El punto de partida es una espera que se mide en años y así lo precisa el Royal College of Obstetricians and Gynaecologists que informó que 743.312 mujeres permanecían en listas de atención ginecológica del Reino Unido al cierre de diciembre de 2025. En paralelo, Endometriosis UK estimó que conseguir un diagnóstico de endometriosis tarda, de media, nueve años y cuatro meses.
Sobre ese vacío asistencial, un reportaje del medio especilizado Leafie explora si el cannabis medicinal podría tener algún papel frente a síntomas asociados a la endometriosis o la perimenopausia. La hipótesis tiene una base fisiológica ya que el sistema endocannabinoide interviene en procesos relacionados con el dolor y la inflamación.
En este contexto, una revisión publicada en 2024 en Australian and New Zealand Journal of Obstetrics and Gynaecology reunió trece estudios sobre cannabis y endometriosis, cuatro de ellos todavía en curso. Los nueve trabajos finalizados, con 1.787 participantes, eran transversales y se apoyaban en experiencias autodeclaradas. Aunque muchas participantes comunicaron menos dolor o mejor descanso, como ya recogieron otros estudios sobre pacientes con endometriosis, ese diseño no permite establecer causalidad ni precisar dosis, vías de administración o efectos a largo plazo.
También existen ensayos más concretos, pero pequeños como el estudio italiano que evaluó durante 60 días un gel tópico con un 5 % de CBD y mirceno frente a placebo en cuarenta mujeres con vestibulodinia. Ambos grupos mejoraron y solo el dolor durante las relaciones sexuales mostró una diferencia estadísticamente significativa favorable al tratamiento. Sin embargo, la muestra fue limitada y su seguimiento breve lo que obliga a interpretar el resultado con cautela.
El acceso añade una segunda brecha. En el Reino Unido, los medicamentos derivados del cannabis están legalmente disponibles desde 2018, pero su prescripción dentro del sistema público sigue siendo excepcional y se limita a indicaciones muy concretas, como ciertas epilepsias infantiles o la espasticidad en esclerosis múltiple.
En la práctica, la mayoría de pacientes que buscan estos tratamientos para dolores ginecológicos no los obtiene a través del NHS y recurre a clínicas privadas, donde el coste puede ser elevado. Esta situación genera una desigualdad clara: el acceso depende en gran medida de la capacidad económica, lo que deja fuera a muchas personas que podrían estar interesadas en explorar estas opciones terapéuticas, una realidad que conecta con las mujeres que buscan alivio en el cannabis.
El cannabis no resolverá por sí solo el abandono acumulado en la salud de las mujeres, pero si permite identificar la existencia de personas que llevan años usándolo para aliviar síntomas mientras la investigación todavía intenta determinar qué funciona, para quién y bajo qué condiciones.