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Los hombres malos, los padres incapaces y las peores drogas

El pasado mayo se vieron los capítulos finales de dos grandes series que comenzaron a emitirse en 2019: Euphoria (HBO) y The Boys (Amazon Prime). Destinadas a denunciar y parodiar respectivamente las caras más oscuras de la sociedad estadounidense y sus mitologías, ambas alcanzaron en su última temporada su punto más bajo de aceptación. A pesar de sus irregulares finales, ambas guardan inspiraciones comunes, momentos sublimes, y una denuncia desesperada sobre el sistema que nos consume.

Uno de los tropos fundamentales de la narrativa humana descansa en los problemas que surgen y las soluciones que se ofrecen cuando la figura del padre se descompone. El padre como hombre bueno, capaz de cuidar, proveer, compadecerse y abandonar temporalmente la guerra y su propio placer individual para ayudar a sus hijos a acercarse a un futuro mejor. Eso lo explicaba muy bien el ensayo antropológico El gesto de Héctor. Prehistoria, historia y actualidad de la figura del padre (Taurus. 2017) del sociólogo italiano Luigi Zoja. Decía: “La gradual descomposición de la firma paterna tiene dos caras. Una es simbólica, cultural, y concierne a los valores e imágenes-guía. En los cielos no hay ningún Padre absoluto. El símbolo de los símbolos ha desaparecido. Hasta los ‘padres de la Patria’ se han olvidado. La segunda cara es estadística. Los padres desaparecen de la familia”.

Euphoria (HBO)

Euphoria (HBO)

La especie humana es una especie que cuenta historias para entenderse e imaginar su futuro. Así que matar a un padre, un dragón o un proxeneta, o morir de sobredosis en la ficción no es tan baladí. Si quieres entender una época debes zambullirte en los arquetipos de sus ficciones. 

Aunque pertenecen a universos diferentes desde el punto de vista del género, intención y estética, Euphoria y The Boys son dos exitosísimas series de televisión de cadenas de pago que guardan más puntos en común de lo que a primera vista pudiera parecer. Su materia contextual es similar: el sistema y la sociedad estadounidense son pura podredumbre, corrupción y delirio; los varones –y las mujeres que los alimentan– son inmaduros, inmorales, abusadores, brutales y narcisistas. Y si coqueteas sin freno con ciertas drogas –el muy real fentanilo en Euphoria o el fantástico Compuesto V en The Boys– para conseguir lo imposible, es imposible que la cosa acabe bien.

Venga, situemos al neófito. Euphoria es un drama –que adapta otro drama televisivo homónimo israelí– que retrata el vacío identitario y los problemas y abusos con el sexo, drogas y familia de un grupo de chicas y chicos adolescentes de instituto y la relación que estos mantienen entre sí y con los adultos que les rodean. El original israelí duró una temporada y fue un fracaso. No ha sido el caso de la serie de HBO, adaptada muy libremente y realizada por uno de los productores, directores, guionistas y showrunners que más impacto ha tenido en el audiovisual reciente: Sam Levinson, hijo del director de cine Barry Levinson. Con tres temporadas de ocho episodios cada una más dos especiales a lo largo de siete años, Euphoria ha sido la cantera de las grandes estrellas jóvenes del Hollywood actual: Zendaya, Sidney Sweeney, Jacob Elordi, Maude Apatow, Hunter Schafer, Angus Cloud, Alexa Demie, Barbie Ferreira, Nika King, Storm Reid… 

El actor Anthony Starr borda el personaje de Homelander en The Boys, una parodia de Superman/Trump.

El actor Anthony Starr borda el personaje de Homelander en The Boys, una parodia de Superman/Trump.

The Boys es otra adaptación. De Erik Kripke, su showrunner, que ya había obtenido gran éxito con su serie Supernatural. En The Boys, Kripke adaptó un comic homónimo creado por Gart Ennis (Predicador) y dibujado por Darick Robertson que ya parodiaba desde dentro el género de los superhéroes para hacer una crítica despiadada a la sociedad y la política estadounidenses en la época de Bush junior post 11-S. Y, de paso, reventar los lugares comunes del cine de superhéroes con una sátira que traspasara todos los límites de censura, sexo y violencia del Comic Code de antaño y del Disney Code del presente.

El tono y la estética de ambas series no puede ser más antitético. Euphoria se toma en serio a sí misma y The boys se ríe hasta de su sombra. Ambas logran picos de excelencia en lo suyo. Del mismo modo que ambas desfallecen en algún momento porque ni se puede estar haciendo Jackass durante siete años, ni tensando el círculo vacío/adicción/redención durante el mismo tiempo. Pero si hay algo común en las last seasons de ambas es que parece que sus finales no han satisfecho del todo a sus seguidores. Lógico por otra parte en una sociedad que cada día parece más impermeable a la evidencia de que todo lo que nace acaba muriendo. Normal en una época de déficit de atención y pérdida de memoria colectiva donde las epifanías y certezas nos duran dos telediarios. ¿Y qué era un telediario? Inevitable en una época donde se estiran los chicles más tiempo del necesario.

 Una sátira macarra

Homelander y Soldier Boy, interpretado por Jensen Ackles, son hijo y padre con superpoderes.

Homelander y Soldier Boy, interpretado por Jensen Ackles, son hijo y padre con superpoderes.

"Coincidencias en ambas series: la sociedad estadounidense es podredumbre, corrupción y delirio; los varones son inmaduros, inmorales, abusadores y narcisistas. Y si abusas de ciertas drogas –fentanilo en Euphoria y el Compuesto V en The Boys– es imposible que la cosa acabe bien"

The Boys intentó –y lo logró– crear la serie más cafre y macarra sobre los lugares comunes del mundo clásico de los superhéroes. Un mundo donde es sencillo tener superhabilidades: basta con tomar por voluntad propia o sin que te hayas enterado una droga que te descubre poderes. ¿Cuáles? Pues es aleatorio. Algunas son la hostia y otras una mierda. Un mundo parecido al nuestro gobernado por corporaciones que controlan gobiernos, economías y audiencias, donde la decencia y la preocupación por el prójimo se ven como debilidades. La misma droga, el Compuesto V, si no te mueres en el proceso, te puede convertir en alguien con los poderes de Superman o en un tipo con un escroto de varios metros y la habilidad de usar sus testículos como boleadoras ninja. 

Existen grupos de superhéroes parecidos a los clásicos –The Seven– que aparentemente están para salvar al mundo de las maldades como en los cómics clásicos de DC y Marvel. El problema es que casi nadie tiene brújula moral alguna en este mundo donde la pregunta sería cómo es posible que mantengas una ética cuando tienes tantísimo poder: si eres indestructible e inmortal ¿lo normal no sería que fueses un absoluto psicópata, narcisista y misántropo? 

En The Boys hay lugar para el romance: Starlight (Erin Moriarty) y Hughie (Jack Quaid) forman parte del grupo que busca destruir a los Supers.

En The Boys hay lugar para el romance: Starlight (Erin Moriarty) y Hughie (Jack Quaid) forman parte del grupo que busca destruir a los Supers.

En sus primeras temporadas la impecable encarnación del principal personaje de la serie, Homelander (Patriota) por parte del actor Anthony Starr nos cautivó con la parodia descacharrante que hacía simultáneamente de Superman y de Donald Trump: un tipo megapoderoso y disfuncional que quiere ser amado pero se sabe temido y reacciona como un niño caprichoso que no conoce los límites cuando ve sus delirios frustrados asesinando a quien se le interpone. En esta última temporada Homelander cree que es la evolución de Jesús y le pide al mundo que le adore. The Boys es el nombre del grupo no menos disfuncional de tipos, con poderes o sin ellos, que se enfrenta a Homelander, sus compinches y a la empresa creadora del Compuesto V. Buscan destruir la droga y acaban actuando con la misma flaqueza moral que sus enemigos.

El problema que ha tenido The Boys, una serie producida por el actor, director y productor Seth Rogen, bien conocido por su capacidad para la sátira del mundo estadounidense, es que, la realidad ha superado a la ficción: los seguidores de Donald Trump ya llenaron las redes antes de imágenes donde el líder con cara de cheeto estreñido se vestía como un Jesucristo de estampita. Homelander mata o lo intenta a su padre y a su hijo, también superpoderosos. Como padre es incapaz de sentir responsabilidad ni amor alguno por los demás. Como hijo es un Edipo satirizado de libro. En The Boys, la máxima moral de Spiderman de “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” llevaría la siguiente coletilla: “Lo que pasa es que teniendo tanto poder, la responsabilidad es un coñazo”. El problema es que la parodia de la parodia va perdiendo efecto a medida que avanza.

La ausencia del padre

La actriz Sidney Sweeney interpreta a una tradewife que busca fama desde una cuenta de OnlyFans.

La actriz Sidney Sweeney interpreta en Euphoria a una tradewife que busca fama desde una cuenta de OnlyFans.

Euphoria no parodia, muestra. Nos obliga a seguir a su personaje principal, una chica, Rue, huérfana de padre de forma traumática siendo adolescente que acaba metiéndose en el consumo de opioides con la intención de evitar el dolor abrumador que ningún adulto le ayuda a sostener. La factura técnica, cinematográfica e interpretativa de la serie es excepcional. Al contrario que la serie israelí, todos sus actores son superguapos. Sam Levinson busca hacer una denuncia de la sociedad estadounidense que solo busca ser rico, guapo y famoso y que no ofrece más herramientas que el engaño, la prostitución, la ambición desmedida y que crea y promueve drogas y tecnologías que generan adicción. 

En sus dos primeras temporadas de highschoolers disfuncionales, Euphoria generó aplausos simultáneos: el woke y progresista por su línea inclusiva y transparente a la hora de abordar temas por escabrosos que fueran; el cinéfilo por su espectacular cinematografía y banda sonora o el trendy teen porque también encontraban modelos y tutoriales para customizarse como Rue, Jules o Cassie. También se alzaron padres conservadores tildando a la serie de depravada. “Nuestros hijos no son así”, gritaban. Pero nadie dudaba. Euphoria se había sentado en la mesa de The Wire o A dos metros bajo tierra. Y molaba mucho.

Alamo Brown (Adewale Akinnuoye-Agbaje), proxeneta y narcotraficante, es el principal villano de Euphoria.

Alamo Brown (Adewale Akinnuoye-Agbaje), proxeneta y narcotraficante, es el principal villano de Euphoria.

Sin embargo en su última temporada la cosa no ha sido tan unánime. En parte porque han pasado cuatro años desde su anterior temporada. Y algunos nos hemos vuelto viejos. Pero el mundo no se ha hecho más adulto. De hecho, la llegada al mundo adulto de los jóvenes protagonistas como de los espectadores se ha enfrentado con barreras y hasta simas insalvables. Y en su tercera temporada, los protagonistas de la serie ya con 25 o 26 años ven cómo sus sueños se van estrellando uno tras otro en el mundo real. La sexybomb Cassie acaba casándose con el chico guapo y rico del instituto, sí. Pero este es un estafador incapaz de proveer y ella una chavala insegura que más allá de su sueño de ser la perfecta tradewife acaba abriendo una cuenta de OnlyFans para poder mantener su estatus. Su vieja amiga, rival y finalmente cómplice Maddy es más lista que la mayoría, pero está rodeada de techos de cristal raciales y de clase. Intenta hacer negocios con el narco proxeneta negro tras haber pasado por el mundo absurdo de los influencers. Jules, la chica trans, se enfrenta con la realidad de que no logrará ser alguien como artista con voz propia, sino que será objeto de compañía de un cirujano plástico riquísimo que la encierra en su loft neoyorquino.

Por encima de todos Rue, la heroína trágica que tras cinco años de acabar el instituto y ser capaz de mantenerse sobria, no encuentra más vía para sobrevivir que hacer de mula para narcos, de ayudante para Álamo Brown el proxeneta y de chivata para la DEA. No puede terminar nada bien. Y aunque se le da un extraño arco de redención simbólico al personaje, el plano final de esa América tradicional de granja en el Oeste, familia numerosa, biblia en la mesa, molino de agua y bandera de barras y estrellas al viento invita a un desasosegante eterno retorno.

Alexa Demie interpreta a Maddy, una ambiciosa latina que busca triunfar.

Alexa Demie interpreta a Maddy, una ambiciosa latina que busca triunfar.

En su last season el drama trágico escolar se ha transformado en un lisérgico e hiperbólico western de la post American Beauty. Cambio de género. A los conservadores, sigue sin gustarle: zafia, inmoral y esas cosas. Pero al mundo woke y progresista tampoco le ha gustado mucho. Acusan a Levinson de viejo verde pervertido obsesionado por las chicas jóvenes y abusando de la imagen de la mujer como objeto sexual. Pero eso es no haber entendido la serie en absoluto. O no recordar que vivimos en una realidad donde el porno y la explotación sexual están al alcance de cualquiera. Un personaje lo recuerda: “El año pasado Hollywood facturó 8.000 millones de dólares; OnlyFans 7.000. El año que viene Hollywood ya estará en decadencia”. Y para los cinéfilos hay muchos guiños y citas al buen cine del bueno con el que crecimos: el duelo pistolero final Alamo Brown y Ali Muhammad –al negro malo solo puede enfrentarse el negro bueno– es una oda al duelo de Sin perdón de Clint Eastwood. Y la escena donde destrozadas pero ilesas, Maddy y Cassie se abrazan la una a la otra en una cafetería, nos recuerda a las Diana y Camila de Mullholand Drive, el film magistral sobre cómo se retuercen los sueños de fama en un Hollywood patriarcal y explotador. Sale también, y no lo hace nada mal la Rosalía, como latina empoderada del puticlub de Álamo, recordándonos que esta serie, aunque el objetivo de Levinson fue denunciar las adicciones y la plaga del fentanilo, se hizo, sobre todo, para molarle a la audiencia que puede pagar la suscripción a HBO. 

Zendaya interpreta a Rue, la trágica heroína sobre la que descansa la trama de Euphoria.

Zendaya interpreta a Rue, la trágica heroína sobre la que descansa la trama de Euphoria.

En el monólogo que Ali –el mentor de Rue en su dependencia y vengador posterior del personaje que ha levantado Zendaya– lanza al final de la serie, da las claves de Levinson: “Antes creía que el mundo sería mejor si la gente empatizara con las adicciones. Entender que los adictos sufren de una enfermedad incurable, similar al cáncer. Un adicto puede estar en remisión, pero la enfermedad no desaparece. Tal vez la empatía no sea tan útil después de todo. Quizá la verdadera enfermedad es que la gente ya no diferencia entre el bien y el mal. No me importa cuáles sean tus problemas, estás envenenando a jóvenes por dinero, eres malo. Así de simple. (…) La principal causa de muerte en las personas menores de 50 años es el fentanilo. No es un accidente, es un gran negocio. Hace un par de meses perdí a alguien que me importaba mucho y por primera vez en mucho tiempo, me tomé un trago. No sabía qué hacer con el dolor. Solo sé que estoy cansado de perder gente”. El actor que había interpretado al amigo inseparable de Rue/Zendaya en las dos primeras temporadas, Angus Cloud, murió accidentalmente de una combinación de cocaína y fentanilo tras la segunda temporada. El final de la tercera es un homenaje a Fezco/Cloud.

Así que a Levinson, después de crear un personaje de esperanza de hombre bueno, de hombre redimido, de padre cuidador como Ali/Colman Domingo, le entra un tarantinazo, lo viste del ejército y lo manda en busca de venganza y a buscarse la justicia por su mano. Al cabo, Euphoria no deja de ser una historia de los Estados Unidos. La del western. La de la biblia y el rifle.

Este contenido se publicó originalmente en la Revista Cáñamo #341

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