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¿Por qué cuando lo consigo ya no lo valoro?

He estado cinco años enamorada de un compañero de trabajo en secreto, nunca le dije nada porque estaba casado y con hijos, y porque nos llevábamos muy bien y no quería estropear la relación. Se separó hace unos meses y en una cena de empresa estuvimos toda la noche juntos, bailando todas las canciones de la orquesta y yendo a ver amanecer al río. Pasamos todo el fin de semana retozando en la cama y le confesé mi secreto. Quedó fascinado y ahora está enamoradísimo de mí. Después de cuatro fines de semana juntos, me ha propuesto que pidamos el traslado a otra ciudad, que nos casemos y nos vayamos a vivir juntos. Siempre soñé con este cambio mágico y con esta propuesta de matrimonio y de proyecto de vida en común, pero no sé qué me pasa ahora que no me siento tan enamorada como antes, cuando era un amor imposible. Y estoy tan a gusto a solas que no me apetece cambiar de ciudad ni empezar de cero en otro sitio sin amigos ni amigas, y el rollo de casarnos me suena fatal. Me veo muy práctica ahora, y a él le veo muy romántico, y cuanto más se enamora, más me desenamoro. No sé cómo hacer, él está en su burbuja y me da cosa aterrizarle y proponerle otra forma de relacionarnos más tranquila. No sé qué me ha pasado, si antes estaba tan, tan enamorada… No me explico cómo puedo haber estado tanto tiempo soñando con esto y, ahora que lo tengo en mis manos, no me resulta tan maravilloso como yo había soñado. Estoy muy confusa y no sé si es que, ya que le tengo, resulta que ahora no le quiero.

Lau

No hay nada tan excitante como amar a alguien sin ser correspondida. A los humanos nos encantan los desafíos, y el “más difícil todavía”: nos pone cachondos que no nos hagan caso, se nos despierta el ego, que siempre quiere ganar todas las batallas, y nos ponemos activos. Cuando tenemos que “luchar” por nuestro amor nos despertamos, nos sentimos más vivos que nunca: tenemos un gran secreto, sufrimos en silencio y pasamos las horas en dulces ensoñaciones imaginando el milagro romántico (él de pronto se da cuenta de que soy especial y que realmente me ama, por ejemplo). Cuando el milagro se convierte en realidad, sucede que se acaba todo, que ya una no puede soñar más, que toca vivir el amor en la realidad. Construirse un romance platónico es hermoso, porque el amor que no podemos llevar a la realidad es mágico: no hay rutina, ni aburrimiento, ni problemas, ni está sujeto a las dinámicas de la convivencia y sus conflictos. El amor platónico es tan maravilloso porque permanece intacto, no se deteriora ni se desgasta. Tú llevas el timón de la relación, y tienes la libertad creativa de la escritora, de la directora de la película, de la directora de la orquesta: la melodía suena en tu cabeza exactamente como tú quieres. Pero cuando hay que comunicarse, pactar, negociar y construir el amor con la persona a la que amas, pues quizás ya no resulta tan apasionante como cuando tú eres la que lo diseña a tu medida. Cuanto más mitificamos el amor, cuanto más idealizamos a una persona, más nos decepcionamos. Nos cuesta querernos tal y como somos: la gente generalmente se enamora más del amor que de las personas. Quizás es lo que te ha pasado a ti, quizás deberías darle una oportunidad a la relación. Cierto que cada uno de vosotros está en un momento diferente, queréis cosas distintas, y tenéis ritmos diferentes también. Por eso lo mejor es hablarlo, y avanzar en la relación poco a poco, de manera que podáis conoceros bien y construir unidos el tipo de relación que se ajuste a lo que ambos queréis. Y si no podéis, no pasa nada. Ambos sois libres para quedaros o para iros, para juntaros o separaros: solo hay que ser sincera, cuidarse y cuidar al otro para que, pase lo que pase, duela lo menos posible. Suerte, Lau.

Mujer con peluche
Ilustración: ATA

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