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Globo

Si en la anterior entrega nos tomamos un descanso para comer, en esta, el plan, el superplan, es pasárnoslo bomba, pipa, chachi piruli… Hasta, literalmente, caernos de la risa. Y, lógicamente, para ello tiraremos por la vía fácil. Ni comedias románticas, ni revistas de humor, ni chistes, ni periodismo de investigación sobre drogas, ni nada de nada más que eso mismo: drogas, una, la de la risa por antonomasia, el N2O, óxido nitroso o, más claro no se puede decir, gas de la risa.

Es esta una sustancia de la que todos hemos oído hablar. Fue descubierta y sintetizada hace la de dios y, como tantas y tantas drogas, ha tenido y sigue teniendo sus preceptivos usos médicos, en este caso fundamentalmente en odontología, por su efecto anestésico y disociativo.

Del mismo modo, dado su potencial para provocar un breve estado de embriaguez, euforia e hilaridad, ha sido y continúa siendo consumida con fines lúdicos y hedonistas.

Se trata, además, de un producto de fácil adquisición y bajo coste, en tanto en cuanto que se encuentra en los cargadores empleados habitualmente en hostelería para montar nata. De tal manera que puede ser considerada, con todas las de la ley, como una droga casera y, en consecuencia, le corresponde por derecho propio un lugar en nuestra sección.

‘Cream chargers’, globos y vídeos de YouTube

Globo

En fin, que una vez elegida la droga del mes, escribí en Google “cargadores de nata montada” y “crackers para óxido nitroso”, pagué y, unos días después –dedicados concienzudamente a revisar las consabidas webs sobre drogas (Energy Control, Cannabis Café, etc., etc.), ver unos cuantos vídeos en YouTube con gente despollándose viva y a comprar globos–, ya tenía todo lo necesario para proceder: se introduce el cargador en el cracker, se acopla el globo a uno de sus extremos, se aprieta el cracker, se infla el globo, te lo llevas a la boca e inspiras todo lo que puedas…, expiras, vuelves a inspirar sin soltar el globo ni echar el aire y así hasta que no puedas más. Ese es el procedimiento.

La chupifiesta

Acto seguido, convoqué a la chupipandi (Pitu, Beto, Álvaro, Franchu…), y procedimos a pegarnos la chupiparty. Unos y otros inspiramos e inspiramos todo lo que pudimos y…: ni una mísera risa. Algún mareíllo, alguna sonrisilla y un par de jajas de Alberto, pero nada más. Vamos, que fue como salir en Fin de Año: mucha expectativa de cachondeo y descojone para finalmente resultar ser un auténtico bodrio. Evidentemente, no me di por vencido, pensé que algo habríamos hecho mal y me encargué de solucionarlo: más cargadores, globos más grandes, más inspiraciones e inspiraciones, más retención del aire y globos más seguidos. En otras palabras: ¡MÁS!

Vuelta a convocar a la banda y…: los mismos resultados.

Dejé pasar unos días y volví a hacer un último intento. Esta vez tomé únicamente yo, mis compañeros hicieron el papel de meros observadores y… les funcionó: se partieron de risa viendo cómo me ponía morado inspirando e inspirando, aguantando la respiración con el globo en la boca. Eso sí, yo, de nuevo, me quedé impertérrito, con mi mareíllo y tal pero nada más; vamos, que a mi lado la Mona Lisa parecería Risi –si, el de los Gusanitos, los Triskys y los Risketos, el de toda la vida.

Verdecito

En la Tercera Fase somos plenamente conscientes de que esta es una sustancia psicoactiva y no albergamos duda alguna al respecto de sus efectos hilarantes. Nos consta, también, que grandes personalidades de ayer y de hoy (como William James, por ejemplo) tuvieron y tienen grandes inspiraciones tomando este compuesto (habría que verle/verles administrándose LSD o DMT…). No obstante, es igualmente evidente que a nosotros y a los compañeros que participaron en esta laboriosa investigación no nos provocó más que una brevísima embriaguez (de hecho, hace años que quien esto escribe ya había tenido ocasión de catarla y obtuvo los mismos efectos).

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Ello no hace sino evidenciar que cada sustancia puede provocar efectos muy dispares en cada individuo; que la psicoactividad de determinado producto y la tipología de dicha psicoactividad no son siempre tan evidentes ni fáciles de determinar. Del mismo modo que refleja palmariamente que las dosis y los métodos de administración tienen una importancia fundamental a la hora de que una droga produzca unos u otros efectos: no es lo mismo un cracker del tamaño de un tampón que una bombona del tamaño de un misil tomahawk de las que se emplean en odontología, al igual que no es lo mismo inspirar el gas contenido en un globito que respirar de modo continuado conectado al misil tierra-aire del dentista.

Sea como fuere, y teniendo estas cuestiones bien presentes, a continuación pasaremos a clasificar al gas de la risa en una de las categorías sobre drogas propias de esta sección. Aaah… ¿Que no las conocen? Pues no se preocupen que se las explicamos ahora mismito. Veamos, si Josep Maria Fericgla habla de drogas de esclavos (para trabajar mucho y pensar poco: café, tabaco, alcohol…) y de libertos (para liberar la mente: ayahuasca, peyote…), en la Tercera Fase hablamos de drogas de séniores y drogas de pubertos.

Las drogas de pubertos son legales, de fácil adquisición –caseras, por así decirlo–, baratas. Muchas son inactivas (hebras de plátano, dentífrico…). Algunas son psicoactivas –generalmente, de efectos breves y consistentes en mareos o risa fácil (cloretilo y similares…)–. Unas pueden ser intensas, duraderas y peligrosas (pegamentos y barnices), y buena parte son asombrosamente exóticas e hilarantes en sí mismas, como mero concepto (porroarañas –porros liados con telas de araña, rayas hechas con el contenido de las pilas…).

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Las drogas de séniores, salvo honrosas excepciones, son ilegales (o, por lo común, hay que tener dieciocho años para consumirlas, por lo que siguen siendo de séniores), de fácil adquisición, caras. Unas son exóticas, otras de andar por casa; unas más peligrosas, otras menos; unas más intensas, más sutiles, más duraderas o más breves, pero todas son activas… y se nota.

Por regla general, llegada una edad, pudiendo elegir, quien gusta de tomar drogas y cuenta con cierta experiencia escoge para su consumo drogas de séniores. Las drogas de pubertos son, normalmente, las que utilizan los usuarios –jóvenes y jóvenas, principalmente– en sus primeros pinitos con las drogas. O bien aquellos que no pueden elegir porque no tienen otra cosa a mano o que carecen de los recursos para conseguirla.

Por lo tanto, una vez aclarada nuestra tipología propia sobre sustancias psicoactivas, el veredicto inapelable de la junta directiva de La Tercera Fase es que el N2O es… una droga de pubertos. Caso cerrado.

Fotos: Alberto Flores

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