¿Hay relación entre las plagas y la nutrición?
Las plantas han evolucionado para tener poco alimento disponible para las plagas.

¿Hay relación entre las plagas y la nutrición?

Este artículo se publicó originalmente en el número 273 de la revista Cáñamo España

Antes de la aparición de los abonos químicos, herbicidas, insecticidas y fungicidas, había menos plagas. No está claro del todo por qué sucede esto, pero hay una teoría muy interesante que lo explica: la trofobiosis.

El científico francés Francis Chaboussou (1908-1985) crea y define el concepto de trofobiosis en 1969. Según él, una planta que se encuentre en equilibrio nutricional, es decir, que no tenga excesos ni carencias de ningún nutriente, está en la mejor posición para defenderse de las plagas. Las plantas solo serán atacadas por plagas cuando su savia contenga el alimento que estos insectos necesitan, y este alimento es mucho más abundante en las plantas enfermas o con problemas.

La palabra trofobiosis viene del griego trophos, ‘alimento’, y biosis, ‘manejo vital’. El concepto quiere decir que un ser vivo solo se desarrolla bien si encuentra disponible el alimento adecuado para él. Las plagas (insectos, ácaros, nematodos, hongos o bacterias) buscan para alimentarse azúcares, que contienen energía, y aminoácidos, que se usan en la síntesis de proteínas. Ambas familias de compuestos son solubles.

Una proteína es una larga cadena de aminoácidos. El proceso por el que se forma una proteína a partir de aminoácidos se llama proteosíntesis, y el proceso inverso, por el que se rompe una proteína para obtener los aminoácidos que la componen, proteólisis.

Cuando nos comemos un filete, nuestro organismo descompone por medio de enzimas las proteínas en los aminoácidos que contiene. Las enzimas tienen la capacidad de romper los enlaces que unen los aminoácidos entre sí. A continuación, usan los aminoácidos para sintetizar sus propias proteínas y fabrican con ellas tejidos como los músculos.

Las plantas obtienen sus aminoácidos por medio de tres sistemas. Pueden sintetizarlos a partir de minerales, agua, CO2 y luz solar. También pueden obtenerlos a partir de sus propias proteínas, descomponiéndolas en las hojas que se van secando y trasladando los aminoácidos que contienen a las nuevas zonas de crecimiento donde hay demanda. Por último, tienen la capacidad de absorber directamente aminoácidos por las hojas o los tejidos. Este tercer sistema podemos aprovecharlo los cultivadores para regar o pulverizar las plantas con una solución nutriente rica en aminoácidos.

Autodefensa vegetal

"Las plagas no son capaces de descomponer las proteínas"

Las plantas no pueden huir ni morder. Se defienden con la adaptación al entorno, ya que no pueden escapar o esconderse de sus depredadores ni tampoco tienen glóbulos blancos en la savia que ataquen a los intrusos. Han evolucionado para ser poco apetitosas para los herbívoros, no solo creciendo espinas, sintetizando alcaloides o desarrollando un sabor amargo, también evitando la acumulación de azúcares y aminoácidos libres en la savia, ya que son el principal alimento de muchas plagas.

Las plantas van absorbiendo nutrientes a medida que los necesitan y los utilizan directamente. Esto significa que, en plantas sanas, nunca hay muchos aminoácidos libres en la savia o, en otras palabras, no hay mucha comida para las plagas. Si la síntesis de proteínas es intensa y la proteólisis no es excesiva, las plantas estarán sanas, pues no sobrarán aminoácidos libres.

El contenido de aminoácidos libres y glúcidos (hidratos de carbono) en los tejidos de las plantas varía en función de diversos factores, tales como la edad de la hoja, la variedad de planta, la época del año o el tipo de fertilización utilizado. Las plantas muy jóvenes y las viejas son las que más aminoácidos libres contienen: las primeras porque necesitan muchos para ir fabricando nuevos tejidos y las segundas porque descomponen las proteínas de los tejidos viejos para reutilizar los aminoácidos en las zonas en crecimiento. Por esta razón, las plagas suelen preferir las hojas en crecimiento o las senescentes (viejas) a las que están plenamente desarrolladas.

Las plagas no pueden comer proteínas

Las especies de bichos que actúan como plagas no fabrican demasiadas enzimas, por lo que no son capaces de descomponer las proteínas. A causa de esto, buscan ingerir directamente azúcares, aminoácidos libres y minerales disueltos en agua. No son capaces de aprovechar los nutrientes no solubles en agua ni las moléculas complejas.

Si la planta está sana y tiene poco alimento disponible para las plagas, aunque lleguen algunos bichos, no van a encontrar grandes cantidades de aminoácidos y, por tanto, no podrán reproducirse a gran velocidad y convertirse en plaga. No olvidemos que un bicho no hace una plaga, ni siquiera muchos si son de especies variadas. Para que haya una plaga tiene que haber muchos bichos de la misma especie concentrados en las plantas.

Proteosíntesis y enfermedad

"Cuantos más aminoácidos libres haya en la savia de la planta, más ataques de plagas sufrirá"

La formación de proteínas o proteosíntesis aumenta en plantas sanas y se reduce en plantas enfermas. Cuando por carencias nutricionales o enfermedades se interrumpen en una planta los procesos de síntesis, sobre todo la síntesis de proteínas, se acumulan en la savia distintos compuestos nitrogenados, aminoácidos libres y azúcares solubles que hacen que sea más apetecible para las plagas. Cuantos más aminoácidos libres y azúcares reductores haya en la savia de la planta, más ataques de plagas sufrirá, y cuanto más sana esté la planta, menos insectos la atacarán.

Dentro de la misma especie, hay variedades más susceptibles al ataque de las plagas y otras que han desarrollado resistencia. Muchas de estas variedades resistentes contienen menos aminoácidos libres y glúcidos en sus tejidos que las variedades que sí sufren el ataque. De hecho, se puede eliminar la resistencia a las plagas de una planta nutriéndola de forma que sus niveles de azúcares y aminoácidos libres aumenten.

Cuando hay biodiversidad de flora se logra también biodiversidad de fauna. Cuantas más especies vivan juntas, más difícil es que una de ellas crezca desmesuradamente y se convierta en un plaga. La facilidad con que una planta es atacada por las plagas depende también de las estaciones. Con las temperaturas bajas y radiación solar escasa, la proteosíntesis disminuye y aumentan los niveles de aminoácidos libres, lo que favorece la aparición de parásitos. Otros factores que influyen son la fase lunar, si la humedad es escasa o excesiva o si hay o no vientos fuertes.

La falta o el exceso de humedad, el viento fuerte o incluso la fase lunar también afectan al nivel de proteosíntesis. En general, con frío y poca luz hay menos proteosíntesis que con calor y muchas horas de sol intenso. Todo lo que reduzca la capacidad de la planta de hacer fotosíntesis aumenta la cantidad de aminoácidos libres y vuelve los tejidos más apetitosos para los bichos. Las plagas han evolucionado para detectar las plantas con más nutrientes libres y las atacan primero a ellas, pues les cuesta menos trabajo alimentarse.

Los abonos químicos, sobre todo en altas dosis, afectan al metabolismo de las plantas, ya que ponen a su disposición cantidades enormes de minerales solubles de fácil asimilación. La planta absorbe más de los que puede utilizar, que quedan libres, en forma de aminoácidos, y disponibles para los bichos. Otro problema con los abonos químicos es que matan de hambre a los microorganismos del suelo, lo que, a su vez, aún desequilibra más el entorno y dificulta la absorción de ciertos nutrientes.

Los pesticidas (insecticidas, fungicidas y herbicidas) son grandes desequilibradores del ecosistema y, en ocasiones, del metabolismo de las plantas. Muchos agrotóxicos inducen cambios metabólicos en las plantas que las vuelven más apetecibles para otras plagas. Por ejemplo, algunos fungicidas provocan la aparición de virosis y el ataque de los ácaros tras el tratamiento. Las principales causas del aumento de las plagas en las últimas décadas son la generalización del empleo de abonos químicos y pesticidas en grandes cantidades y muchas veces de manera meramente preventiva. La forma menos dañina de tratar con la plagas sería mediante planes de gestión integral que combinasen distintas técnicas de prevención y limitases el uso de pesticidas al último recurso, pero eso resulta caro y es más fácil duchar los campos con todo tipo de químicos varias veces por cosecha.

Cómo potenciar la proteosíntesis

Los suelos ricos en materia orgánica ponen a disposición de las raíces una gran cantidad de elementos nutritivos que estimulan la proteosíntesis. También potencian la vida del suelo: millones de microorganismos que se alimentan principalmente de materia orgánica y que excretan una gran cantidad de sustancias que ayudan a mantener la salud de las plantas. Las bacterias más útiles y beneficiosas abundan en suelos ricos en materia orgánica, especies nitrificadoras como Rhizobium, que captan nitrógeno del aire, o las micorrizas, que colonizan las raíces y mejoran la absorción de nutrientes y su biodisponibilidad. Otra propiedad interesante de la materia orgánica es que aumenta la retención de agua del sustrato y contribuye a mantener más estable su temperatura.

Mantener un suelo vivo, rico en materia orgánica y microorganismos, es una de las mejores formas de asegurarse plantas sanas y poca incidencia de plagas. Es recomendable usar principalmente abonos orgánicos como estiércol o compost, mezclados con el sustrato o abonos minerales de liberación lenta en cantidades moderadas. Hay que ser muy moderado en el uso de abonos químicos, para no sobrecargar las plantas con aminoácidos libres que atraigan plagas.

Planificaremos el control de plagas con medidas preventivas y reduciendo al máximo el uso de agrotóxicos. Cuando no haya más remedio, conviene escoger las opciones más naturales y ecológicas, como el aceite de nim, las piretrinas naturales, el aceite de canela o el jabón potásico.

 

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