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¿Cómo usamos las mujeres nuestra belleza y nuestro capital erótico?

Hace dos años perdí mi belleza. Yo era una mujer perfecta, atractiva y encantadora. Tenía todos los amantes que quería, cambiaba de pareja cuando me aburría, me acostaba con hombres y con mujeres, y casi todos caían enamorados de mí. Poseía un poder extraordinario y sabía cómo usarlo para conseguir todo lo que deseaba. Fijándome en mi madre, aprendí todo lo que necesitaba: ella era una mujer muy poderosa. Me saqué el título de la universidad hechizando a mis profesores y profesoras. Tuve amantes ricos que invirtieron en mí y me ayudaron a montar un hotel que me da mucho dinero. 

Este poder me hacía muy feliz y me facilitaba la vida todo el tiempo. Porque la gente se enamoraba de mi felicidad y de la seguridad que tenía en mí misma. Yo nunca cuidaba a nadie, pero todo el mundo me cuidaba a mí. Hasta que enfermé de cáncer de mama y tuvieron que cortarme los pechos, se me cayó todo el pelo, adelgacé espantosamente y envejecí de golpe veinte años. Salieron otros rumores. Mis amantes me dejaron. Lloré como nunca en mi vida. 

Llevo mucho tiempo luchando contra una enfermedad que no me mata pero me tiene hecha polvo. Y en mi cuerpo no queda ni rastro de mi belleza. Ahora siento que sin mi capital erótico no tengo ningún poder, y que el que tuve lo utilicé de mala manera, porque le hice daño a mucha gente y jugué con sus sentimientos. He hablado con muchos ex, que me devuelven una imagen horrible de mí misma.

Siempre creí que por ser guapa tenía derecho a hacer lo que me diera la gana. Y no quiero educar a mis dos hijas como me educó mi madre. Ellas ya son dos adolescentes y han heredado mi belleza, pero noto que van por el mismo camino que yo y ya tienen varias víctimas sufriendo de amor por ellas. ¿Qué me aconsejas para que no usen su capital erótico y no hagan lo mismo que hice yo?

Olaya

Qué interesante tu historia, Olaya, gracias por compartirla. Esta es una de las grandes asignaturas pendientes que tenemos como sociedad: aprender a usar nuestro poder sin hacer daño a nadie. A las mujeres nos enseñan a usar nuestros encantos para someter a los hombres porque es el único poder que hemos tenido hasta ahora. El amor y las relaciones sexuales son el único ámbito en el que hemos podido manipular a los hombres para subir nuestro status, porque antes no podíamos ascender socialmente ni mejorar nuestra economía si no era a través de ellos. No podíamos trabajar ni dedicarnos a la política ni competir en los deportes ni podíamos investigar, montar una empresa o ejercer un cargo importante. El amor era lo único que nos proporcionaba ingresos, bien como esposas, bien como amantes. Pero este capital erotico femenino dura muy pocos años: en cuanto empezamos a envejercer o enfermamos, lo perdemos. Y a muchas mujeres les pasa como a ti: los hombres se largan y se acaba la fiesta. 

El poder que nos da nuestro atractivo sexual es una trampa, porque el mundo está lleno de mujeres guapas y jóvenes, y se nos van la energía y el tiempo en competir entre nosotras. Enseña a tus dos hijas a ser buenas personas y a tomar conciencia de cómo usan su poder para no hacer sufrir a nadie. No se trata de que no usen su capital erótico, sino de cómo lo usan y qué impacto tiene en los demás. Ayúdalas a identificar otros valores en ellas mismas (su inteligencia, su bondad, sus cualidades positivas), a entrenar la empatía, la solidaridad y la autocrítica amorosa, para que se relacionen con los demás de tú a tú. Háblales de la revolución amorosa para que aprendan a introducir en sus vidas y en sus relaciones la ética del amor y la filosofía de los cuidados.

Coral Herrera

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