Con 16 años Miguel Urbán era lector de Cáñamo y hasta llegó a cultivar y cosechar cannabis para su autoconsumo. “Mi abuela estaba encantada: ‘cómo me gusta que te gusten las plantas’, me decía”. Su abuela no sabía del poder psicotrópico de aquellas matas, pero sus padres sí, y no tenían ningún problema en que su hijo cultivase en casa. “Ellos consumían muy de vez en cuando con amigos, y un íntimo de sus colegas fue durante muchos años presidente de la AMEC (Asociación Madrileña de Estudios del Cannabis)”. “Incluso, mi madre, que era oncóloga, derivó a pacientes a la AMEC para que pudieran paliar efectos de la quimio con cannabis”.
Y en esa normalidad familiar empieza a fumar porros, a cultivar y a leer Cáñamo…
Sí, empecé a fumar porros, pero con 19 años me dio una pálida de estas jodidas, con taquicardias paroxísticas, y eso hizo que lo dejara. Y sí, de 16 a 20 años leía Cáñamo, la revista de referencia.
Una operación de las cloacas del Estado
Lo he citado para hablar sobre la Operación Cárdenal. Se supone que el cardenal era usted, ¿por qué lo llamaban así?
La verdad es que no sé por qué se inventaron ese magnífico nombre para hablar de mí. Alguna gente dice que por la barba, que por ser del partido morado, que por estar gordo, que por estar cerca del Papa (refiriéndose a Pablo Iglesias), pero no lo sabemos a ciencia cierta. Habría que preguntárselo al comisario José Luis Olivera, el jefe en aquel momento del CITCO, el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado.
Empecemos por el principio, ¿qué fue la Operación Cardenal?
La Operación Cardenal se enmarca dentro de una serie de operaciones que llevó a cabo el gobierno del Partido Popular, presuntamente. Hay que decir siempre presuntamente, aunque haya todas las evidencias del mundo, porque todavía no han sido condenados. Así que presuntamente montaron un sistema parapolicial, en el que utilizaron recursos de la seguridad del Estado al más alto nivel –estamos hablando del jefe de la coordinación del crimen organizado, del jefe de antiterrorismo y del jefe de la UDEF, y de personajes siniestros como el comisario Villarejo–, y también implicaron a empresarios e incluso a medios de comunicación.
“Decían que como tenía poco dinero y tenía una hipoteca –que era de 400 euros al mes lo omitían– y donaba mucho al partido y a organizaciones sociales, me había hecho narcotraficante para tener una vida acorde a la de un eurodiputado. Decían que viajaba mucho, que iba a hoteles, sin decir que era parte de mi trabajo y que los gastos los cubría el Parlamento Europeo. Imagínate, me ponen en un bar de Malasaña en el que yo no he estado en mi vida”
Una trama parapolicial, empresarial y mediática para servir a los intereses del Partido Popular, ¿no?
Así es. En el caso de Bárcenas, la operación Kitchen, para intentar evitar que saliera a la luz todos los tejemanejes y corruptelas del Partido Popular; en el caso de las organizaciones independentistas, también está más o menos claro lo que pasó. Y en el caso de Podemos o de lo que se llamó nueva política, fue un intento de evitar que pudiéramos llegar, como decían las encuestas, a ser el primer partido del país. La Operación Cardenal se monta entre noviembre de 2015 y julio de 2016, en un momento en que Podemos podía sorpasar al Partido Socialista. De hecho, estuvimos a punto de hacerlo en dos ocasiones, tanto en diciembre de 2015 como en junio de 2016, cuando sacamos cinco millones de votos, 375 mil menos que el PSOE. Para evitar esa posibilidad, se monta toda una operación de las cloacas del Estado.
Varias operaciones, de hecho.
Son tres grandes operaciones para frenar la nueva política. Por un lado, PISA, “Pablo Iglesias Sociedad Anónima”, con las cuentas falsas en Granadillas y demás, y Bolívar, que también iba sobre Iglesias. Y la tercera, la Operación Cardenal, que iba sobre mí, por ser en ese momento la cara visible de anticapitalistas, una de las ramas más importantes que fundaron Podemos, y evidentemente la rama más radical. La operación Cardenal es la excusa para poder hacer una investigación prospectiva y encontrar cualquier cosa que pudieran utilizar en nuestra contra.
¿Y quién crees que está detrás de este montaje?
No es que lo crea yo, es lo que dicen los papeles. Los mismos que estaban detrás de la operación Kitchen: el comisario Olivera, jefe del CITCO, y José Manuel Catalán, jefe de la Unidad contra la Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF). Y, según las últimas informaciones que tenemos, también el comisario Villarejo, que aparece siempre en todos sitios. A día de hoy, parece que Catalán es el único que estaría imputado en el caso PISA, porque está comprobado que se traslada a Nueva York para hablar con un antiguo ministro de Chávez, para ofrecerle todo lo que quisiera a cambio de que testificara sobre unas cuentas falsas de Pablo Iglesias y sobre la financiación ilegal de Podemos en ese momento. Catalán también está en mi caso, y parece que el primero que lo mueve es Olivera, que es el que le pasa una supuesta confesión de un confidente de la policía a la Fiscalía Antidroga. En esta primera versión estrambótica, el confidente escucha en un bar de Toledo una conversación en la que se habla de mí y de un intercambio de drogas.
Una declaración estrambótica con varias versiones
Casi una década, entre 2015 y 2024, estuvo Miguel Urbán de “activista eurodiputado”. Llegó a ser responsable de la Secretaría en Europa de la Ejecutiva Nacional de Podemos, partido del que fue uno de sus fundadores. Aunque desde 2020 no forma parte del partido morado, sigue dando guerra (por la paz) junto a su organización Anticapitalistas.
Pero esa confesión es demasiado endeble, ¿no?
Claro, y la Fiscalía Antidroga dice que esto no da como para hacer una investigación a un cargo público. Yo en ese momento era aforado, como eurodiputado además tenía mayor nivel de protección incluso que un diputado nacional. Como la Fiscalía dice que con esos datos no hay caso, Olivera, presuntamente, fuerza entonces a ese confidente para que cambie su versión y pase de oyente de una conversación a participante.
Según he podido ver en las partes del informe publicadas en eldiario.es esa segunda declaración del confidente policial no tiene desperdicio. El confidente se presenta como trabajador del pub Nueva Visión en Malasaña y asegura que lo vio entrar y subir con otros al piso de arriba a realizar un “negocio”. Y que luego, “el citado Miguel Urbán volvió a bajar con otra mochila, llena de dinero y tiró una bolsa de cocaína en la barra invitando a todo el que quisiera” y añade, como si de una película de serie B se tratara, “que Miguel Urbán dijo que le habíamos hecho un favor a España, que había vendido 40 kilos de cocaína de Venezuela y que era para pagar los gastos de la campaña del Partido”. Es un relato loquísimo.
La confesión es muy estrambótica. ¿Cómo sabía que la cocaína era pura y de Venezuela? ¿Es que los fardos iban con la banderita venezolana? Se va inventando datos sin dar ningún tipo de prueba.
A mí lo que me sorprende es el nivel de cutrerío, porque finalmente la operación parapolicial está montada sobre esa declaración sin pruebas.
De hecho, la única prueba la encuentran cuando entran ilegalmente en mis cuentas. Utilizan un sistema del Banco de España para entrar en mis cuentas sin orden judicial y el único dato que sacan para sostener esa declaración es que, según ellos, era pobre. Decían que como tenía poco dinero y tenía una hipoteca –que era de 400 euros al mes lo omitían– y donaba mucho al partido y a organizaciones sociales, me había hecho narcotraficante para tener una vida acorde a la de un eurodiputado. Decían que viajaba mucho, que iba a hoteles, sin decir que era parte de mi trabajo y que los gastos los cubría el Parlamento Europeo. Imagínate, me ponen en un bar de Malasaña en el que yo no he estado en mi vida.
También el supuesto testigo asegura haberlo visto en otras ocasiones vendiendo cocaína en las calles adyacentes al bar. La declaración está firmada el 9 de febrero de 2016, cuando tú eras eurodiputado desde marzo del 2015 y eras conocido por salir habitualmente en la tele.
Sí, como si yo, cuando volvía de mi trabajo en Bruselas, en vez de ir a ver a mi familia me hubiera ido a Malasaña a vender cocaína por la calle. Como si no hubiera otra persona para llevar 40 kilos en una mochila. Que no sé si soy capaz de llevar yo 40 kilos en una mochila sin doblarme. Es toda una inconsistencia tan brutal que demuestra una cosa: que les daba igual. No necesitaban hacer un relato que fuera verosímil. Así que me eligen a mí, que estaba entonces saliendo tres veces por semana en televisión, me ponen en un bar al que nunca fui, en un barrio que no frecuento y con 40 kilos de cocaína de un país en el que nunca estuve. Y, al loro, que dicen que se lo vendo a Los Ángeles del Infierno, una organización neonazi y de extrema derecha. Solo les faltó añadir que yo era el coordinador del Cártel de los Soles en Europa. Que no hubiera interés en que el relato fuera creíble demuestra la impunidad con la que actuaban.
El miedo a la nueva política
“A mi hijo le he dicho que a alguna gente no le gustaban las ideas que yo defiendo y que, para que esas ideas no pudieran concretarse, se han inventado cosas muy feas sobre mí que incluso me podían haber llevado a la cárcel.”
El testigo declaró que no había denunciado antes “por miedo a las represalias que pudieran tener, dado que se trata de gente muy poderosa y bien relacionada”. ¿Erais entonces los diputados de Podemos gente poderosa? ¿Crees que os tenían miedo, miedo como para montar una operación desde las cloacas del Estado contra vosotros?
Sí, evidentemente, claro que llegaron a tener miedo. Y eso demuestra también los límites de la democracia liberal que tenemos. Para mí, votar cada cuatro años no es democracia. La democracia para mí va mucho más allá, no se termina en los límites que marca el liberalismo. Pero dentro de ese marco liberal-democrático –en el que te puedes presentar a unas elecciones, en el que votas cada cuatro años y en el que se respeta el mandato popular–, de pronto tenían miedo a perder en su propio juego. Eso demuestra que no todo está permitido en esta democracia. Y eso que lo que planteaba Podemos no era tampoco muy radical, pero ese cuestionamiento mínimo de los privilegios del statu quo no se podía permitir. En otro momento nos hubieran desaparecido, como hicieron con los 30.000 desaparecidos en Argentina. Cuando tú avanzas, ellos te frenan, modulando el nivel de represión en función de tus avances.
Cuando llegó la democracia a España, no hubo una depuración de los cuerpos policiales franquistas…
No ha habido una depuración real ni en el ejército, ni en el ámbito policial, ni el ámbito judicial. Se acostaron en dictadura y se despertaron en democracia. De hecho, Billy el Niño, de las tres medallas que tenía, dos se las dieron en democracia. A un torturador confeso. Mi padre fue torturado reiteradas veces por Billy el Niño y esta gente son sus herederos. Villarejo se cría con Billy el Niño. Y esta gentuza es la que reacciona para que nadie pueda tocarlos. ¿Pero qué era lo que Podemos estaba planteando en ese momento? Podemos no era anticapitalista, era una propuesta antineoliberal, que buscaba la democratización del Estado, pero ni eso es posible.
El juicio, que instruye en la Audiencia Nacional el famoso juez Santiago Pedraz, está siendo muy lento.
Sí, sin duda. Ahora estamos viendo que el señor Pedraz, en el caso Leire-Díaz, en solo dos meses de instrucción ha entrado a la sede del Partido Socialista. Y con nosotros lleva dos años y pico de instrucción, y no ha imputado apenas a nadie del aparato policial. Los ritmos en la Justicia también tienen un elemento político. Yo no digo que no entre en Ferraz, lo que estoy diciendo es que los ritmos según que casos son unos o son otros. Lo que se está jugando en nuestros casos es a la prescripción. La intención de dilatar el proceso es que nos cansemos y que prescriban los delitos. A mí me ha costado un año y medio que se me acepte como víctima en el caso, ¿por qué? Porque mi caso es en el que se cometen, presuntamente, más irregularidades. Aceptarme como víctima supone que podrían imputar a cargos muy importante de los aparatos de Seguridad del Estado.
A todo esto, ¿cuándo se entera de que es protagonista de un montaje policial? Porque tarda años, ¿no?
Desde el principio me quedó muy claro que yo a la policía no le caía especialmente bien. En los nueve años y medio que estuve como eurodiputado sufrí varios intentos de atentado. En 2021, entraron en mi casa de Lavapiés para amenazarme. Rompieron la puerta de seguridad de mi casa, cogieron todas las cosas de valor y las ordenaron en el sillón de casa. No se llevaron el dinero, ni el ordenador, ni la cámara de fotos, ni la minicadena. Sacaron los collares de mi compañera de sus cajas y los dejaron sobre la cama. Y se llevaron solo una foto de cada uno de mis hijos y de mi pareja, dos discos duros y un cerdito rosa gigante que utilizaban mis hijos para jugar como si fuera un caballito. Y la policía no hizo absolutamente nada. Yo entonces llevaba cuatro años bajo protección del servicio secreto belga por intentos de atentado en el Parlamento europeo, en Bélgica. La policía española me dijo que tuviera cuidado, que pusiera una cerradura pronto, que en este barrio hay mucho okupa. Mientras yo tenía seguridad en mi casa de Bruselas y en el colegio de mis hijos, aquí nada. Y aquí en Madrid he recibido amenazas, seguimientos, intentos de atentado… Atacaron la casa de mis padres hasta seis veces. Cada vez que había una campaña en Twitter contra mí por parte de la extrema derecha, le rompían el coche a mis padres. Nunca recibí protección a pesar de que el Parlamento europeo habló reiteradas veces con el Ministerio de Interior por los riesgos altos de atentado.
Le preguntaba acerca de cuándo se entera de la existencia de la Operación Cardenal.
Cuando nos enteramos de las otras operaciones que le habían montado a Podemos pensé que qué raro que en estos casos no me hubieran tenido en cuenta, ni a mí ni a Anticapitalistas. Y resulta que me nos habían montado una operación exclusiva. Y cuando me entero, ya en 2024, estaba mi madre muy enferma. De hecho, muere un mes y medio después de que me enterase. Me llamó un periodista de Infolibre y me dijo mi número de DNI, me preguntó si era el mío y le dije que sí, y entonces me contó que había una investigación de la Fiscalía antidroga sobre mí, que lo habían sabido porque el comisario que revisó los antecedentes penales de Pablo Iglesias argumentó en el juicio del caso PISA que lo hizo porque era del círculo cercano de Miguel Urbán, que estaba siendo investigado por un intercambio de droga. Luego me entero de que era por narcotraficante en Toledo. Tú imagínate, en un momento complejo emocionalmente, con tu madre muriendo y te dan esta información en la que no te aclaran bien qué es lo que pasa. Mi angustia y mi indefensión fueron muy grandes. Mi madre era una persona con la que yo tenía mucha confianza, con la que hablaba mucho, pero, en ese momento, había perdido la conciencia, y ya no pude ni siquiera contarle esto.
“No te metas en política”
“Yo siempre intenté ser un vehículo de las luchas y de los movimientos sociales en Europa”, dice Urbán. Foto de Topaz Gigapixel.
"La droga estigmatiza, y eso lo usan para criminalizar y para justificar lo injustificable. Como tú eres un narco, puedo aplicarte medidas parapoliciales, me puedo saltar la ley, todo vale"
Te enteras en 2024 y comienzas, apoyado por Anticapitalistas, un viacrucis procesal para que puedas personarte en la causa que instruye el juez Pedraz en la Audiencia Nacional sobre la guerra sucia a la nueva política. Tras muchas resistencias conseguís, año y medio después, que se admita la Operación Cardenal como parte de la misma causa y a ti como víctima. ¿Por qué tantos obstáculos?
Al final, el mensaje, tanto de la policía patriótica como del juez Pedraz, es el mismo: no te metas en política. Es un aviso a navegantes. No te metas en política, porque hay que pagar procuradores, hay que pagar abogados…
¿Y quién está pagando todos estos gastos, por ejemplo?
Anticapitalistas. Pero si yo no estuviera organizado, si no formara parte de una organización como Anticapitalistas, ¿cómo hago frente a todos estos gastos?
Y el supuesto de que Podemos y Anticapitalista se financiaran en parte con la venta de drogas, ¿crees que les sirvió para desactivaros?
Ellos siempre intentaron atacar por el tema de la financiación. Lo de la cuenta en Granadillas de Pablo Iglesias, lo de la cocaína de Hugo Chávez, lo de Irán… Intentaban a toda costa cuestionar que era la gente la que nos financiaba. Creo que son más de veinte las causas que se han tenido que cerrar sobre la financiación ilegal de Podemos. Pero aquí está el elemento de la droga, que es un arma de estigmatización. El riesgo comunista, cuando se cae el muro, es suplantado por el riesgo del narcoterrorismo. Ahí está la intervención de Bush padre en Panamá ante el intento de Noriega de controlar el canal... Y al último que hemos visto aplicar esa lógica ha sido a Trump, tratando a Maduro como a un narcoterrorista. O los doscientos muertos de las narcolanchas. Y es la misma lógica de estigmatización que está usando Abelardo Espliega contra Petro e Iván Cepeda en la campaña en Colombia ahora mismo. Que si Petro es un drogadicto, un traficante… Cuando el que está vinculado, por cierto, con el narcoparamilitarismo es él, es Abelardo. Y el que ha hecho una campaña de intento de combatir esa lógica de guerra contra las drogas, buscando abordarlo de una forma diferente, es Petro. La droga estigmatiza, y eso lo usan para criminalizar y para justificar lo injustificable. Como tú eres un narco, puedo aplicarte medidas parapoliciales, me puedo saltar la ley, todo vale.
El relato de la Operación Cardenal es muy complicado, si se lo tuviera que contar a un niño, a su hijo, por ejemplo, ¿cómo lo resumiría?
Yo se lo he contado a mi hijo mayor, que tiene nueve años. Como es vox populi, prefiero que se entere por mí. Imagínate que en el colegio le digan que su padre vendía droga. Porque, al final, el elemento de la estigmatización queda ahí. Lucía Etxebarría, vecina de este barrio también, puso en Twitter “Miguel Urban vendiendo droga para financiar a Podemos”. La podría denunciar, pero no me voy a poner a denunciar a todo el mundo que es tonto o que miente de una forma descarada. Pero, claro, a tu hijo se lo tienes que contar. Y hacerlo de manera que no le dé miedo. Porque, ¿cómo le cuentas a un niño que a su padre le han intentado involucrar en una trama de venta de drogas la misma policía que teóricamente se supone que está para protegernos? Es muy complicado. A mí me da igual lo que piensen mis hijos de la policía, pero no quiero que tengan miedo. No sé si me explico. Así que le he dicho que a alguna gente no le gustaban las ideas que yo defiendo y que, para que esas ideas no pudieran concretarse, se han inventado cosas muy feas sobre mí que incluso me podían haber llevado a la cárcel.
¿Cuál cree que será el final de esta aventura? ¿Pagarán los culpables?
Yo creo que no. O sea, yo creo que no van a pagar los culpables. Sería muy naif pensar que la judicatura va a condenar a parte de la jefatura de esos aparatos de seguridad del Estado.
¿Que ya están jubilados la mayoría, no?
Claro. Hay un intento de dilatación para favorecer la prescripción. Y para asegurar que todos los encausados tengan más de 70 años, con lo cual no hay cárcel. Yo no soy punitivista, yo no quiero que nadie entre en la cárcel. Ni a estos hijos de puta se lo deseo. Para mí esa no es la solución, pero creo que una condena a lo que ha pasado puede rayar un poco la pared de impunidad tras la que viven los apartados del Estado en este país. Por eso quiero llegar hasta el final. No con juicios, pero, a lo mejor, con movilización popular sí que podemos tirar ese muro de impunidad. Un muro que permite que en la DGS de Sol no haya ni una maldita placa en recuerdo de las personas que torturaron o mataron. Una maldita placa. Hasta qué grado de impunidad gozan, que ni siquiera eso podemos conseguir. Y cuando se hace por parte del Gobierno, lo tira el Supremo. Ya no estamos hablando ni siquiera de enjuiciar, que sería lo lógico. Porque no hay verdad si no hay juicio. Pero no hay ni juicio ni placa. Así que pensar que van a condenar a alguno de estos es un poco naif.
Si la Justicia fuera justa, ¿cuál sería, según su criterio, la sentencia, y hasta dónde llegaría?
Si la justicia funcionara lo debería decir un juez, no yo. Las víctimas no siempre tenemos razón. Yo no me atrevería a decir cuál sería una condena justa para estas personas. Sí te puedo decir que para mí el elemento central es que sean condenados los que participaron, la jefatura de los servicios de seguridad del Estado. Que haya una condena es la manera de reconocer lo que pasó. Que no sea solo mi palabra. Para mí eso sería lo justo.
Anticapitalistas contra la guerra
Urbán en la madrileña plaza de Arturo Barea, en Lavapiés, barrio en el que vive y lucha.
"La prohibición estigmatiza, complejiza y supone un gran problema de salud pública, además de ser una excusa para intervenir en países. Y como estamos en contra de las guerras, pues también estamos en contra de la guerra contra las drogas"
Nosotros como publicación estamos en contra de la prohibición de las drogas, entre otras cosas porque históricamente la guerra contra las drogas ha servido como excusa para poder intervenir en otros países, como hace EE UU en Latinoamérica, o para reprimir a minorías, como podría ser su caso. ¿Qué piensa sobre este asunto un militante de Izquierda Anticapitalista que ha sido perseguido con la burda excusa de traficar con cocaína? ¿Es usted partidario de acabar con la prohibición de las drogas?
Lo era antes de haber sido perseguido por esta causa. Anticapitalistas también lo es, no es solo una posición personal. Nosotros somos una organización antipunitivista, y evidentemente estamos en contra de la prohibición de las drogas. La prohibición estigmatiza, complejiza y supone un gran problema de salud pública, además de ser una excusa para intervenir en países. Y como estamos en contra de las guerras, pues también estamos en contra de la guerra contra las drogas. Son un montón de razones para sostener nuestra posición antiprohibicionista.
¿Por qué cree que en España –un país clave en el tráfico mundial de drogas, puerta de entrada de la cocaína que viene de américa, del hachís que viene de Marruecos y granero cannábico de media Europa– el debate sobre la legalización de las drogas no está tan presente como debiera?
Bueno, se ha planteado en varias ocasiones, pero la derecha lo ha utilizado de una forma muy clara para estigmatizar. En la legislatura anterior sí que se intentó hacer un trabajo en el Congreso, y en el Parlamento europeo lo hemos llevado en varias ocasiones, poniendo el ejemplo de Amberes y Rotterdam, de cómo la ilegalización estaba favoreciendo la introducción de lógicas mafiosas en nuestras sociedades, con una violencia brutal. Muchas veces hablamos de violencia en España, pero no tenemos ni idea de lo que pasa en Bélgica o en Holanda. Es una locura. Incluso una sociedad como la holandesa, que siempre ha sido muy pionera en este tema del cannabis, con otro tipo de drogas no le está hincando el diente adecuadamente y está pagando las consecuencias. La violencia de las mafias que vemos en el Estrecho de Gibraltar, en Holanda y en Bélgica es una barbaridad.
¿Y por qué el debate de la legalización se ha quedado marginado de la agenda de los partidos de izquierda?
Yo creo que hay un halo punitivista que también está conquistando el corazón de la izquierda. Abordamos casi cualquier problema desde una lógica punitivista. Mira el debate que se ha abierto sobre el burka y el velo o el debate sobre la seguridad. Y con la legalización de las drogas pasa lo mismo. Ese halo reaccionario, ese halo punitivista, no solo imbuye a la derecha, sino que también imbuye a la izquierda. Pero hay gente y otros partidos de la izquierda, que no son de mi organización, que sí que han sabido abordarlo. Yo recuerdo a Miguel Vila, por ejemplo, que trabajó ese tema. O a Jorge Moruno, que lo intentó trabajar también desde la Asamblea de Madrid. Y ambos han sufrido por ello mucho estigma.
¿Y qué crees que habría que hacer?
Creo que no solo hay que hablar de legalización, hay que hablar de tener una política de drogas diferente. Hablar más de regular que de legalizar, y tener una política integral sobre drogas. Porque ya no es solo qué consumes, sino dónde lo haces, de qué forma, qué apoyo social tienes para paliar ciertos efectos. Cada vez estamos regulando más drogas que son legales, que generan un impacto social, como el tabaco, que cada vez está más regulado. No está ilegalizado, pero sí está regulado. Ya no puedes fumar dentro de un espacio cerrado, porque otro no tiene por qué ser copartícipe de que tú quieras fumar. No puedes fumar cerca de un colegio. Yo aplaudo estas políticas, porque al final permiten abordar el asunto desde una política integral, con un enfoque sanitario y social. Eso es lo que tendríamos que hacer con todas las drogas. ¿Por qué? Porque si no, lo que tenemos son muertos vivientes. Que es lo que estamos viendo de una forma clara en Estados Unidos. Y los muertos vivientes generan un pánico social que favorece una lógica de guerra, que justifica cualquier cosa: como nadie quiere que su hijo o su hija termine como un muerto viviente, si hay que matar al narco, lo matamos. Sin ese pánico moral, es muy difícil justificar una lógica de guerra. Por eso, me parece tan importante tener una política integral, en donde también haya un elemento educativo, para que las drogas dejen de ser un tabú. Hay que hablar en los colegios y en los institutos sobre drogas, pero no desde el miedo.
Habría que hablar sin miedo de drogas, sí, en términos realistas, con respeto a la evidencia científica y con una información fiable.
Aunque empieza a ser tabú la educación sexual… Para mí estamos ante una involución general, reaccionaria, y las políticas sobre drogas no podían ser menos. La derecha y la extrema derecha, con una lógica burda y anticientífica, estigmatizan incluso cuando se habla de un uso medicinal de las drogas.