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Guía de diagnóstico de carencias y enfermedades

Guía de diagnóstico de carencias y enfermedades
Una planta sana sin carencias ni enfermedades dará una buena cosecha de cogollos de calidad. Fotos: José T. Gállego

Nuestra planta no va bien y no sabemos qué le pasa. Si no crece, se retuerce, tiene manchas o cualquier otro síntoma que no somos capaces de identificar, esta guía de diagnóstico nos puede ayudar a encontrar la raíz del problema y a ponerle solución.

Los novatos que plantan cannabis por primera vez se suelen sentir abrumados por la cantidad de información disponible sobre cultivo: tipos de tierra, técnicas de siembra, abonos y fertilizantes, pH y EC, plagas y carencias, etc. Con frecuencia, esto les lleva a cometer errores que son fáciles de evitar o, al menos, corregir si se detectan a tiempo. El cannabis es una planta muy fuerte, capaz de desarrollarse en condiciones muy diversas con buenos resultados, pero es importante conocer qué requiere para mantenerse sana y detectar cualquier problema lo antes posible para solucionarlo antes de que se convierta en grave. Las plantas necesitan pocas cosas: agua, luz, aire, tierra y nutrientes, aunque estos elementos deben guardar un equilibrio entre ellos para que no haya problemas. Por ejemplo, el exceso de agua es tan perjudicial como su falta: las plantas requieren riegos periódicos, pero la tierra no debe estar siempre encharcada ni permanecer seca durante días, pues ambas condiciones pueden resultar letales para ellas. En mi experiencia, el error más común entre los cultivadores principiantes es regar las plantas en exceso, lo que ahoga las raíces por falta de oxígeno y dificulta la absorción de nutrientes. El exceso de agua es la principal causa de deficiencias nutritivas y fallos en el crecimiento. Si la tierra de las macetas permanece siempre mojada, lo estamos haciendo mal. Así que dejaremos que se seque casi completamente antes de volver a regarla. Si escarbamos un poco en el sustrato, deberíamos ver que la capa superior (al menos, dos centímetros) se ha secado antes de regar de nuevo. Las plantas no se mueren de golpe por falta de agua, antes lo muestran claramente: las hojas empiezan a verse flácidas y caídas, y en ese punto son todavía totalmente recuperables, por lo que no hay que tener miedo de que se sequen. Después de regar, levantaremos la maceta y nos haremos una idea del peso que tiene. No deberemos volver a regarla hasta que el peso sea claramente menor. Este consejo es el mejor que puedo dar, y hará que las raíces crezcan sanas y fuertes. Si estamos regando en exceso, hay que dejar de hacerlo; seguramente, todos los problemas de las plantas mejorarán enseguida. Si el riego es correcto, dejaremos que la tierra se seque bastante entre riegos, y si aun así las plantas tienen problemas, empezaremos a leer la guía de diagnóstico.

Guía de diagnóstico de carencias y enfermedades
El exceso de nitrógeno se distingue por las hojas de color verde oscuro y retorcidas en forma de garra.

Guía de diagnóstico

"Las hojas deberían tener un bonito color verde (ni muy claro ni muy oscuro), ser bastante grandes y mostrarse abiertas y vigorosas"

Observaremos con atención la planta fijándonos en todos sus detalles: las hojas deberían tener un bonito color verde (ni muy claro ni muy oscuro), ser bastante grandes y mostrarse abiertas y vigorosas. Hay que leer paso a paso los siguientes puntos y seguir las instrucciones para llegar al diagnóstico.

  1. Miraremos dónde está el problema dentro de la planta. Si es en la zona media o baja, pasaremos al punto 2; si está en toda la planta, iremos al punto 6, y si solo se localiza en la zona alta o en las puntas de crecimiento, saltaremos al punto 9.
     
  2. Si las hojas son de color verde claro o amarillo, sin manchas presentes, muchas se mueren y caen y el crecimiento es lento, lo más probable es que la planta tenga una deficiencia de nitrógeno. La solución es abonar con más frecuencia o aumentar la dosis de abono de crecimiento. Si no vemos estos síntomas, pasaremos al punto 3.
     
  3. Si las hojas se muestran retorcidas por las puntas, hay hojas que amarillean o tienen manchas marrones o de color óxido pero mantienen los nervios de color verde, lo más probable es que exista una deficiencia de magnesio. Hay que asegurarse de que el pH del agua de riego esté entre 5,5 y 6,5. Si no se corrigen los problemas, añadiremos un suplemento de magnesio al agua de riego. Si estos síntomas no se ven, iremos al punto 4.
     
  4. Las hojas amarillean desde el borde hacia el centro, las partes amarillas luego se ponen marrones y aparecen puntos de tejido muerto y seco en los bordes, que suelen estar retorcidos. Las plantas crecen bien en altura, pero las hojas son débiles y se desprenden y caen con mucha facilidad en cuanto las tocamos. Lo más probable es que las plantas sufran una deficiencia de potasio. Comprobaremos y ajustaremos el pH del agua de riego: si el pH es correcto, aumentamos un poco la dosis de abono; si no vemos estos síntomas, pasaremos al punto 5.
     
  5. El color de las hojas es verde muy oscuro, como si tuviera un toque de azul o de púrpura. Los colores púrpura se pueden ver también en el tallo central y las ramas y en los peciolos (los tallos) de las hojas. En hojas viejas pueden aparecer manchas de tejido muerto de color púrpura oscuro o negro. Finalmente, las hojas se van retorciendo y acaban muriendo. Las plantas crecen poco y las hojas son pequeñas. Estos síntomas indican una deficiencia de fósforo y, normalmente, se arreglan ajustando el pH y abonando las plantas con fertilizante de floración. Si no vemos estos síntomas, iremos al punto 6.
     
  6. Cuando las puntas de las hojas de la mayoría de la planta (zonas altas y bajas) son marrones, amarillas o están muertas pero la planta en general está verde y se ve sana, aunque los tallos puedan estar blandos, suele deberse a una sobrefertilización general y se arregla lavando la tierra con un riego muy abundante de agua sin abono para que arrastre los nutrientes acumulados en la tierra y no volviendo a abonar hasta que la planta haya mejorado. Normalmente, con el paso de los días veremos que el color de las hojas se aclara y la planta empieza a crecer mejor. Si no vemos estos síntomas, pasaremos al punto 7.
     
  7. Las hojas de casi toda la planta se han retorcido y parecen garras, con las puntas giradas hacia abajo. El color es verde oscuro generalmente, pero también puede ser gris oscuro o tener manchas doradas. Estos síntomas indican una sobrefertilización con nitrógeno, que es el componente principal de los abonos de crecimiento. Hay que dejar de abonar inmediatamente, regar abundantemente con agua sola y no volver a abonar hasta que el color de las hojas se haya aclarado y las plantas estén con un buen aspecto de nuevo. En ocasiones, hacen falta dos o tres semanas sin abonar. Si no vemos estos síntomas, iremos al punto 8.
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    Otro ejemplo de sobrefertilización con nitrógeno, combinado con algún otro problema que, además de retorcer las hojas, les ha dado una textura extraña.
  8. Vemos que la planta está muy marchita y mustia, las hojas se ven caídas, como deshidratadas, pero la tierra está húmeda. Lo más probable es que haya alguna enfermedad en las raíces, seguramente derivada del exceso de riego o la sobrefertilización. Las raíces no pueden absorber el agua y la planta se está muriendo. Es una mala situación y no es fácil que se solucione, así que dejaremos de regar completamente y esperaremos a que la tierra se seque. Con suerte, las raíces se recuperarán poco a poco y la planta sobrevivirá. Una vez que la tierra esté completamente seca, regaremos en poca cantidad y con poca frecuencia para que las raíces estén bien oxigenadas. Si no vemos estos síntomas, pasaremos al punto 9.
     
  9. Las hojas superiores, sobre todo las más jóvenes que acaban de brotar, están amarillas o blanquecinas pero los nervios de las hojas siguen de color verde. Estos síntomas indican una clorosis o falta de hierro. Casi siempre no es un problema de que falte hierro en la tierra o el abono, sino que se debe a un pH demasiado alto que impide la absorción de este nutriente. Ajustaremos el pH del agua de riego para que no supere 6,5. Para resolver rápido el problema, además de ajustar el pH, podemos regar o pulverizar un suplemento de hierro quelatado, que es un tipo de hierro que las plantas pueden absorber aunque el pH esté muy alto. Si no vemos estos síntomas, pasaremos al punto 10.
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    Clorosis o carencia de hierro: fumigaremos la planta con quelato de hierro para que mejore con rapidez.
  10. Hasta ahora hemos visto los síntomas más claros y fáciles de corregir. En el resto de los casos, normalmente las causas son múltiples y lo más fácil para corregir el problema es hacer un lavado de la tierra regando las macetas con una gran cantidad de agua con el pH ajustado a 5,8-6,0, seguido de un riego de agua mediante un abono completo con microelementos. Ajustaremos la solución nutriente a una EC moderada de aproximadamente 0,8-1,2 o usaremos la mitad de la dosis indicada en la etiqueta del fertilizante. Con el lavado, eliminamos las sales acumuladas en la tierra y, con el abono, nos aseguramos de aportar una dosis equilibrada de todos los nutrientes necesarios.
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Una hoja sana debe ser de un bonito color verde, grande y abierta, con muchos foliolos.

Otros cuidados necesarios

La mejor forma de evitar problemas durante el cultivo es respetar a rajatabla las siguientes recomendaciones durante toda la vida de las plantas:

  • No hay que volver a regar hasta que la tierra esté casi seca.
     
  • Ajustar siempre el pH de la solución nutritiva. El pH es una escala que va de 0 a 14 e indica la acidez o alcalinidad de cualquier sustancia, siendo 0 la máxima acidez; 14, la máxima alcalinidad, y 7, el pH neutro. Para que la marihuana pueda absorber correctamente los nutrientes, el pH del substrato debe estar aproximadamente entre 5,5 y 6,5. Esto se consigue ajustando siempre el pH del agua de riego dentro de este rango.
     
  • Abonar las plantas una vez por semana con fertilizante líquido pero usando una dosis baja. No hay que aumentar la dosis o la frecuencia de abonado salvo que veamos que las plantas crecen poco o muestran carencias nutritivas.
     
  • Si el resto de los riegos los hacemos con agua sola, no deberían acumularse los nutrientes, pero si abonamos con más frecuencia que una vez por semana, deberemos hacer un riego muy abundante de agua sola al menos cada dos semanas para que el exceso de sales sea arrastrado por los agujeros de drenaje de la maceta. Si no lavamos la tierra periódicamente, las sales acumuladas acabarán afectando a la salud de la planta, impidiendo que las raíces puedan absorber correctamente los nutrientes.
     
  • La falta de luz es otro de los errores frecuentes. El cannabis necesita muchas horas de sol directo para desarrollar todo su potencial. Si las plantas no reciben al menos cinco o seis horas de sol cada día, su crecimiento será pobre y la producción escasa. Cuando no hay opción a mover las plantas a otro sitio, el cultivador tiene que conformarse, pero si se pueden colocar en un lugar más soleado, siempre es recomendable hacerlo. Las plantas a las que les falta luz crecen espigadas, estirándose en dirección a la luz. Se hacen larguiruchas, poco frondosas, con cogollos pequeños.
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El amarilleamiento de las hojas grandes al final de la floración no es preocupante: la planta les quita la clorofila y la relocaliza en las hojas nuevas y los cogollos.
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El color púrpura puede ser un síntoma de carencia de magnesio pero también puede deberse a la genética de la planta o a que el clima es bastante frío.
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Hay síntomas difíciles de diagnosticar; esta planta seguramente tiene un pH incorrecto en el sustrato, que genera deficiencias varias.
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Ante la duda, lavaremos la tierra y abonaremos con un fertilizante completo con microelementos para corregir todas las deficiencias a la vez.
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Esta planta podría tener una deficiencia de potasio.

Este contenido se publicó originalmente en la Revista Cáñamo #291

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