos cancerígenos, que acaban en los pulmones. Cuando se quema el cannabis muchas sustancias se transforman y se convierten en otras diferentes, a menudo más tóxicas y peligrosas. La vaporización, por el contrario, no altera las moléculas, simplemente las evapora.

La transición del porro al vaporizador no es siempre fácil, especialmente si el consumidor estaba acostumbrado a fumar el cannabis mezclado con tabaco. Los efectos del cannabis sin tabaco son diferentes, a veces más intensos o nerviosos, pues se nota la falta de la acción calmante de la nicotina. Por lo general, la cantidad de cannabis consumida diariamente baja bastante cuando se pasa del porro al vaporizador, no solo porque al vaporizar se suelen usar dosis más pequeñas, también porque muchos consumidores empiezan a vaporizar cuando dejan el tabaco. En general, quienes fuman el cannabis mezclado con tabaco fuman más porros al día porque el cuerpo les pide nicotina con mayor frecuencia. En cambio, si se abandona la nicotina, el consumidor suele espaciar más las tomas, pues los efectos del cannabis duran más que los de la nicotina.

La vaporización requiere calentar el cannabis hasta una temperatura de 180 a 210 ºC y sin llegar a 230 ºC para que no haya combustión. Según la forma de calentar la muestra, hay dos tipos de vaporizadores: por conducción o por convección. Los de conducción calientan una placa metálica, sobre la que está la muestra, y el calor se transfiere por contacto. Es el sistema que usan los vaporizadores más baratos y es el peor, porque suele haber algo de combustión, ya que la muestra no se calienta de manera uniforme. Todos los vaporizadores de calidad usan el sistema de convección, en el que se calienta la muestra usando una corriente de aire. Hoy en día hay una enorme diversidad de vaporizadores a la venta, de todos los precios y características para ajustarse a las necesidades de cada consumidor. Por lo general, los modelos de mesa suelen ser los que producen mejor vapor, pero cada vez hay más modelos pequeños y de bolsillo con buenas prestaciones.

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