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La ciencia busca respuestas sobre la relación entre psicodélicos y memoria

El psicólogo finlandés Samuli Kangaslampi investigará si los psicodélicos facilitan el recuerdo autobiográfico o aumentan el riesgo de distorsionarlo. El proyecto recibió 696.733 euros de financiación pública y se extenderá hasta 2030. La pregunta tiene consecuencias clínicas y legales, pero la evidencia disponible todavía no permite afirmar que estas sustancias produzcan recuerdos falsos.

El proyecto, financiado por el Consejo de Investigación de Finlandia, combinará ensayos controlados con la Universidad de Maastricht, trabajo de laboratorio en la Universidad de Tampere, encuestas y análisis de experiencias ya registradas. Su objetivo es comprender si los psicodélicos mejoran el recuerdo de episodios personales, lo distorsionan o modifican la forma en que esos recuerdos son interpretados.

La pregunta que mueve la investigación tiene raíces en las primeras terapias con LSD de los años cincuenta y sesenta, cuando pacientes y profesionales comenzaron a describir recuerdos intensos de la infancia o de episodios traumáticos durante las sesiones. Kangaslampi y Morten Lietz revisaron este terreno en Psychopharmacology y concluyeron que todavía existen cuestiones básicas sin resolver sobre la memoria autobiográfica y su posible relación con los efectos terapéuticos. En Cáñamo ya abordamos qué sucede cuando traumas infantiles irrumpen en plena experiencia psicodélica.

La cautela parte de una idea conocida y tiene relación con que la memoria no conserva el pasado como una grabación, sino que lo reconstruye cada vez que una persona recuerda. Los experimentos sobre falsos recuerdos han mostrado que la sugestión, determinadas técnicas de entrevista y la información incorporada posteriormente pueden alterar ese proceso.

Sin embargo, todavía no existen buenos estudios que permitan saber si una persona bajo los efectos de un psicodélico es más susceptible a formar recuerdos falsos. Hay indicios indirectos —como un posible aumento de la sugestionabilidad y de la sensación de certeza—, pero esos antecedentes no constituyen una demostración.

El proyecto contempla tareas experimentales con palabras, imágenes y escenarios de realidad virtual, además de métodos basados en diarios personales. El desafío será trasladar esos resultados a la memoria autobiográfica, donde rara vez existe un registro independiente que permita comprobar con exactitud qué ocurrió.

La necesidad de prudencia se vuelve especialmente urgente cuando un recuerdo atribuye una conducta grave a otra persona o puede desencadenar consecuencias familiares y judiciales. Kangaslampi sostiene que los profesionales no deberían inducir la búsqueda de recuerdos que antes no estaban disponibles ni presentar como hechos las escenas surgidas durante una sesión.

Esta precaución forma parte de una reducción de daños más amplia ya que la terapia psicodélica sin una red de apoyo puede convertir una experiencia potencialmente útil en una fuente adicional de sufrimiento.

El interés terapéutico por los psicodélicos crece mientras algunas preguntas elementales siguen sin respuesta. En ese terreno, la intensidad de una experiencia no debería confundirse y si un recuerdo puede sentirse verdadero, aun así, se requiere  contexto y verificación.

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