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¿Black or white? Michael Jackson y los biopics musicales

Con ocasión del estreno de Michael hacemos un repaso de otras películas biográficas de grandes cantantes, con sus tópicos habituales, sus deslumbrantes luces y sus alargadas sombras.

El próximo 6 de octubre se cumplirán 99 años desde que los espectadores del Warner Theater de Nueva York escucharon por vez primera hablar y cantar sincronizadamente a un actor en una película. La película era The jazz Singer, un filme de Alan Crosland que adaptaba una pieza teatral del mismo nombre y que contaba la historia de un joven judío que quería convertirse en cantante de jazz contra los deseos de su padre, rabino de sinagoga. La pieza ya había triunfado en Broadway dos años antes y para el papel principal en cine se eligió a un entonces famoso cantante de vodevil llamado Al Jolson. El estreno, al que no acudieron los hermanos Warner que andaban de luto por la muerte de uno de ellos, fue un triunfo absoluto. En el estreno el público gritó y aulló de júbilo en los momentos de la película donde se escuchaba hablar y cantar a Jolson gracias al sistema Vitaphone: poco más de 12 minutos en un filme silente de hora y media. Sin embargo, a pesar del éxito de público, la crítica concluyó que la película, más allá de alabar la hazaña tecnológica que cambió la manera de ver, disfrutar y comercializar el cine para siempre, era de trama vulgar y pasada de moda. En la última escena de la película Jolson cantaba en un teatro frente a sus padres y se marcaba un blackface en toda regla. Entonces aquella práctica hoy considerada unánimemente racista ni siquiera levantó crítica entre la comunidad negra. El periódico afroamericano Amsterdam News llegó a calificar la película como “una de las grandes producciones” cinematográficas y expresó orgullo por el trabajo de Jolson, a quien percibían como un aliado que solía incluir en sus producciones teatrales a artistas negros y dio siempre mucha visibilidad a géneros musicales como el blues, el jazz o el góspel.

He estado pensando en aquella película desde que vi Michael (Antoine Fuqua), el polémico film sobre la primera etapa de la vida de Michael Jackson (1958-2009) que a la hora de escribir estas líneas –dos semanas desde su estreno en cines– ya se ha convertido en el biopic que más taquilla ha hecho en su estreno: 438 millones de dólares de vellón lleva recaudados. Al igual que sucedió con El cantor de jazz en su día, la crítica no ha sido benevolente con la película. Al contrario, la ha puesto a caldo. Antes de su estreno la crítica especializada en páginas como Rotten Tomatoes acumulaba un 70% de reseñas que la suspendían. Sin embargo, la lista de reseñas de los espectadores que han ido a verla y de manera bastante masiva hasta la fecha acumula un ¡97%! de críticas positivas. No se conocen muchos casos de semejante y extrema polarización.

La típica estructura

Jaafar Jackson, sobrino del cantante, encarna con nota a MJ. Clava sus bailes, gestos y la voz hablada. Pero hubo que disimularle el culo, mucho más macizo que el de su juncal tío.

Jaafar Jackson, sobrino del cantante, encarna con nota a MJ. Clava sus bailes, gestos y la voz hablada. Pero hubo que disimularle el culo, mucho más macizo que el de su juncal tío.

"Se llegó a hacer una versión inicial de cuatro horas que comenzaba con la prueba pericial
que se le hizo a Jackson durante el juicio por abusos para saber si realmente tenía en el pene
las características que sus teóricas víctimas declaraban"

Pero les decía lo mucho que me venía a la memoria el caso de El cantor de jazz. La primera, la de 1927, que después se hicieron varios remakes a lo largo de los años, uno de ellos en 1980 que protagonizó Neil Diamond. Precisamente sobre Diamond, uno de los artistas que no tiene aún biopic oficial, se estrenó hace unos meses una peli sobre una pareja real que hacía versiones de sus canciones, Song Sung Blue, protagonizada por Huhg Jackman y Kate Hudson. La pueden ver. Sin pretensiones. Y tiene la típica estructura del círculo de búsqueda-superación-adicción-caída-redención tan común a casi todos los biopics musicales. Una peli que demuestra que la mayoría de las pelis de este género están cortados por el mismo patrón sean estrellas o cutres aficionados. O bien las adicciones acaban con tu vida, te conviertes así en leyenda y eso permite que las discográficas, tus herederos o unos abogados avispados hagan unos años después un biopic para relanzar el catálogo de la obra del artista y forrarse una vez más. O bien las superas y llegas a hacer una peli sobre ti mismo en vida con tus derechos controladitos. 

Es por ejemplo el caso de dos biopics recientes, a mi gusto de lo mejorcito en la materia. El RocketMan (2019) sobre Elton John interpretado por Taron Egerton y el Better Man (2024), sobre Robbie Williams, interpretado por un chimpancé de CGI (Imágenes Generadas por Computadora) y narrado por el mismo Williams. Este, aunque nunca he sido fan ni de Williams en solitario y menos aún de la bandboy Take That! donde comenzó su carrera, es uno de mis favoritos. Williams es lo suficientemente inteligente como para saber que, si es un mono el que lo interpreta, nadie del público andará pensando si el actor se parece más o menos al original, se verán con más indulgencia los pasotes en forma de bravuconadas, idioteces narcisistas, traiciones, violencias y rayas y birras sin fin que se mete a lo largo de la película el protagonista y, al fin, será el primero en reírse de sí mismo y del show business encarnándose en un mono de feria emperrado en triunfar por encima de todo. Y como a estas alturas del partido nos han acabado gustando más los animales que las personas, la apuesta del Williams le hace salir victorioso de una película tan tópica en su estructura como todas las demás.

Además, admitámoslo, en materia puramente musical e influencia cultural el bueno de Robbie no puede competir ni con Ray Charles, ni con Elton John, ni con Elvis, ni con Bruce Springteen, ni con Bob Dylan, por citar a otros dos artistas vivos biopicados de la última temporada que han utilizado una estructura similar: contar una etapa muy particular de sus biografías para hacer filmes que vayan aparejados a un relanzamiento discográfico de parte de su catálogo. Springsteen: Deliver Me From Nowhere, cuenta las dificultades que tuvo un joven Bruce interpretado por Jeremy Allen White, para hacer el disco Nebraska fuera de todas las convenciones comerciales, mientras enfrentaba sus problemas de depresión. A complete unknown habla del paso del Bob Dylan de 19 años folk al período eléctrico que inició en el festival de Newport Folk Festival. Esta película de James Mangold está muy bien ambientada y la interpreta Timothée Chalamet, que es buen actor pero que mí se me atraganta cada vez más. Si tengo que elegir una peli sobre Dylan, cómo no, me sigo quedando con I’m not there, un filme del esteta y talentoso Todd Haynes de 2007. Digo desde ya que si quiero ver una película sobre un músico elegiré siempre un documental que los hay a decenas y excepcionales.

Un film que evita la polémica

Escena ficticia de Michael que funde dos sucesos reales para destacar la popularidad del cantante en los años 80.

Escena ficticia de Michael que funde dos sucesos reales para destacar la popularidad del cantante en los años 80.

Lo cierto es que a estas alturas de relato les he hablado poco de Michael. The Film. It’s complicated... A ver, es un filme que nace con las manos atadas al estar producido por parte de su familia y por el gerente de sus derechos, el abogado John Branca al que interpreta Miles Teller –la otra parte del catálogo de Jacko lo compró Sony Music hace unos años– y es una peli que no quiere meterse en líos pero que sabe que cuenta con una baza excepcional: un puñado de canciones tan jodidamente buenas de uno de los mejores artistas pop que han existido, que, con que vayas a un cine con buen sonido ya tienes el éxito asegurado. Aquí la duda estaba en ver si el sobrino de Jacko, Jaafar, hijo de Jermaine, el hermano que más discusiones tuvo con Michael, era capaz de interpretar a un tipo que fue único y del que varias generaciones han visto casi todos sus movimientos, escuchado sus canciones, visto sus clips y que durante un tiempo fue el hombre más famoso del mundo. Y, bueno, hay que decir que lo que hace, lo clava. Y que el chaval que lo interpreta de niño, Juliano Krue Valdi, también lo borda. Así que por ahí, bien.

El problema de esta película es que se llegó a hacer una versión inicial de cuatro horas que no se parecía en nada a lo que ha resultado ser el filme. La película, cuyo guionista es John Logan –poca broma, el de Gladiator y El último samurái–, comenzaba con la prueba pericial que se le hizo a Jackson durante el juicio por abusos para saber si realmente tenía en el pene las características que sus teóricas víctimas declaraban (cosa que resultó no ser cierta: todo eso está publicado y contrastado). O sea, que el tema de los abusos a menores era con el que arrancaba la película. Pero resulta, y eso no lo sabe mucha gente, que cuando MJ llegó a un acuerdo extrajudicial compensatorio de 23 millones de dólares con sus primeros denunciantes –Jordan Chandler y su familia–, parte del acuerdo incluía una cláusula de confidencialidad que impedía a Jackson dar publicidad sobre el caso. 

Michael Jackson y los biopics musicales

Así que la película que iba a ser finalmente no ha visto la luz. La que se ha estrenado arranca con los ensayos musicales caseros de la familia Jackson en Gary (Indiana), siendo Michael un niño brillante e inocente al que su padre Joe castiga desde el inicio, como un implacable abusador empeñado en hacer de sus hijos estrellas del pop y él forrarse de paso. Bueno, en realidad arranca con los pies de MJ con sus mocasines y calcetines blancos. Pero esos son los créditos. Y acaba tras la última gira del Victory Tour con el resto de sus hermanos, despidiendo al padre y tomando por vez primera el control absoluto de su carrera con una actuación en vivo del disco Bad en 1987. Por lo tanto, históricamente, aún no existen ni Neverland –aunque Peter Pan aparezca una y otra vez y él identifique al malvado Garfio con su padre–, ni los abusos, ni nada. 

Por no existir en la película ni siquiera existe su hermana Janet, que fue siempre la mayor cómplice de Michael entre sus hermanos y la más talentosa. Ella ha declarado que no está muy de acuerdo en lo que se ha hecho con la peli, pero que no quiere armar polémica y se quita de en medio. Tampoco hay ni rastro en el filme de Diana Ross, fundamental en su mentoría y con quien tuvo una relación íntima desde que los Jackson 5 firmaron con la Motown. La única mujer que sale es su madre que a veces le dice bajito al padre que no se pase y lo abraza. El resto de los hermanos es casi decorativo a lo largo de la película: están ahí pero apenas hablan. Todo el peso de la villanía –que lo soporta de categoría– lo concentra un Joe Jackson odioso encarnado por el excelente Colman Domingo. 

¿Drogas o adicciones? Bueno, como sí sale lo del accidente durante la grabación del anuncio de Pepsi que le quemó parte del cabello y el cráneo, el Demerol aparece como aviso de lo que sabemos que terminó sucediendo. Algo que debería salir en la segunda parte del filme, que ya se ha confirmado que se hará. También se ve su primera cirugía plástica en la que se estrechó la nariz. Jackson en vida no reconoció más rinoplastias que la primera. Aunque en el filme tras la primera operación vemos a Michael tener una nariz cada vez más estrecha a medida que pasa el tiempo.

Blanco sin dejar de ser negro 

El filme recrea al milímetro actuaciones míticas de MJ.

El filme recrea al milímetro actuaciones míticas de MJ.

¿Y el vitíligo que según la autopsia había dejado la piel de Michael Jackson como la de una vaca? Pues también sale. Y sabemos por la película que en los primeros años Michael se tapaba las manchas blancas del rostro, las manos y los brazos con maquillaje negro. Como también sabemos que a medida que las partes blancas ocuparon más y más superficie de su piel, el cantante acabó despigmentando la melanina original con Benoquin para tener uniformidad. No, MJ no rechazó su raza y su cultura negra jamás. Pero sí fue un tipo acomplejado con su físico, torturado y enfermizamente exigente con su trabajo, con enorme dificultad para establecer relaciones personales y con una identidad muy desestructurada. 

Ah, y los animales. Salen por supuesto y muchos: llamas, jirafas, serpientes, se habla de la rata Ben a la que le dedicó una canción. Y cuando aparece el pequeño y encantador chimpancé Bubbles, me acordé del mono que hace de Robbie Williams en Better Man. ¿Recuerdan? Pensé que si Bubbles hubiese sido en realidad Robbie, tal vez Jackson hubiese sido menos sublime pero quizás aún estaría vivo. 

¿Y Quincy Jones? Poco, pero también sale. Solo faltaría. ¿Sale Paul Mc Cartney con quien grabó The girl is mine? Negativo. Los Beatles no han venido. ¿Canciones? Muchas. La peli puede ser un gran videoclip de lo bueno que era Michael Jackson con una dramatización simplista y disneyana de lo malo que era papá. Salen niños, pero en hospitales y en tiendas de juguetes a los que sonríe como un ángel de cuento. Ah, y hay un cameíllo de John Landis mientras están grabando el vídeo de “Thriller”. ¿La versión del Mago de Oz que hizo con Diana Ross? Nope. ¿El moonwalk? Por supuesto. La gala del 25 aniversario de la Motown donde dejó al público sin palabras. Otra escena donde, insisto, Jaafarito lo clava. Aviso: nunca ver esta película doblada. La voz eunuca de Bambi que gastaba Michael Jackson en español suena a chiste.

La historia blanqueada

Michael Jackson y los biopics musicales

Otros biopics musicales recientes recrean la vida o etapas concretas de grandes iconos del pop. De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Timothée Chalamet como Bob Dylan en A complete unknown; Hugh Jackman y Kate Hudson encarnan a una pareja de imitadores de Neil Diamond en Song Sung Blue; Jeremy Allen White hace de un joven Bruce Springsteen en Deliver Me From Nowhere; y Taron Egerton recrea y canta la aventura del primer Elton John en Rocket Man.

Han pasado cien años de la primera película en la que se escuchó cantar a un hombre en pantalla. Un judío que se enfrentó a su padre porque quería cantar lo que cantaban los negros y que pintaba al final su rostro con betún no para humillarlos sino para sentirse como ellos. Cien años después otra película cuenta (mal) la mitad de la historia de la mayor estrella musical de los últimos 50 años. ¿Blanquea su historia? Efectivamente, buddy. Es family friendly. La última intención de este filme era ganar pasta One more time, revitalizar la marca MJ entre los fans de Bad Bunny y para los 60 plus volver a sacar el disco de Off the wall de la funda y encender algo mientras pensamos que ya no se hacen discos como los de antes. 

Pero esta peli también nos recuerda que no hace mucho hubo un hombre negro capaz de bailar, cantar y cambiar la cultura popular como pocos. Un hombre negro que parecía venir de Marte y que acabó con la piel blanca porque una enfermedad le robó el pigmento. Un chico que también se enfrentó a su padre para poder hacer los discos que quería hacer. Un joven del que sabemos tantas cosas que resulta difícil saber qué es cierto, qué falso, qué es especulación y qué una simple maldad. Que lo único indiscutible son esas canciones, esa manera inigualable de cantar y revolucionar el R&B y el pop entero, y esos pasos de baile que hicieron rendirse a los mismísimos Fred Astaire y James Brown. Ese arte extraterrestre de alguien que no sabemos realmente si era una víctima o un verdugo o fue ambas cosas a lo largo del tiempo. Si era ese ángel inocente que aparece en su biopic o un cerdo enfermo que acabó jugando a los médicos con niños en su Nuncajamás y haciendo ricos a unos padres justicieros que después de trincar la pasta jamás volvieron a ver a sus hijos abusados. 

Recuerdo el día que vi el estreno del clip de la canción Black or White. Era al final de un telediario, creo y se emitía en todo el mundo a la vez. Tal era el poder del pavo. Estaba con mi madre a la que también asombraba aquel negro que se iba volviendo cada más blanco y andrógino. Recuerdo el asombro del morphing y todo eso. Pero sobre todo recuerdo cuando MJ se convertía en pantera al final de la canción. Bailaba sobre el asfalto nocturno sin música como un poseso. Reventó las lunas de un coche, se arrancó la camisa como un Camarón de la jungla, dio un grito salvaje y volvió a convertirse en pantera. Ese animal nunca lo tuvo en su zoo particular. Lo llevaba dentro.

Este contenido se publicó originalmente en la Revista Cáñamo #339

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