Cubierta de Cols, la cara B.
La presentación más atómica de un cómic en los últimos años se vivió el pasado 13 de febrero en Madrid. Si tenemos en cuenta que no se trataba de un manga o de un tebeo superheroico sino de viñetas cocinadas en el underground, la cosa roza lo sobrenatural. 500 personas abarrotaban la sala Galileo para recibir Cols, la cara B (Autsaider Cómics) de Clara y Olivia Cábez. Un minifestival de lanzamiento que bautizaron como “Colsfest”, en el que participaron los madrileñísimos Miau! con su chotis tabernario acelerado, los renacidos Fantasmage y los sheriffs del arcade punk majarón Sistema de Entretenimiento. Fiesta, presentación y cabalgadiscos, un evento de 12 horas por la presentación de un cómic semisubterráneo. Me pinchan, y no sangro.
Semejante recibimiento y pifostio abre una serie de interrogantes: ¿los tebeos de gente en pijama están dejando hueco al cómic de chupas de cuero?, ¿está la escena del punk rock más viva que en los últimos veinte años?, y la que sin duda es más importante, ¿quién demonios es Cols?
Cols es una veinteañera del barrio de La Ventilla (Madrid) y Malasaña es el epicentro de su existencia. Cols lidera una banda de rock de garage –Las Gookie, junto a sus coleguis Nico y Margo– con la que trata de buscarse la vida en una escena en peligro de extinción. Conocimos de su existencia hará unos cuatro años a raíz de sus primeros cómics autoeditados, galardonados con el Premio al mejor fanzine del Salón del Cómic de Barcelona en 2022. Sus dos madres son las hermanas Cábez, Clara –al dibujo– y Olivia –al guion– y en este, su primer libro largo, sacan a Cols de gira con su banda por primera vez. Un concurso musical patrocinado por Churrerías Riquelme, llevará a Las Gookie a recorrer media España junto a otras bandas de variado pelaje e intenciones. Esta road movie nos paseará por los garitos más pintones y pintureros de la ruta: el 16 Toneladas en Valencia, el Bar de Joe en Almería, el Bar Leo en la Barceloneta o el nefando Casa Pepe. Esta gira de quince días de las chicas con el tupé más enhiesto dentro de la M-30, ha llevado a sus autoras, entre pitos, flautas, juergas, otros curros y vida real, casi tres años de trabajo.
En un proceso tan largo como el de este cómic, y con los inevitables acuerdos a alcanzar entre dibujante y guionista, ¿ha corrido peligro vuestra relación en algún momento?
Nosotras no tenemos una relación tan fácil de romper… Peligro no creo que haya corrido en ningún momento. Pero es verdad que la relación creativa y profesional sí que ha tenido algún tambaleo. Creo que es inevitable. También es verdad que la implicación en el proyecto es desigual para una guionista que para la dibujante. No siempre es fácil encontrar la motivación para sentarse a dibujar de 4 a 6 horas seguidas. De cualquier manera, nos encanta trabajar juntas, nos encanta vivir estas experiencias y crear el universo la una con la otra. Es una vivencia y una conexión que no suele darse con mucha gente, y además de entender las dos lo que queremos contar y cómo, también vivimos las cosas con una intensidad similar.
Estilo, color y actitud en las viñetas de Cols, la cara B de las hermanas Cábez
“Me gusta pensar que hay cosas que proyecto en los cómics que acaban sucediendo y que, a su vez, mi propia vida alimenta esa ficción”
Clara, aparte de los tebeos, tú curras en una discográfica, ¿no? Entiendo que es parte importante del generador de anécdotas para vuestras historietas…
Sí, trabajo en un sello discográfico desde hace un par de años desarrollando la parte del directo de algunas bandas. La música siempre ha sido mi motor creativo y la inspiración para cualquier cosa. No podría separar la imagen y la música, las canciones me llevan a colores, formas, composiciones, y las imágenes me transmiten emociones y energías concretas que crean ambientes que solo la música puede completar. Mi relación con la música, previa al ámbito profesional, ha sido siempre desde un acercamiento inevitable, a través de formar parte de ciertas comunidades, ya sea como colega o fan. Una cosa llevó a la otra y acabé en estos senderos de forma nada premeditada. Me gusta pensar que hay cosas que proyecto en los cómics que acaban sucediendo y que, a su vez, mi propia vida alimenta esa ficción.
Y tú, Olivia, escuché el otro día en Territorio 9, de Radio 3, que trabajas en algo relacionado con la docencia y la industria farmacéutica, y que también de ahí sacaste uno de los personajes del tebeo.
Me dedico al sector académico, estoy en una escuela de másteres de la industria farmacéutica. Hace un par de años, cuando estaba diseñando en mi cabeza al abuelo de Cols, acompañé a los alumnos a una visita de una empresa que se dedica a estudiar especies marinas para hacer fármacos oncológicos y nos contaron que, en nómina, aparte de físicos, investigadores o personas de regulación, tienen buzos titulados en biología marina y son quienes se van en búsqueda de especies que puedan reunir los requisitos que ellos buscan. Contaron aventuras con piratas en las travesías, anécdotas de robos, tormentas… Los pintaron como las superestrellas de la empresa. Me gustó tanto conocer la profesión, que de repente me cuadró: el abuelo de Cols es buzo y biólogo marino, por eso vive en el mar, es fuerte, enérgico y culto. Fue como una revelación. Pero esto, efectivamente, pasa con todo. En la vida, si estás despierta y atenta, se le puede sacar jugo a cualquier situación, porque luego la ficción lo que te ayuda es a que todos esos elementos juntos tengan sentido.
Margo, una de las Gookie, se lía y se fuma un sabroso porro de hierba.
“La estética rock and roll de los 50 y 60 atrapa y es muy difícil de superar, por eso muchos de los referentes vienen de ese origen, pero, en realidad, nosotras la escena que vivimos es el revival del revival, y nos tiene enganchadas igual”
¿Qué más personaje habéis secuestrado de la realidad para meterlos en las páginas de Cols?
El Basurero farlopero de la canción de las Gookie se me ocurrió esperando a una amiga en la boca del metro de Tirso de Molina. Limpiando la plaza había un basurero con su carrito e iba empujándolo a una velocidad impropia y pulsando un claxon sin parar. Para mí fue primera noticia que estos carromatos de la basura tuvieran un claxon incorporado, pero este señor iba haciendo un uso abusivo del pito a la vez que gritando a todo el que se le cruzaba “que paso, que paso, que mancho, hueco para la basura”. El acelerón de este trabajador me inspiró Basurero farlopero. También Kioskera pibón surgió por lo mismo. Cerca de donde trabajo hay un quiosco que regenta una mujer de unos cuarenta y largos, bastante atractiva y con personalidad. Siempre está charlando con los vecinos, fumando con los camareros de los bares colindantes y tiene un discurso marcado de apoyo a la clase obrera. Como la veo casi todos los días, le dediqué “la kioskera pibón, no vende La Razón, y eso conquistó mi corazón».
También aparecen cameos contemporáneos, de coleguis vuestros, he visto a Héctor Hez –dibujante y voz y guitarra de los Miau!– y a algún otro. Y celebrities del momento, ilustradme para que pueda bucear un poco más.
En todas nuestras historias nos gusta sacar a personalidades de nuestro entorno, algunas conocidas por la mayoría de la gente del rollo. Aparecen los Sistema de Entretenimiento –una de las bandas del cartel del Cols Fest–, aparecen como parte de un post de Instagram, dentro una sesión de scrolling que hace Cols en su sofá. En un interludio del cómic metemos a varias agrupaciones musicales en un mismo estudio de grabación para hacer un chiste: la banda Escarlata, todos colegas nuestros (Hez, Pablo, Koke y Mitch), y también Cryymm, una de las bandas emergentes con las que trabaja Clara y que os recomendamos encarecidamente. Por otro lado, uno de los motivos de plantar a las Gookie en una gira era hacer un retrato del reducto rockero de las distintas ciudades por las que pasan y, en cada una de ellas, hacer cameos de amigos o personajes célebres que nos interesan. En la parte que sucede en Granada, muchos figurantes son personajes míticos de la ciudad y colegas. Aparece Toni Anguiano, manager de Guadalupe Plata y Pelomono, y administrador de la cuenta sobre cómics Bajonasso; el público del concierto de Bandada es una suerte de Buscando a Wally; Antonio Deshollinador, de la banda post-punk Angustias, interactúa con Margo felicitándola por el concierto de Gookie. Y cuando van a Valencia, Benito –el conductor de gira de las Gookie– hace mención a la banda Yo Diablo, que son colegas nuestros y, aprovechando su fama de guapos en la escena musical, incluimos esta frase para intentar despertar a Margo de su blackout: “Que están aquí los de Yo Diablo y dicen que quieren hacerse un trío contigo”. En Barcelona, metimos a dos personalidades de la ciudad que suponemos que nadie relaciona entre sí, solo por la gracia que nos hacía: aparece El Marqués, el ilustrador, junto a Dovima Nurmi, diva de Drag Race, juntos en una partida de póker.
Una de sus curradas viñetas y el cartel del décimo aniversario del festival Beat-Wolf en Tomelloso.
Al hablar sobre rock and roll hay mucha tendencia a evocar el pasado, pero, de hoy en día, ¿qué grupos y dibujantes alimentan y enriquecen vuestra existencia que no nos debamos perder?
La estética rock and roll pura y auténtica de los 50 y 60 atrapa, y es muy difícil de superar, por eso muchos de los referentes vienen de ese origen, pero, en realidad, nosotras la escena que vivimos es el revival del revival y nos tiene enganchadas igual. A nosotras nos gusta más ver música en directo que a un tonto un lápiz, así que está claro que, aunque nuestro artista más escuchado del año sea The Little River Band o Roy Orbison, seguimos mucho de lo que se hace ahora tanto fuera como en España. Por ejemplo, la banda de moda de imitación a la música californiana de los 60 son los Lemon Twiggs, que son unos hermanos de 25 años de Nueva York a los que hemos visto tres veces en directo y son de un virtuosismo alucinante. En revival de garage los Mystery Lights son increíbles, por supuesto Amyl and the Sniffers, Viagra Boys, Yard Act, The Getdown Sevices, Sleaford Mods y seguiríamos hasta hacer la lista de nuestro propio festival de música. A nivel nacional, también hay mucho movimiento, ahora en el País Vasco están saliendo muchas bandas interesantes, EZEZEZ y Sal del Coche, por ejemplo. Además, por supuesto, de las bandas que formaban el cartel del festival en la sala Galileo, ¡todas con algún dibujante en sus filas! Miau!, de Madrid, con Héctor (aka Hez), Fantasmage, cuyo guitarrista es Andrés Magán, y Sistema de Entretenimiento, de Barcelona, cuyo frontman, Víctor, es un gran ilustrador y responsable de todo el arte de los discos de la banda.
Lleváis autoeditando vuestros tebeos unos cuantos años, ¿Cómo encajáis en el ambiente fanzinero? Hace años los fanzines eran el epítome de la acracia y ahora no sé si es un gremio un poco menos rock and roll, por decirlo de alguna manera.
Por un lado, hay un espíritu muy punki en la autoedición, gente que quiere divertirse y que ha encontrado en ese formato una manera de contar lo que le da la gana, y eso encaja muy bien con cómo entendemos las cosas. También te encuentras gente que va a hacer dinero, o muy competitiva, que ahí lo que se te cruza la cabeza es: “te has equivocado de lugar”. Hay cierto boom con el fanzine, y siempre va a haber un porcentaje que no tenga un trasfondo político o cultural detrás. En realidad, no podemos criticar que la gente se lance a hacer lo que le gusta, con sus propios medios y encima consiga dar con su público, esté ligado a una convicción reivindicativa o no. Mientras la gente se lo quiera pasar bien, nosotras nos enredamos con todo el mundo.
“Tratamos de hacer un ejercicio de veracidad en cuanto a cómo vivimos ese espíritu de rock and roll, sin avergonzarnos de ser chicas y apropiándonos de la histórica actitud chulesca de todos los ídolos que nos inspiran”
Hay una sensación generalizada de que la gente joven no escucha punk rock, no lee tebeos, no hace nada, solo el puto móvil. ¿Lo veis tan así?
Cuando empezamos con Cols, nuestra idea era hacer un retrato generacional, pero pronto nos dimos cuenta de que realmente no era nuestra generación, sino nuestro entorno. Estábamos plasmando el underground, la escena punk y rockandrollera porque la sentíamos en peligro de extinción. Durante mucho tiempo, cuando íbamos a los bares o a conciertos, éramos las más jóvenes de la sala con diferencia, y hasta hace poco no ha empezado a haber gente más joven que ha aparecido en la escena. Esto nos dio mucho alivio, porque realmente temíamos que se extinguiera con nosotras y de repente vuelve a haber gente que monta bandas, que hace fotos o fanzines y, sobre todo, que escucha música de antes de los 2000. Del mismo modo que conocemos gente de 20 años recién cumplidos que confiesan no ser capaces de ver una película entera por que se distraen, y que la cultura que les une es de memes o cuestiones de internet y no el haber visto tal película o serie, nos atrevemos a decir que hay un auge de punk otra vez. Todavía no somos del todo conscientes del efecto que generó la pandemia en quienes eran adolescentes en ese momento y se palpa que, entre los que tienen 19, 20 o 21 años, hay energía, ganas de hacer ruido, romper con todo y que tienen ira contenida. Además, el acceso a internet desde el nacimiento, permite que sus referentes sean todos, y esto desemboca en que se empieza a ver una escena musical muy ecléctica e interesante.
Gran animación durante el show de presentación de Cols, la cara B en la madrileña sala Galileo el pasado febrero.
En Cols, la cara B, desmontáis la épica del rock mostrando lo que ocurre cuando se apagan los focos y aparecen la fragilidad, el conflicto y la contradicción. ¿Sentís que estáis cuestionando el mito romántico del artista o, en el fondo, estáis proponiendo una nueva forma de mitología más cruda y consciente de sí misma?
Realmente, Cols tiene mucho de desmitificar. Al final, al poner el altavoz a un grupo de chicas jóvenes, la historia del rock and roll y la figura del rockero cambian completamente. Como cuando Viv Albertine, guitarrista de The Slits, cuenta en su autobiografía Clothes, Music, Boys cómo era el día a día con los Sex Pistols y los Clash (los cuales prácticamente no las mencionaban a ellas, a pesar de que se pasaban la vida juntos), ahí vemos una relación de amistad entre las bandas y una descripción mucho más humana y cercana de estos músicos que siempre habíamos concebido como unos macarras sin escrúpulos. La feminidad en el rock and roll sigue siendo algo sorprendente, lejos de la imagen de Joan Jett que, aunque maravillosa, adoptaba muchos de los atributos masculinos del rockero. Las Gookie representan a las chicas de hoy en día, con sus inseguridades, contradicciones y su valor, sin la necesidad de ponerse por encima de nadie. El espíritu de libertad que comunica el rock and roll y el punk son claramente inherentes al género, y aquí tratamos de hacer un ejercicio de veracidad en cuanto a cómo vivimos ese espíritu, sin avergonzarnos de ser chicas y apropiándonos de la histórica actitud chulesca de todos los ídolos que nos inspiran.