Cultivo interior
Tres reflectores refrigerados por aire conectados al sistema de extracción.

El clima del ‘indoor’: gestión para una cosecha de éxito

José T. Gállego
Este artículo se publicó originalmente en el número 251 de la revista Cáñamo España

¿Qué determina el clima en interior? En un cultivo de interior, los factores que marcan el clima son la temperatura, la humedad, la ventilación, el CO2 y el riego. Vamos a repasar cada uno de estos elementos y la importancia que tienen en el resultado final del cultivo.

Temperatura 

El cannabis es una especie muy resistente y capaz de vivir en un amplio rango de temperaturas. Las plantas sobreviven al frío siempre que la temperatura no baje de 0 ºC. Para poder crecer y desarrollarse necesitan más calor, temperaturas por encima de 10 ºC, aunque el desarrollo será muy lento si no se alcanza los 15-18 ºC. En cuanto a la temperatura máxima soportada, se puede fijar en unos 40 ºC; ciertamente, llegan a soportar picos más altos siempre que sean cortos, pero dejan de crecer y desarrollarse con unos 37 ºC. Estas cifras marcan el rango de temperatura en el que el cannabis puede vivir. Sin embargo, cuando hablamos de cultivar en interior, las plantas deben mantenerse en un rango mucho más estrecho, el de la temperatura óptima, que es de 22 a 25 ºC durante el día y unos 18-20 ºC por la noche. 

Controlar la temperatura en un cultivo de interior es complicado porque las lámparas producen mucho calor y el recinto se calienta con rapidez. Si hace demasiado calor, las plantas deben emplear una gran cantidad de energía en transpirar para refrescarse y les queda menos energía para el crecimiento y la floración, por lo que la producción de cogollos disminuye. Si las temperaturas son excesivamente bajas, el metabolismo se ralentiza y las plantas comen menos y crecen menos. 

Lo más habitual en España es enfrentarse al exceso de calor en el cultivo de interior, pero en pleno invierno y en casas sin calefacción, el frío también puede afectar a la producción. En climas muy fríos, las plantas no están lo suficientemente activas como para desarrollarse bien, pero este problema se soluciona muy fácilmente colocando un calefactor eléctrico o, incluso, una estufa de butano, que además de calor aporta CO2 a las plantas. 

Es recomendable que en los cultivos de interior no haya demasiada diferencia de temperatura entre el día y la noche, ya que si la hay es fácil que se produzca condensación de la humedad ambiental y las paredes y las plantas se mojen, como si les cayera rocío. Esta condensación es muy peligrosa, pues facilita la aparición de hongos en las plantas. 
Una de las razones más frecuentes por las que fallan los cultivos de interior es por exceso de calor. Si no sabemos o no podemos mantener la temperatura por debajo de 28º C sin CO2 añadido, o por debajo de 32 ºC con CO2 añadido, es mejor que no cultivemos hasta que la temperatura exterior descienda. Con calor habrá problemas, desarrollo pobre y mala cosecha. 

La temperatura de un cuarto de cultivo se debe medir a la altura de las puntas de las plantas, que es donde se van a formar los cogollos. De nada sirve colgar el termómetro en la pared a dos metros de la luz. 

Generador CO2 y exhale
A la izquierda, generador de CO2 a gas butano. Derecha, Exhale produce CO2 por medio del crecimiento de un hongo.

Humedad

La cantidad de humedad en el ambiente tiene una incidencia muy directa sobre el desarrollo de las plantas. En general, la humedad alta reduce la transpiración y potencia que las plantas tengan muchas hojas y muy grandes, por lo que pueden realizar más fotosíntesis y crecer más rápido. Sin embargo, si la humedad es muy alta pueden aparecer hongos en los cogollos y en las hojas, algo muy perjudicial. Por ello, el nivel de humedad óptimo debe ir bajando a lo largo del desarrollo de las plantas desde un setenta por ciento cuando las plantas son jóvenes hasta no más del cincuenta por ciento al final de la floración, cuando más densos son los cogollos y mayor probabilidad hay de que aparezcan botritis u oídio. 

Ventilación 

El aire debe moverse alrededor de las plantas. Una suave brisa que circule por el cuarto de cultivo tiene grandes ventajas para el éxito de la plantación. La ventilación ayuda a mantener una temperatura homogénea, reduce o evita los puntos de calor extremo bajo las lámparas, impide la germinación de esporas de hongos y dificulta el desarrollo de numerosas plagas como la mosca blanca o los trips. Los ventiladores oscilantes son una de las mejores formas de mantener el aire en movimiento; no hace falta ponerlos a máxima potencia, las plantas prefieren que el viento sea muy suave. Para potenciar la ventilación en las partes bajas de las plantas se pueden podar las ramas más bajas y débiles, esas cuyos cogollos no llegan a engordar. No se pierde prácticamente nada de cosecha y se reduce la posibilidad de que aparezcan hongos como el oídio, que suele empezar en las ramas más débiles, sombrías y menos ventiladas. 

Cultivo interior
La humedad relativamente alta favorece la producción de hojas y la fotosíntesis.

CO2

Las plantas necesitan más cantidad de carbono para su desarrollo que de cualquier otro elemento. Ni siquiera los nutrientes primarios –nitrógeno, fósforo y potasio– hacen falta en cantidades tan altas. El carbono no lo absorben las plantas a través de las raíces, sino que lo toman del aire por medio de las hojas y lo emplean en la fotosíntesis para fabricar glucosa, que es la forma que usan las plantas para almacenar energía. 

El dióxido de carbono, CO2, es un gas presente en la atmósfera en una concentración de 400 ppm (partes por millón), pero las plantas son capaces de usarlo en dosis mucho mayores, de 1.000 a 1.500 ppm. La principal ventaja de elevar el nivel de CO2 en el cuarto de cultivo es que acelera el crecimiento de las plantas y aumenta la productividad hasta un treinta por ciento. Además, como ventaja añadida nos encontramos con que la temperatura óptima de crecimiento del cannabis en una atmósfera con un nivel elevado del CO2 sube hasta 27-29 ºC, un detalle muy interesante, ya que resulta mucho más fácil mantener una temperatura de 29 ºC que de 22 ºC. 

Aunque es perfectamente posible cultivar con éxito cannabis sin añadir CO2 extra, a poco que podamos es muy recomendable hacerlo, pues se facilita el cultivo y se aumenta la producción fácilmente. Según el tamaño del armario de cultivo, se usan distintos sistemas para añadir CO2. En cuartos grandes lo mejor es un generador que produzca el dióxido de carbono mediante la combustión de gas butano o gas natural. Se venden quemadores específicos para esta tarea, que se conectan a un sensor que mide el nivel de gas en el aire y pone en marcha el quemador cuando hace falta. En armarios más pequeños se puede usar CO2 embotellado como el que utilizan en los bares para los grifos de cerveza o refrescos; sale algo más caro que el butano, pero no hace falta un quemador ni hay llamas dentro del cultivo. Por último, en armarios muy pequeños lo más recomendable es usar un sistema de producción de dióxido de carbono por medio de hongos o levaduras, sistemas como CO2 Boost o Exhale. En un cubo o una bolsa vienen las esporas del hongo y su alimento. Una vez activados, normalmente añadiendo agua, producen CO2 de manera continua durante un largo tiempo, hasta noventa días. No producen mucho CO2 y no necesitan un controlador que pare la producción, porque nunca se superan los niveles seguros para las plantas. Son un gran invento para los armarios más pequeños, sobre todo en verano, cuando ayuda mucho que las plantas puedan soportar bien las altas temperaturas. 

Extracción 

En un cuarto de cultivo, la extracción se usa por dos motivos. El primero es para sacar el aire caliente y sustituirlo por aire fresco. Las lámparas de cultivo desprenden mucho calor, y si no se renueva el aire, la temperatura sube con rapidez. La segunda utilidad de los extractores es introducir en el cuarto de cultivo aire rico en CO2 para sustituir al consumido por las plantas. Si no se renueva el aire frecuentemente y el nivel de CO2 baja hasta 200 ppm, las plantas paran su crecimiento y desarrollo. 
El extractor debe tener una potencia suficiente como para cambiar unas veinte veces por hora todo el aire del cuarto de cultivo. El cálculo es muy sencillo: si el armario mide 2x2x1 (4 m3), el extractor debe ser capaz de mover 80 m3 por hora (4x20). 

Lo mejor de este sistema es lo sencillo y barato que resulta. Los extractores no consumen mucha electricidad y funcionan muy bien siempre que la temperatura exterior sea baja y el cultivo no tenga muchas lámparas. El problema surge cuando llega el verano y hace calor. Por muy bien que funcione el extractor, si el aire que mete en el cultivo está a 30 ºC es imposible que las plantas estén a 25 ºC. Además, tenemos el problema de que el aire sale cargado con el olor del cannabis, algo poco deseable. Esto se puede evitar conectando un filtro de carbón activo al extractor para que elimine los olores del aire antes de expulsarlo al exterior, pero hará falta un extractor de mayor potencia, ya que el filtro limita la capacidad. 

El aire caliente que saca el extractor se renueva con aire fresco que introduce el intractor, que es simplemente otro extractor colocado a la inversa para que meta aire en el cultivo. El aire exterior debe cogerse del lugar más fresco posible, una zona de sombra, un patio sin sol o un sótano. De este modo, el aire que metamos estará varios grados más fresco que si lo tomamos de una zona a pleno sol. 

Una de las mejores técnicas para controlar la temperatura en interior es hacer que las lámparas se enciendan cuando es de noche en la calle y se apaguen cuando se hace de día. De ese modo no coinciden el sol y las lámparas a la vez, por lo que la temperatura no sube tanto. En la fase de crecimiento, en que las luces se encienden 18 h, habrá un tiempo en que coincidan con el día exterior, pero haremos que se apaguen en las horas centrales del día, cuando más calor hace. 
Algunos cultivadores eligen reflectores refrigerados por aire tipo cooltube para las lámparas. Estos reflectores se conectan a un sistema de extracción propio que chupa el aire directamente del interior del reflector y lo saca a la calle antes de que se extienda por el cuarto de cultivo. 

Aire acondicionado 

Los acondicionadores de aire son la mejor solución para controlar el clima del cuarto de cultivo, ya que permiten mantener la temperatura y la humedad perfectamente controladas en cualquier época del año, verano incluido. El único inconveniente que tienen es el coste de comprarlos y el coste del consumo eléctrico, que es bastante elevado y, a menudo, superan el coste eléctrico de las lámparas. En un aire acondicionado tipo split, de los que tienen un aparato dentro de casa y otro en el exterior, el aire cargado de olor del interior nunca sale al exterior, por lo que no hacen falta filtros antiolor. Los acondicionadores de aire también actúan como deshumidificadores, captando la humedad del ambiente. 

No es fácil calcular qué potencia de refrigeración debe tener un acondicionador de aire para un cultivo de interior. Como regla general, se puede calcular que por cada 1.000 W de luz hay que poner 1,5 kW/h de refrigeración (que equivalen a 1.300 fg, frigorías), pero cada caso concreto es diferente. No es lo mismo un cultivo con 1.000 W de luz en una habitación grande que en un armario pequeño, ni es lo mismo refrigerar un sótano que una buhardilla. Para reducir la potencia necesaria es conveniente sacar del cultivo tantos aparatos eléctricos como sea posible, especialmente los balastros de las lámparas, que son responsables de una buena parte del calor desprendido por estas. 
 

Cultivo interior
Cuando las plantas son jóvenes, la humedad debe ser más alta que durante la floración.
Cultivo interior
Coloca el termómetro junto a las plantas para saber la temperatura real a la que están.
Cogollos quemados
Estos cogollos se han quemado por estar demasiado cercar de la lámpara.
Lámpara refrigerada por aire
Un moderno modelo de lámpara refrigerada por aire.