Condenada a vivir con mi ex
Mi ex y yo nos separamos hace unos meses. Cuando tomé la decisión y se lo comuniqué, él lo aceptó sin problemas. Ya llevábamos dos años con ganas de romper la relación, así que sentarnos a hablar de cómo nos estábamos sintiendo fue una liberación para ambos. Días después, hablamos con nuestras dos hijas y se lo tomaron bastante bien. Pero el día en que nos sentamos a hablar de la logística, se nos cayó el mundo encima: las cuentas no salían. No tenemos dinero para alquilar otra casa y hacer custodia compartida.
En Madrid puedes salir de fiesta sin encontrarte a tu ex, según decía la presidenta Ayuso, porque es una ciudad muy grande. Pero no nos contó que mucha gente se encuentra con su ex al llegar a casa, porque los salarios no alcanzan para montar otro hogar. No soy la única que vive atrapada: tengo vecinas, amigas y compañeras de trabajo a las que les pasa lo mismo.
Ni siquiera podemos permitirnos el lujo de tener habitaciones separadas. Así que hemos de dormir con el ex nos apetezca o no. Las que están teniendo una separación complicada están viviendo un infierno, y las que tienen un ex machista y violento ni te cuento; a ellas les toca vivir una peli de terror titulada: “Durmiendo con mi enemigo”. Porque no tienen forma de escapar, aunque tengan un trabajo a tiempo completo: en Madrid, la vivienda es tan cara que vale lo mismo que el salario que cobramos.
Quería contártelo porque me parece superinjusto que nadie hable de ello: no es sano compartir techo con alguien con quien no quieres vivir. Cuando una relación se rompe, es muy complicado hacer tu vida y es una odisea enamorarte de nuevo. Y para muchas mujeres, es peligroso. Me pregunto cuánto tiempo voy a tener que vivir así, porque por mucho que buscamos soluciones, no encontramos la manera. La vivienda no para de subir, pero los salarios no suben. Me da terror pensar que nos va a tocar convivir hasta que nuestras hijas se vayan, si es que se van algún día. Ellas tienen quince y trece años, y me deprimo cuando veo en las noticias que la mitad de los jóvenes de más de treinta no se pueden independizar. ¿Cuándo podré liberarme?
Davinia, muchas gracias por poner este tema sobre la mesa. Realmente es un problema muy grave porque lo que está ocurriendo es que ya no tenemos derecho a divorciarnos, aunque nuestras leyes sí nos lo permitan. Y el derecho al divorcio es un derecho humano fundamental que a las mujeres nos costó siglos conseguir.
Si no nos podemos divorciar por motivos económicos, entonces el derecho al divorcio no sirve de nada. Solo beneficia a unas cuantas parejas, no al total de la población. Lo mismo sucede con el derecho a la Sanidad: tú pagas todos los meses, pero luego cuando lo necesitas no puedes recibir atención médica porque no hay citas o son para dentro de dos semanas. Las leyes te dicen que tienes derecho a ello, pero la realidad material se impone porque realmente no puedes ir al médico.
Esto no es un problema individual sino colectivo, y afecta a millones de parejas en todo el mundo. En estos tiempos de gentrificación, especulación inmobiliaria y fondos buitre, no poder alquilar o comprar una casa propia también atenta contra el derecho fundamental a la vivienda. Así que si el problema no es personal sino colectivo, las soluciones tienen que ser también colectivas.
No queda otra que salir masivamente a la calle a exigir a los gobernantes que garanticen estos dos derechos fundamentales a toda la población, hermana. Creo que tenemos que ir a la raíz: con estos niveles de pobreza y precariedad, son millones de personas las que no tienen acceso a los derechos humanos fundamentales. Las mujeres somos las más afectadas porque sufrimos precariedad y probreza en mayor medida que los hombres, especialmente las madres autónomas y las jefas de hogares monomaternales.
Tener una red de apoyo mutuo es fundamental, porque cada vez más mujeres se están uniendo para criar juntas: hay que nutrir, cuidar y fortalecer estas redes porque solas no podemos contra el sistema patriarcal y capitalista. Únete a la lucha de los colectivos, asociaciones, sindicatos de inquilinos, etc. que haya en tu barrio: cuando te enfrentas a un problema de tal magnitud es cuando te das cuenta de lo importante que es juntarte con gente que está como tú, y de que la unión hace la fuerza. Nos vemos en las calles, compañera. ¡Mucho ánimo!