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29 de Enero de 2023 #301

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Microdosis de ayahuasca: cuando menos es más

La ayahuasca, el brebaje amazónico, es la última sustancia en mutar en microdosis. Hemos hablado con varios pacientes, terapeutas y estudiosos de la microdosis con ayahuasca para responder a dos sencillas preguntas: ¿funcionan las microdosis? y, en caso afirmativo, ¿para qué sirven?

El llamado renacimiento psicodélico llega en un momento de aguda crisis de salud mental en un mundo castigado por los efectos sanitarios, sociales y económicos de la pandemia y ansioso ante la crisis climática y sistémica. Sustancias como el LSD, el MDMA, la psilocibina, la iboga y la ketamina están siendo redescubiertas por científicos y terapeutas como tratamientos eficaces para patologías como la depresión, el estrés postraumático, la ansiedad, las adicciones o el duelo complicado.

No obstante, sigue siendo válido aquello de que los psicodélicos no son para todo el mundo. La mayoría de la gente no quiere perder el anclaje con la realidad y prefiere no deslizarse por la “madriguera del conejo” de los alucinógenos. Para esta sobria mayoría existen las microdosis: cantidades ínfimas de sustancias psicodélicas que actúan sutilmente en el día a día sin alterar la percepción pero ejerciendo cambios duraderos en la psique de las personas.

La ayahuasca, el brebaje amazónico, es la última sustancia en mutar en microdosis. Hemos hablado con varios pacientes, terapeutas y estudiosos de la microdosis con ayahuasca para responder a dos sencillas preguntas: ¿funcionan las microdosis? y, en caso afirmativo, ¿para qué sirven?

Microhistoria de la microdosis

La idea de tomar pequeñas cantidades de psicodélicos, sobre todo LSD y hongos mágicos, se ha puesto de moda en los últimos años en Wall Street y Silicon Valley como método para mejorar la creatividad, el rendimiento y la concentración durante el trabajo. Libros como A Really Good Day, de Ayelet Waldman, y una infinidad de artículos en medios generalistas han puesto las microdosis en el foco mediático.

Sin embargo, la microdosificación lleva siglos practicándose. Así lo reconoce el propio James Fadiman –a efectos, padrino de la microdosis moderna– en su Guía del explorador psiquedélico, donde explica como muchos vegetalistas amazónicos han utilizado y recomendado a sus pacientes la ingesta de pequeñas dosis de ayahuasca y otras plantas para tratar diversas dolencias, físicas y del espíritu. Esta práctica también es común entre los seguidores de la Iglesia del Santo Daime, un culto sincrético de origen brasileño con ramificaciones en medio mundo: “Además de las ceremonias habituales en nuestro calendario, es habitual tomar pequeñas cantidades de daime (ayahuasca) en el día a día para encontrar un estado de paz y reflexión”, me explica Juan Carlos de la Cal, uno de los fundadores del capítulo del Santo Daime en España.

Pero ¿en qué consiste exactamente una microdosis? Según la descripción que hace Fadiman en la citada Guía, la cualidad de la microdosis es que actúa a nivel subperceptual, es decir, que no produce ninguna alteración en la conciencia, como alucinaciones visuales o fractales. De otro modo, estaríamos hablando de una dosis baja. En el caso del LSD, por ejemplo, se considera microdosis entre 1/20 y 1/10 de la dosis, entre 5 y 15 µg (microgramos), siendo la dosis psicodélica estándar de entre 50 y 150 µg. En el caso de la ayahuasca, la microdosis contiene entre un 5 y un 20% de una dosis ceremonial, esto es, entre 1,5 y 6 ml de la mixtura.

Microhuasca: los pioneros

"Los participantes son personas que buscan el crecimiento personal, sin ninguna patología diagnosticada pero con alguna de las neurosis que, inevitablemente, nos afectan a todos en mayor o menor medida: ansiedad, estrés, miedo, duelos..."

El área de uso tradicional de la ayahuasca y el yagé se encuentra en el alto Amazonas, en la una amplia zona donde convergen Ecuador, Colombia, Brasil y Perú, si bien es este último país el que se ha convertido en el centro neurálgico del turismo ayahuasquero, con sendas capitales en Iquitos y Pucallpa. Es de justicia que el primer gran proyecto de microdosis de ayahuasca (Microhuasca.com) tenga origen peruano, si bien es más urbanita que selvático; sus fundadores son dos limeños: Adolfo Schmitt, ingeniero forestal y apasionado de las plantas maestras, y Álvaro Zárate, proveniente del emprendimiento de las start-ups.

El programa Microhuasca, tal y como detalla su página web, tiene dos modalidades: una breve, que dura un mes y tiene un coste de quinientos cincuenta dólares, y una más prolongada, para condiciones más complejas, que se alarga durante tres meses y con un coste de ochocientos cincuenta dólares, incluyendo en ambas el soporte terapéutico y las sesiones grupales.

¿A quién se dirige el programa de microdosis de ayahuasca? Según Schmitt, hay dos grandes perfiles que pueden beneficiarse del mismo. Por un lado, “el perfil de desarrollo personal, terapeuta o no, que es consciente de que ha de trabajar algo y que suele tener cierta experiencia en ceremonias de ayahuasca”. Por otro, estarían aquellas personas “que traen una depresión severa, muchas veces acompañada de insomnio y ansiedades: procesos de duelo abierto o bien incompleto. También nos encontramos con usuarios que buscan la panacea para enfermedades como soriasis, parkinson, sangrado intestinal...”.

Están excluidos de participar en el programa las personas “con enfermedades psiquiátricas muy complejas, como esquizofrenia o trastorno límite de la personalidad. Tampoco nos arriesgamos con niños y a las personas que están medicadas les evaluamos muy bien la medicación para evitar contraindicaciones”.

Cuestión de dosis

Los candidatos que pasan el filtro y entran finalmente en el programa pasan por una fase de calibración, en la que se estima cuál es su dosis recomendada, entre un 5 y un 20% de una dosis ceremonial (unos 30 ml de ayahuasca). Si utilizamos la definición de microdosis que hace Fadiman en la Guía del explorador psicodélico, la dosis debería ser subpercetual, es decir, que si empezamos a ver patrones geométricos o a alucinar es que nos hemos pasado.

Sin embargo, Adolfo Schmitt no está a favor de obsesionarse con la dosis, porque, explica: “Una dosis no está asociada a un efecto. La ayahausca no funciona así: tú eres parte de la fórmula, y si buscas una dosis alta te pierdes lo sutil; entonces, recomendamos bajarla al 5 o 10%”. Esta peculiaridad de la ayahausca –y, en general, de los enteógenos– es la que los diferencia de la farmacología tradicional, donde dosis y efecto van de la mano.

Por otra parte, hay que tener en cuenta la enorme variabilidad de principios activos que se encuentran en distintas muestras de ayahuasca, todas ellas cocinadas con los mismos ingredientes: Banisteriopsis y chacruna. En Microhuasca son conscientes de este problema metodológico, pero se atienen a la receta tradicional, en una proporción 1-3 o 1-5. Su “cocinero” en Perú es uno de los cofundadores del proyecto, Ronald Rivera, curandero con veinticinco años de experiencia en ceremonias de ayahuasca.

Martin Elfman

Resultados

Está claro que la microdosificación es un hype, y que el horizonte –a nivel salud y económico– que presenta es enorme. Pero ¿acaso funcionan? Los testimonios recogidos por Microhuasca así lo confirman, si bien adolecen de un inevitable sesgo de selección, y el equipo no tiene dudas al respecto. En palabras de Schmitt: “En casos de depresiones y ansiedades hay una notoria mejora en las seis semanas del programa. También nos hemos encontrado con recaídas tras finalizar el programa. Fue el caso de una mujer colombiana con depresión severa, que tuvo un resultado excelente, pero cuando dejó de tomar, el contraste fue brutal y se vino abajo. Ahí aprendimos que para procesos complejos son necesarios períodos más prolongados de microdosis”.

En el caso de la ansiedad, “hay dos formas de ver resultados: el primero, las microdosis te regalan momentos de calma, las personas ansiosas se dan cuenta de que están ansiosas sin razón o que pueden controlar el motivo de la ansiedad. A nivel más profundo, es posible detectar el origen de la ansiedad y trabajar ahí. Muchas veces tiene que ver con situaciones de la niñez y con recuerdos”. En este sentido, subraya Adolfo: “Es importante recordar que las microdosis de ayahuasca no provocan visiones y cuando se habla de psicoactividad tiene más que ver con despertar memorias olvidadas o remotas”.

¿Qué opinan los ayahuasqueros?

Como no podía ser de otra forma, el proyecto Microhuasca ha despertado bastante controversia en círculos ayahuasqueros del Perú, país en el que la ayahuasca es legal y reconocida como medicina tradicional. ¿Cómo han reaccionado los curanderos tradicionales hacia este nuevo paradigma de la medicina? “Hay de todo. Hemos recibido todo tipo de críticas: que nos estamos apropiando de la medicina, que la estamos simplificando. Por nuestra parte, siempre ha existido un respeto profundo por los curanderos tradicionales; nunca hemos querido comparar microdosis con ceremonias de ayahausca. Hemos podido encontrar personas que son conservadoras, pero no son dogmáticas y comprenden el trasfondo de la medicina. También hay otras personas que vienen del mundo tradicional y que nos han negado la mayor: la posibilidad terapéutica de la microdosis con ayahuasca”.

Las microdosis de Hermanosis

El programa de formación de Microhuasca no ha tardado en dar sus frutos en España. Es el caso del llamado Instituto de Estudios Psicodélicos Frontier, el nombre elegido por Hermanosis para bautizar su programa de microdosis de ayahuasca. Hermanosis es una hermandad, en sentido literal y metafórico, fundada por los hermanos Kutzwor, Esteban y Claudio, que acumulan más de veinte años de experiencia con ceremonias de ayahuasca y dietas amazónicas en España y otros países europeos y de Oriente Medio.

En esta nueva iniciativa, prolongación natural de sus retiros con ayahuasca, cuentan con el apoyo de Mariela Lijtmaer, terapeuta gestáltica y sistémica: “La microdosis es llevar lo sagrado de la planta a tu día a día, gota a gota. Al contrario que la macrodosis, procura un trabajo sutil, pero muy profundo: cuanto más pones, más sacas”. Por su parte, Claudio Kutzwor apunta que la microdosis es la vía de llevar la ayahuasca “a la ceremonia más importante y larga de todas: la propia vida”.

Ayahuasca en Microdosis, del Instituto Frontier, es un programa inmersivo en línea de seis semanas que integra información teórica sobre microdosis y cosmovisión amazónica; ejercicios psicochamánicos para ayudar a profundizar en el trabajo con la planta maestra, un diario de viaje para la autoobservación y un encuentro semanal grupal de integración y apoyo terapéutico.

El programa incorpora sutiles cambios al que ofrece Microhuasca en Perú y otros países de Sudamérica. A nivel farmacológico, la “medicina” está elaborada exclusivamente con Banisteriopsis caapi, de modo que incorpora los alcaloides de la liana ayahuasca, pero no así la DMT, el principio activo de la Psychotria viridis (chacruna). Volveremos sobre esta peculiaridad más adelante.

El otro rasgo diferencial son los “ejercicios psicochamánicos, que van ayudando a que la experiencia decante”, en palabras de Mariela Lijtmaer. “El enfoque es psicochamánico y el acompañamiento terapéutico es fundamental porque se está proponiendo una serie de actividades desde lo chamánico y desde lo terapéutico. Hay ejercicios que involucran aspectos físicos, psicológicos y espirituales, que son una extensión del trabajo terapéutico que Hermanosis lleva haciendo veinte años”, apunta su compañero Claudio Kutzwor.

Un centenar de personas han participado hasta la fecha en este programa de microdosis de ayahuasca, todos ellos pertenecientes a la comunidad de Hermanosis, esto es, las miles de personas que han participado en ceremonias y retiros de Hermanosis a lo largo de las décadas. El próximo 26 de mayo se pone en marcha la primera edición abierta al público en general. Los dos terapeutas al frente del programa, Mariela y Claudio, insisten en que el programa de microdosis con ayahuasca no busca “curar” ninguna enfermedad ni patología, sino más bien “el crecimiento personal y la amplificación de la conciencia”.

Entre los resultados observados en los participantes del programa hasta la fecha, “hemos encontrado mucho trabajo de reconciliación con el pasado, implicación en los cuidados personales, restablecimiento de vínculos familiares rotos... Hemos tenido personas que han soltado adicciones, que han dejado de fumar, que han cambiado su alimentación o que se han dado cuenta de lo poco que están descansando”.

La cuestión de la DMT

A la dimetiltriptamina, más conocida por sus siglas DMT o como “la molécula del espíritu”, tal y como la llamó Rick Strassman en su libro homónimo, se le ha atribuido un papel protagónico en el efecto curativo de la ayahuasca. Según la convención académica tradicional, la Banisteriopsis caapi –o ayahuasca, propiamente dicha– tendría el rol de permitir que la DMT contenida en la segunda planta de la mezcla, chacruna o Psychotria viridis, pueda ser activa a nivel oral.

No obstante, esta apreciación DMT-céntrica está siendo cuestionada tanto desde el ámbito científico como desde el chamánico. Puede que la DMT tenga un rol indiscutible en las visiones de ayahuasca, pero el verdadero poder curativo de la mixtura reside en los alcaloides presentes en la liana: harmina, harmalina y tetraharmalina, entre otros. De ahí se colige que la liana ayahuasca dé nombre a la decocción ayahuasca y que algunas etnias, como los shuar de Ecuador, utilicen la infusión de ayahuasca sin mezclar con ninguna fuente de DMT, obteniendo una bebida amarga y psicoactiva a altas dosis, conocida con el gráfico nombre de purgahuasca.

En el caso de las microdosis, donde la dosis debe estar en el nivel subperceptual, ¿qué papel ejerce la DMT? Según Claudio Kutzwor, de Hermanosis, no es en absoluto necesaria: “Personalmente, he hecho dos procesos con microdosis, uno con DMT (chacruna) y otro exclusivamente con Banisteriopsis, y el segundo me funcionó mejor. Dado que con la microdosis no buscamos la psicoactividad ni la visión, la DMT es prescindible”. José Carlos Bouso, psicólogo y doctor en Farmacología, no está de acuerdo con esta apreciación: “La DMT sí tiene sentido. Es el equivalente de la psilocibina en los hongos Psilocibe”.

Independientemente de la necesidad o no de la dimetiltriptamina en la fórmula, lo cierto es que su exclusión facilita a nivel legal la comercialización de la microdosis: la DMT está en la Lista 1 de la Convención sobre sustancias psicotrópicas de la ONU (al mismo nivel de restricción que la heroína o la cocaína), mientras que ni la liana ni sus componentes están fiscalizados, de modo que esta puede venderse como cualquier suplemento alimenticio, pasando los correspondientes controles de calidad.

Una microdosis terapéutica

Según el antropólogo Santiago López-Pavillard, autor de Chamanes, ayahuasca y sanación: “La microdosis es la vía más apropiada que los psicólogos tienen para integrar esta planta maestra dentro de su trabajo terapéutico, así que tiene toda la lógica que se extienda esta práctica”.

El caso de Adrià Montesinos corrobora la afirmación de Pavillard. Este joven psicólogo de Barcelona, recientemente afincado en Ibiza, inició su propio proceso de microdosis con Microhuasca. A continuación, se incorporó al programa de formación y colaboró en el acompañamiento terapéutico de los participantes en el citado programa. Y, finalmente, ha iniciado su propio programa de microdosificación, de una forma “orgánica y discreta”, según sus palabras.

Montesinos incide en la importancia del proceso colectivo durante la microdosificación: los participantes en el programa se reúnen, vía Zoom, una vez a la semana para compartir sus vivencias: “Esa parte ritualizada es lo que se rescata de los pueblos animistas: traer una cierta sacralidad y trascendencia a la toma. Si no se aportan estos espacios de acompañamiento, lo que puede pasar es que la persona no encuentre un espacio para reposar o incluso identificar estas vivencias”.

La experiencia de una participante

Una de las participantes en el programa de microdosis de Montesinos me confirma la importancia de estos encuentros semanales. Bárbara (nombre ficticio) tiene cincuenta y nueve años y ninguna experiencia con psicodélicos. Lleva tres semanas tomando microdosis de ayahuasca y está experimentando “profundos cambios” durante el proceso: “Me ayudan mucho las reuniones grupales e individuales. Sin ellas no sería capaz de integrar lo que me pasa”.

Bárbara inició el programa de microdosis porque “me sentía estancada y necesitaba reconocimiento”, me cuenta por teléfono. Tras tres semanas tomando una dosis media (3 mg diarios de ayahuasca) expresa “tener las emociones a flor de piel, muy vinculadas a mi intención”. También está experimentando una fuerte actividad onírica: “Antes no recordaba los sueños y ahora, muchísimo”. Aun con todo, “no está siendo un camino de rosas, pero tampoco de espinas. Es, más bien, un carrusel de emociones”.

La experiencia de Bárbara es coherente con la descripción que hace Adrià Montesinos del proceso: “Hay un reconocimiento de la propia persona del momento vital en que se encuentra. Ese reconocimiento es, desde el punto de vista del observador, más integrativo: luces, sombras, inquietudes del día a día. También hay un reconocimiento más integral, de conexión con el todo, la apertura espiritual, mayor sensibilidad. Identificación de emociones sin involucrarme directamente en ellas. Desde allí se despliegan otros beneficios: la serenidad, la paz interna, transitar en el presente sin caer en la ansiedad”.

El perfil habitual de los participantes en los programas (más de trescientos, sumando los citados en este reportaje) son personas que buscan el crecimiento personal, sin ninguna patología diagnosticada pero con alguna de las neurosis que, inevitablemente, nos afectan a todos en mayor o menor medida: ansiedad, estrés, miedo, duelos...

Las microdosis no son intercambiables

Como comentaba al principio del artículo, la reciente popularidad de las microdosis viene de las muy publicitadas experiencias con LSD en Silicon Valley, donde se emplea como dinamo para potenciar el foco, la creatividad y la productividad. Sería un error confundir la parte con el todo y asumir que todas las microdosis de psicodélicos funcionan igual, del mismo modo que un viaje de ayahuasca y uno de LSD no tienen nada que ver, por más que puedan compartir algunas similitudes. Las microdosis no son intercambiables.

Donde el LSD pone energía, la ayahuasca pone laxitud. Uno de los desafíos de la microdosis de ayahuasca es reconocer la conciencia del cansancio, de la fatiga, que antes no te habías permitido sentir. “Mucha gente viene con esa intención, pero nosotros intentamos que sea algo más profundo que el nivel laboral. Se da habitualmente un cambio de hábitos porque hay una dieta alimenticia; con un mes y medio de dieta ya se experimentan cambios en los hábitos: reducción del consumo de alcohol, escucha interna, ser más sensible en cómo me afectan hábitos como el café, sin olvidar la suavidad que te da la ayahuasca en el contexto laboral”, resume Montesinos.

¿Qué dice la ciencia?

Los estudios científicos sobre los efectos de las microdosis de psicodélicos son relativamente recientes y muchos de ellos están basados en la autoevaluación de los practicantes, lo que puede incidir en una cierta predisposición a percibir los efectos esperados de las sustancias, tales como el aumento de la creatividad, la energía o la mitigación de condiciones como la ansiedad, el estrés y la depresión. En otras palabras, estas autoevaluaciones están especialmente expuestas al efecto placebo.

Un metaanálisis llevado a cabo por Genís Oña y José Carlos Bouso, investigadores de ICEERS, en el 2020, documentó “hallazgos contradictorios” entre los distintos estudios: “Mientras algunas personas se benefician de las microdosis en términos de estado anímico, procesos creativos y energía, otras personas experimentan un empeoramiento de estas y otras dimensiones”. Hay que tener en cuenta que la inmensa mayoría de los estudios se refieren a microdosis con LSD y hongos alucinógenos, y apenas existe literatura científica sobre las microdosis de ayahuasca. Por otra parte, los autores reconocen que existen “prometedoras aplicaciones de la microdosificación en el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas”.

Más recientemente, en el 2021, un nuevo estudio publicado por Nature y firmado, entre otros, por Paul Stamets, encontró “asociaciones positivas entre el uso de las microdosis y la salud mental”, incluyendo “la reducción de síntomas severos de depresión, ansiedad y estrés” entre los practicantes.

Una vez más, el LSD y la psilocibina representaban la parte del león de estas prácticas de microdosificación. Esto significa que los datos que están acumulando los proyectos de microdosis enumerados en este artículo deberían empezar a configurar un corpus científico que sirva para determinar la eficacia de la ayahuasca en microdosis para diversas dolencias y condiciones. Como concluye Claudio Kutzwor, del Instituto de Estudios Psicodélicos Frontier: “Con las microdosis, menos es más”.

Este contenido se publicó originalmente en la Revista Cáñamo #299

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