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Los últimos polvos y la última noche

Después de divorciarme pasé tres años sin follar y diez sin tener pareja, y tan a gusto. Pensaba que podría vivir feliz así, con sexo ocasional con hombres guapos, pero compartiendo la vida con mis amigas. Hace cuatro meses conocí a un tipo increíble y tuve un flechazo brutal. Cuando me di cuenta de que a él le pasó lo mismo conmigo, fue como si me tomara un éxtasis, pero no de los que duran veinticuatro horas, sino cuatro meses. He estado durante todo este tiempo en una nube de serotonina, oxitocina y demás sustancias, y me siento muy agradecida con la vida por este regalo, porque creí que ya nunca más iba a enamorarme. Nunca he tenido la oportunidad de vivir esta pasión salvaje con ningún hombre, al menos no a este nivel tan grandioso; es un fenómeno en la cama. Cuando empezamos yo no quería hablar de futuro, yo solo quería gozar del presente. Conocernos bien, poco a poco, y después del romance ya veríamos si éramos compatibles para ser pareja. 

Este es el consejo que le doy siempre a todas mis amigas, pero con él ha sido muy difícil, porque este hombre no ha parado de hacerme love bombing en estos meses, y nos hemos ido de viaje todos los fines de semana. Desde el primer minuto ha sido superromántico, no paraba de decirme que él jamás había sentido algo así con una mujer, que quería casarse conmigo y vivir el resto de su vida conmigo, que yo era maravillosa, increíble, diosa. A ratos me dejaba llevar por su entusiasmo: al fin y al cabo, si estás de fiesta lo que mola es subirse al carro y dejarte llevar, aunque sé que el amor es un fenómeno de ilusión, una especie de espejismo, pero es que jamás había sentido tanto placer con alguien. Es un tipo divertido, culto, nada machista. Quiere presentarme a su familia y que nos vayamos a vivir juntos, está como loco conmigo, y aunque he tratado de frenarle y de pedirle que vayamos más despacio, te confieso que todo el tiempo siento que he encontrado al amor de mi vida y que me quiero beber la botella entera. 

Hace tres días recibí una carta escrita a mano por una mujer que me contaba que mi chico es experto en el bombardeo de amor, y que pasados unos meses se desinfla, se desenamora, se aburre y se va. Me cuenta su historia, pero me nombra a muchas chicas más a las que le hizo lo mismo: no es solo miedo al compromiso, es que realmente se aburre cuando consigue enamorar a una mujer, cual depredador romántico. No le he contado nada a él, pero llevo tres días que no tengo ganas de verle, y no paro de darle vueltas al tema. Porque una de las frases que más me ha impactado de la carta es esta: “Yo también me creí especial. Su anterior novia me lo advirtió en una carta, pero pensé que yo era diferente a los demás y que conmigo sería distinto porque lo nuestro ‘sí que era de verdad’. No caigas en esta trampa del ego, no tiene que ver con nosotras, es un problema de él. Cuídate mucho”. 

He leído mucho sobre el ego y es un tema que siempre me ha interesado, pero tengo que confesarte que al empezar a leerla pensé lo mismo: “Conmigo no va a pasar porque yo soy especial”. Al finalizar la carta me di cuenta de que es obvio que le va a pasar lo mismo conmigo, que chicas especiales somos todas. Así que estoy pensando en dejarle ahora que estoy con la cabeza fría, antes de que él me deje a mí. Pero, claro, estoy luchando dentro de mí porque pienso: ¿y si cometo una estupidez y dejo al amor de mi vida?, ¿y si me quedo a disfrutar del romance hasta que se acabe? Y la verdad que estoy muy enganchada a los dos niveles: el sexual y el romántico, pero ya he dejado varias drogas y sé cómo funciona mi cerebro, que siempre quiere más. Anticiparme podría ahorrarme mucho dolor, pero ¿y si lo nuestro es de verdad y me equivoco? Sé muy bien que tengo que protegerme y cuidarme a mí misma, pero me resisto a dejarlo... También estoy pensando en comentárselo a él para que me cuente por qué siempre acaba huyendo. Y, por otro lado, mi cerebro me dice que lo mejor es no hablar nada, echar los últimos polvos, disfrutar en la última noche y, después, dejarlo. ¿Tú qué me aconsejas? 

Sandra

Yo lo veo igual de claro que tu mente cuando está en modo racional usando el sentido común. Es mejor anticiparse, no tengo ninguna duda al respecto. Ahora que otra mujer te ha quitado la venda de los ojos, no puedes volver a ponértela. A ella intentaron ayudarla y no hizo caso y le tocó sufrir muchísimo. No es justo que tú pases a formar parte de esa lista de víctimas del depredador romántico. Ahórratelo si no te apetece lanzarte de cabeza al drama. Ahora que sabes que él se dedica a la caza romántica y se aburre cuando tiene la pieza a sus pies, tienes que intentar domar tu cerebro, que va a intentar engañarte de todas las formas posibles para que le sigas dando sus drogas favoritas. No es necesario pasarlo mal: es mucho mejor cortar de raíz y quedarte con un buen recuerdo. Así podrás decirte en un futuro: qué bien me lo pasé durante ese romance, qué bien supe terminarlo y qué bueno que supe cuidarme a mí misma. Esto mismo se lo aconsejarías a cualquiera de tus amigas: el love bombing es muy bonito, pero la resaca que deja es espantosa. 

Échate los últimos polvos en una noche loca, y dile adiós para siempre con mucho amor y cero dramas. Lo primero es el autocuidado, amiga, no se te olvide. Sufrir no sirve para nada, nos pone feas y nos envejece. Sé valiente y usa tu sentido común: lo mejor es ahorrarse sufrimiento y utilizar tu inteligencia. Ese depredador romántico merece quedarse solo. Es una cuestión de justicia social, hermana. Ahora es cuando toca poner en práctica el autocuidado: apóyate en tus amigas y libérate ya. 

Coral Herrera

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