La mayoría de los cultivadores no presta mucha atención a las condiciones en que mantienen las plantas durante las semanas de crecimiento, ya que necesitan menos luz y abono durante ese tiempo y se desarrollan aparentemente bien en condiciones muy diversas. Sin embargo, la época de juventud de una planta determina, en buena parte, cómo va a crecer durante toda su vida.
Desde la germinación de las semillas o el enraizamiento de los esquejes es muy importante optimizar las condiciones de iluminación, temperatura, humedad y fertilización. Hay que lograr que las plantas crezcan densas, frondosas y vigorosas durante las primeras semanas de vida. Cuanto más compactas crezcan las plantas en la fase vegetativa, más fácil será que no se estiren excesivamente durante la floración.
Cuidados en la fase vegetativa
Las plantas en crecimiento necesitan menos luz que en floración pero, si nos quedamos cortos, las plantas tienden a estirarse en busca de la luz y crean internudos demasiado grandes que ya no podremos reducir en el futuro. Desde la germinación, iremos aumentando progresivamente la intensidad de luz que reciben las plantas para que sea el máximo que puedan tolerar sin estresarse. Esta cantidad de luz depende un poco de cada variedad, pero casi cualquier planta debería tolerar alrededor de 30.000 lux o unos 300 μmol/m2/s a partir de la segunda semana de vida, sobre todo, si hemos ido acercando las lámparas un poco cada día para que se vayan acostumbrando. A lo largo de la fase de crecimiento podemos ir aumentado la iluminación hasta los 40.000-50.000 lux o unos 400-500 μmol/m2/s. Con esta intensidad de iluminación, la tendencia de crecimiento de las plantas será a quedarse compactas.
Una planta compacta y llena de ramas laterales se estirará menos durante la floración, incluso sin haber sido despuntada.
Inconvenientes de las plantas demasiado altas
Las plantas que se estiran demasiado nos fuerzan a elevar más las lámparas para que las puntas no lleguen hasta la luz y se quemen. El problema lo encontramos cuando ya no podemos subir más la lámpara porque el espacio no tiene más altura, como en muchos armarios de cultivo, que tienen solo dos metros de altura. Si tenemos en cuenta que la lámpara no puede tocar el techo y que hace falta dejar algo de espacio para situar el filtro de olor y el extractor, la altura máxima a la que puede situarse la lámpara no pasa de 160-170 cm. Si las macetas están colocadas directamente en el suelo y miden 30 cm de altura, las plantas pueden crecer como mucho hasta los 110-120 cm para que queden al menos 20 cm entre los cogollos más altos y la lámpara.
Reducir la distancia internodal
En exterior, la luz solar es tan intensa que todas las partes de la planta reciben buena iluminación.
Cuanto mayor sea la diferencia de temperatura entre el día y la noche, mayor será el estiramiento.
Hay que lograr que la distancia internodal sea lo menor posible. Se llama distancia internodal al espacio del tallo que queda entre una rama y la siguiente. Cuanto menor sea esta distancia, más densa será la planta y con menor altura se podrá poner a florecer. Si al empezar la floración partimos de una planta de 40 cm, aunque doble su altura en las primeras semanas bajo el fotoperiodo 12/12, no pasara de 80 cm, una altura perfecta para un cultivo de interior.
Las plantas con distancia internodal grande crecen mucho en altura pero no logran una gran densidad, por lo que los cogollos aparecen separados entre sí. Las plantas se ven larguiruchas y queda mucho espacio vacío que se desperdicia. Las ramas se hacen muy largas y esto las vuelve más débiles, por lo que resulta muy fácil que se quiebren bajo el peso de los cogollos. Una rama que se rompe es un cogollo que se pierde, y para evitarlo el cultivador tendrá que colocar tutores o mallas para sostener las ramas, algo innecesario en plantas bajas y compactas.
Si cada planta tiene su espacio, crecen lateralmente y luego se estiran menos.
En los cultivos de interior, la producción aumenta si logramos que haya muchos cogollos cerca de las lámparas, ya que, cuanto más lejos estén, menos luz reciben. En plantas bajas y con distancia internodal pequeña, la luz llega con buena intensidad tanto a los cogollos superiores como a los inferiores porque, incluso estos últimos, están a una distancia razonable de la luz. En cambio, en una planta que se estira mucho, la luz no llega a iluminar bien las zonas bajas y los cogollos inferiores no engordan.
Potenciar la ramificación lateral
Un crecimiento con buena luz y bastante espacio ha creado una planta con forma de arbusto que se estirará poco y creará muchos cogollos laterales.
Las plantas que reciben una alta intensidad lumínica y tienen espacio lateral disponible (las plantas no están demasiado pegadas las unas a las otras) suelen desarrollar más la ramificación lateral y crecen menos en altura, porque no lo necesitan. En cambio, si la densidad de plantación es muy alta, el único camino libre que encuentran es hacia arriba, y el crecimiento vertical se ve estimulado.
La poda de puntas es una técnica muy sencilla que estimula la ramificación lateral y reduce el crecimiento vertical. Es tan sencilla como cortar la punta del tallo principal para eliminar el brote central. Este truco redirige las auxinas que potencian el crecimiento al resto de brotes de la planta, que ven su crecimiento acelerado. Una planta sin despuntar tiene la forma de un abeto, con una punta central más alta rodeada de ramas más bajas. Al despuntarla, la estructura de crecimiento cambia, dando como resultado una forma de arbusto en el que varias ramas secundarias se reparten el espacio superior. Las técnicas de poda de puntas deben aplicarse solo durante la fase de crecimiento, nunca durante la floración, ya que pueden retrasar el inicio de la producción de flores y la maduración de los cogollos.
Evitar el estiramiento vertical
1. Tras tres semanas de crecimiento, esta planta es un ejemplo de distancia internodal grande: hay un gran trozo de tallo entre rama y rama. 2. Esta planta, en cambio, es hermana de la anterior pero resulta un ejemplo de distancia internodal pequeña: observamos como las ramas están mucho más juntas.
El estiramiento puede ocurrir por varios motivos: la genética de las plantas, las temperaturas diurnas y nocturnas o la intensidad de la luz. Cada una de estas causas contribuye al estiramiento, y la mejor forma de evitarlo es trabajar sobre todas ellas.
Genética: hay plantas que son naturalmente más altas y tienen un espacio internodal mayor. Esto es algo frecuente, aunque no exclusivo, en las variedades sativas. Las índicas suelen tener un crecimiento más compacto. Evitaremos sembrar variedades naturalmente altas si queremos que nuestras plantas se mantengan bajas.
Diferencia entre las temperaturas diurnas y nocturnas: cuanto mayor sea la diferencia de temperatura entre el día y la noche, mayor será el estiramiento. Intentaremos mantener las temperaturas nocturnas lo más cerca posible de las diurnas. Si durante el día hace mucho más calor que durante la noche, el estiramiento será mayor. En cambio, si las temperaturas nocturnas se mantienen solo unos pocos grados más bajas que las diurnas, es estiramiento se reduce considerablemente. Las mañanas fresquitas favorecen un estiramiento moderado. Algunos cultivadores mantienen la temperatura más baja durante las dos o tres primeras horas de luz y luego dejan que alcance su valor normal. Por ejemplo, empezar el día a 23 ºC y subir a 26 ºC a partir de la cuarta hora con luz.
Estas plantas en crecimiento necesitan más espacio ya o se empezarán a estirar.
La cantidad mínima de estiramiento se produce cuando todas las partes de una planta reciben luz intensa abundante.
Intensidad de luz: la cantidad mínima de estiramiento se produce cuando todas las partes de una planta reciben luz intensa abundante. En esa situación, la necesidad de la planta de crecer hacia la luz se reduce, pues ya recibe toda la que necesita. En exterior, solo que cultivemos en una lugar soleado y separemos un poco las plantas para que no se den sombra unas a otras, recibirán tanta luz como necesitan, pues el sol veraniego es muy intenso. En un cultivo de interior, las cosas son algo más complicadas. Las luces de cultivo, tanto las de ledes como las de alta presión, son potentes pero no tanto como el sol y, además, su intensidad se reduce exponencialmente con la distancia. Es decir, para reducir el estiramiento hay que poner la lámpara tan cerca como se pueda sin que se quemen las plantas por exceso de temperatura. En floración, la intensidad adecuada de iluminación empieza a partir de 400 μmol/m2/s, pero podemos aumentar hasta 900-1000 μmol/m2/s. Siempre que las plantas lo toleren, a más luz menos estiramiento.
Densidad de plantación: cuando las plantas crecen muy cerca entre sí, sus ramas empiezan a entrecruzarse y se dan sombra mutuamente. Las ramas impiden que toda la luz penetre con intensidad hasta las zonas bajas. Las zonas más sombreadas solo reciben una parte del espectro lumínico, más rico en longitudes de onda cercanas al infrarrojo y al rojo lejano. Este espectro tiene la capacidad de promover el estiramiento de las ramas, que es justo lo que intentamos evitar. Por tanto, una densidad excesiva de plantas favorece su estiramiento. Si durante el crecimiento empezamos a ver que nos hemos pasado con el número de plantas y que sus ramas empiezan a tocarse demasiado, podemos podar las ramas más bajas de cada planta, que suelen ser las que tienen mayor crecimiento lateral, para reducir la anchura de cada una y evitar que la competencia por el espacio las lleve a estirarse verticalmente.
Franja de iluminación óptima
Al final de la floración, vemos como la estructura compacta de estas plantas ha permitido que los cogollos inferiores sean tan gruesos como los superiores.
En un cultivo de interior con luces siempre hay una franja que recibe una intensidad de iluminación perfecta, donde los cogollos pueden crecer y madurar en las mejores condiciones. Empieza a la distancia de la luz en que las temperaturas no son excesivas y termina donde la intensidad de luz empieza a ser demasiado débil. El tamaño de esta zona depende del tipo de lámpara y su potencia. Por ejemplo, las luces de led se pueden acercar más porque no se calientan tanto y su luz penetra más profundamente en la canopia del cultivo. Las luces de alta presión, por el contrario, son menos intensas y desprenden mucho más calor, por lo que se tienen que alejar algo más de los cogollos. Como regla general, podemos decir que, con una lámpara de alta presión de 600 W, la franja de iluminación óptima empieza a unos 40 cm de la bombilla para una planta en floración, más cerca es probable que la temperatura sea excesiva y la planta sufra por exceso de calor. Con una lámpara de ledes también de 600 W, las plantas pueden acercarse más, hasta unos 20 cm sin que el calor sea excesivo.
Hay que tener en cuenta que las plantas jóvenes en crecimiento necesitan menos luz, por lo que al principio colocaremos las lámparas más alejadas de las plantas y dejaremos que se vayan acercando conforme vayan creciendo.
El objetivo es que casi toda la planta se encuentre dentro de la zona óptima de iluminación.
Las luces de cultivo suelen penetrar con buena intensidad en los 50 cm superiores de la planta. Aunque las medidas exactas dependen de la lámpara y la variedad, en general, los cogollos que están más lejos recibirán menos luz de la necesaria y los que están más cerca probablemente pasen demasiado calor. Esto quiere decir que en una planta de 100 cm de altura, si colocamos la lámpara de ledes a 25 cm por encima de las puntas más altas, solo los cogollos que estén situados en la mitad superior de la planta recibirán la intensidad correcta de luz. Los que estén en la mitad inferior no se desarrollarán bien. Los cultivadores suelen podar las ramas de las zonas bajas para evitar que la planta malgaste energía en unos cogollos que no podrán madurar bien. Pero es mucho mejor planificar mejor y poner las plantas en floración con un tamaño tal que, tras el estiramiento que se producirá en las tres primeras semanas de floración, las plantas no superen en mucho el tamaño de la zona óptima de iluminación.