Kosmicare: servicio de emergencias psiquedélicas en el Boom Festival
Ilustraciones de Martin Elfman.

Kosmicare: servicio de emergencias psiquedélicas en el Boom Festival

Este artículo se publicó originalmente en el número 282 de la revista Cáñamo España

Se acerca el verano y, con él, la época de festivales. Este año, como el anterior, tendremos que contentarnos con recordar eventos pasados en vez de participar en ellos. Uno de los eventos en el que he tenido la fortuna de participar en varias ocasiones es el Boom Festival, que se celebra cada dos años en un lago en Idanha-a-Nova (Portugal).

En el artículo del mes pasado veíamos como la experiencia psiquedélica puede verse limitada por ciertos paradigmas. En esta ocasión conoceremos lo opuesto. El Boom Festival es, sin lugar a dudas, una de las manifestaciones más completas del fenómeno psiquedélico y nos permite experimentar sus complejidades y riquezas. En el Boom Festival coexisten múltiples niveles de lo psiquedélico: desde la terapia y la transformación, el hedonismo, el arte, las relaciones sociales, hasta las implicaciones filosóficas, económicas y ecológicas de la experiencia visionaria.

La nave nodriza de la cultura psiquedélica

El Boom Festival es quizás el mayor festival psiquedélico que existe. Se ha venido celebrando cada dos años desde 1997, y en él se juntan personas de casi todos los rincones del planeta. Existen multitud de festivales de psytrance, el estilo musical predominante en el Boom también; sin embargo, Boom Festival no es un evento solamente musical. Podríamos definirlo como un festival de cultura psiquedélica (y sus derivados).

La música es, sin duda, uno de los atractivos principales, y en el Boom existen distintos escenarios en los que se pinchan estilos diferentes. Por un lado tenemos el denominado Dance Temple, que constituye el alma y el corazón del festival. Ahí suena principalmente psytrance en sus distintas variantes y en función de la hora del día. Los ritmos ininterrumpidos laten con potencia durante todo el festival en ese escenario, que sirve de catedral para la apertura y el cierre del evento. La decoración de este escenario es siempre impresionante. En el año 2014, por ejemplo, el Dance Temple era una imponente estructura inspirada en la Sagrada Familia, de Antoni Gaudí. Un verdadero templo psiquedélico cuyo ambiente cambiaba a lo largo del día y desde el que se podía ver el sol ponerse, que daba paso a un juego de luces y láseres de ciencia ficción, y pasadas unas horas, ver alzarse de nuevo el sol al levante. En el 2014 parecía el sombrero de un alquimista loco, decorado con dragones emplumados aztecas. Y en el 2006 bailábamos alrededor del árbol de la vida, bajo proyecciones de láseres y arte aborigen.

Otro escenario es el Alchemy Circle, en el que se baila al ritmo de la música electrónica de distintos tipos y donde se descubren agradables sorpresas. Recuerdo con especial cariño las increíbles sesiones de Be Svendsen en el 2014 y el 2018. Cuando el cuerpo necesita bajar las revoluciones, uno puede dirigirse hacia otros paraderos. Los Chill Out Gardens son también uno de los lugares más especiales del festival: jardines colgantes psiquedélicos en los que uno puede tumbarse a la sombra de un alcornoque mientras escucha la música ambient que parece salir de los troncos de los árboles (hay altavoces integrados en el entorno) o juntarse con los amigos en la pagoda con forma de sombrero para charlar, escuchar los sonidos o viajar por las profundidades de la mente. Y si se anda en búsqueda de sonidos más orgánicos, siempre podemos dirigirnos al Sacred Fire, una especie de pueblecito repleto de chai-shops, árboles, agua y frescor, en el que socializar, tomar un desayuno o balancearse al ritmo de didgeridoos y tambores.

Tres vidas no bastan para experimentar la variedad musical que hay durante todo el festival. Pero no solo de música vive el trancero.

"La experiencia del Boom Festival nos permite vivir fuera de la realidad ordinaria durante unos días. Se trata de un verdadero rito de paso moderno, una experiencia transformadora que incluye tanto las dimensiones externas como las internas, y nos asombra con la inefabilidad de la experiencia trascendente en cada pequeño detalle"

En el festival hay, además, una zona llamada Liminal Village, en la que se hacen charlas, presentaciones y proyecciones de películas. Todo de temática psiquedélica. Y si lo que se busca no es tanto teórico como práctico, un paseo por la Healing Area puede convertirse en una aventura de varios días. En esta extensa zona, apartada del bullicio general, se ofrecen una multitud de talleres y actividades. Desde clases de yoga, temazcales, viajes sonoros, cuencos tibetanos, masajes, caminar por brasas ardientes y todo lo que uno pueda imaginar. En el 2018 había incluso un pozo con barro en el que uno podía dar rienda suelta a su lado más hedonista y desinhibido.

Pero aún hay más. Instalaciones de arte, performances, decoraciones cuidadas al detalle, ceremonias espontáneas, construcciones kinéticas y musicales (qué maravilla fue el Gamelatron, una especie de templo indonesio, que además de proporcionar sombra facilitaba un trance hipnótico con sus campanas sincronizadas por software de última generación). Y, por si fuera poco, la Visionary Art Gallery, un verdadero museo de arte psiquedélico en el que pueden contemplarse obras de artistas como Android Jones, Martina Hoffman y docenas más.

La forma en la que se construye y sostiene todo esto, además, está basada en los principios de la permacultura y la bioconstrucción. Las aguas son recicladas mediante sistemas de filtrado con plantas, los residuos humanos se compostan para que sirvan de abono para la vegetación de la zona, y los materiales que se utilizan para la construcción de las distintas estructuras se reutilizan de edición en edición. Por todo ello ha ganado el galardón del festival más ecológico durante seis años seguidos.

El Boom Festival se convierte, con todo esto, no solamente en un festival psiquedélico, sino en una ciudad psiquedélica que junta a cuarenta mil personas durante una semana en un evento que se parece más a los antiguos misterios de Eleusis que a un festival musical. El Boom Festival encarna el arquetipo de la transformación y el rito de paso, y nos proporciona una experiencia a muchos niveles, tanto sensorial, como psicológica, social y cultural, que nos remueve en lo más profundo y se marca un antes y un después. Tras iniciarse en los misterios del Boom Festival, nada puede volver a ser lo mismo.

Kosmicare: servicio de emergencias psicológicas

Kosmicare: servicio de emergencias psiquedélicas en el Boom Festival

Por supuesto que en el contexto de un festival de estas características las personas utilizan una amplia variedad de sustancias embriagantes. Algo que me sorprendió cuando asistí por primera vez en el 2006 fue la ausencia casi total de alcohol. Uno podía comprar cervezas en los puestos de bebidas, pero había una ausencia casi total de bebidas de mayor graduación y, por ende, muy pocas personas borrachas. El alcohol no es la sustancia de elección en este festival. Pero sí hay un uso de sustancias psiquedélicas de lo más variopinto, desde las más clásicas como MDMA, LSD, cannabis y hongos psilocibes, hasta sustancias más pintorescas como 2C-B, 2C-I, DOC, entre otras, y combinaciones poco habituales.

La experiencia psiquedélica forma parte del festival, y una amplia mayoría de los participantes, en uno o varios momentos, estarán bajo los efectos de algún enteógeno. Sorprendentemente, el clima predominante es de respeto, calma, diversión y compasión por los demás participantes, que pueden encontrarse en cualquier fase de su experiencia visionaria.

En general, el Boom Festival provee un contenedor seguro para que puedan producirse tanto experiencias lúdicas como transformadoras y espirituales. Sin embargo, la transformación no está exenta de riesgos, y en ocasiones las experiencias psiquedélicas pueden ir por derroteros poco agradables e incluso peligrosos. Para ello, desde hace más de una década, el festival dispone de un servicio de asistencia a aquellas personas que estén pasando por situaciones psicológicas difíciles. Este servicio se llama Kosmicare, y es un área del festival de fácil acceso en el que se proveen los servicios y atenciones necesarias que las personas en momentos de crisis pueden necesitar.

Kosmicare cuenta con un equipo multidisciplinar de alrededor de setenta personas. psiquiatras, psicólogos, terapeutas, enfermeros, trabajadores sociales, masajistas, voluntarios de buen corazón… El trabajo se organiza por equipos, dirigidos por un team leader y organizados por una persona que hace las funciones de secretario, y el servicio funciona durante las veinticuatro horas del día, desde un día antes del inicio del festival, hasta doce horas después de terminado. Un auténtico hospital de campaña psiquedélico.

El espacio de Kosmicare cuenta con diversas estructuras. Una tienda grande con distintas habitaciones para que las personas puedan descansar, relajarse y estar en compañía de un profesional cualificado en caso de necesitar apoyo durante su experiencia. Hay también yurtas para aquellas personas más agitadas que necesitan un contexto más aislado y seguro, y otras estructuras en las que se almacenan materiales necesarios como mantas, agua, comida, ropa y demás. El servicio de Kosmicare está conectado con el servicio de análisis de sustancias (en el que han colaborado varias veces los compañeros de ¡Energy Control!) para poder avisar de cualquier adulteración o sustancia peligrosa rápidamente y saber también qué drogas circulan por el festival y en qué dosis, y estar así preparados para hacer frente a distintas eventualidades. Por ejemplo, en una edición resultó que había unos secantes vendidos como LSD pero que, sin embargo, contenían DOC, una anfetamina psiquedélica cuyos efectos pueden durar veinticuatro horas o más, y que además el inicio es más lento que con LSD. Así que algunas personas, pensando que habían tomado una dosis de LSD baja, al no sentir mucho a las dos horas, tomaban más cantidad, y dos horas más tarde la dosis inicial empezaba a hacer estragos. Ni que decir tiene que esta situación, si uno no sabe que ha tomado una dosis alta de una sustancia que puede alargarse horas y horas, puede provocar una preocupación extrema tanto en quien atraviesa el viaje como en aquellos que le acompañan y que ven cómo, pasadas diez horas, la persona sigue viajando muy intensamente.

Los principios y valores que articulan el trabajo en Kosmicare son el respeto hacia los usuarios que nos visitan, la compasión sin juicio y el apoyo fraterno. No se trata de un espacio para hacer terapia ni para guiar a nadie a ningún lugar. Se trata de crear un entorno seguro, con un ambiente tranquilo, en el que podamos apoyar a quien lo necesite. Apoyar significa, en este caso, acompañarles durante esas horas en las que los cimientos de la realidad parecen tambalearse y la intensidad y la profundidad de las emociones que despiertan los psiquedélicos nos arrollan de tal manera que se hace imposible seguir disfrutando del festival. Se trata de facilitar las condiciones para que la persona pueda permitirse navegar por las profundidades de su psique, con la seguridad de que hay alguien ahí velando por él y evitando que le ocurra ningún daño.

Un turno cualquiera

"En ocasiones acuden personas que ni siquiera han consumido sustancias psiquedélicas, pero que están emocionalmente sobrecogidas por la intensidad del entorno"

Los turnos en Kosmicare son de seis horas. En ocasiones pasan apaciblemente y no hay demasiado trabajo; quizás alguna persona que quiere informarse sobre lo que hacemos allí. En tales casos, los voluntarios explican a los curiosos en qué consiste el proyecto, y habitualmente la gente contesta algo como “espero no tener que visitaros en todo el festival, pero solo sabiendo que estáis aquí me siento más tranquila”. Sin embargo, lo habitual es que haya un goteo constante de personas que acuden. Y, en ocasiones, especialmente en los turnos nocturnos y a primeras horas del alba, el servicio puede estar lleno, casi hasta la saturación, con casos realmente difíciles y extremos. Pero vamos por partes.

La mayoría de las personas que acuden al servicio es porque han tomado alguna sustancia y sus efectos están siendo más intensos e incontrolables de lo esperado. En muchas ocasiones vienen jóvenes que quizás no habían tomado antes sustancias psiquedélicas, ni habían estado en un festival de psytrance, y están abrumados por lo que están sintiendo. Un voluntario les ofrece agua, algo de comer y les invita a pasar y a encontrar un lugar en el que estén cómodos, quizás a la sombra de un árbol o dentro de la carpa. El voluntario asignado permanecerá con la persona hasta que esta esté mejor y decida irse del servicio. A veces esto puede implicar muchas horas, y en caso de que el turno termine, otro voluntario se hará cargo de esta persona.

En ocasiones acuden personas que ni siquiera han consumido sustancias psiquedélicas, pero que están emocionalmente sobrecogidas por la intensidad del entorno. El calor, la deshidratación, los estímulos visuales auditivos, las personas vestidas de formas excéntricas y el ambiente general del Boom Festival pueden provocar un shock en aquellos no acostumbrados a este tipo de eventos, hasta el punto de dudar si lo que están viendo es real o no. Estos casos también son bienvenidos en Kosmicare, y se les acoge y apoya hasta que deciden volver “afuera” a explorar el festival con mayor confianza.

Sin embargo, es durante las noches cuando el ambiente puede volverse más difícil, complejo e incluso terrorífico. No todos los que acuden a Kosmicare lo hacen por voluntad propia. Algunos son traídos por el servicio de seguridad porque estaban protagonizando altercados. En ocasiones hemos recibido participantes maniatados y contusionados tras sus refriegas con el personal de seguridad. En la mayoría de los casos no se trata de un caso de violencia como los que solemos ver en las discotecas de las ciudades. Más bien lo que ocurre es que la persona está bajo los efectos de una dosis muy alta de una sustancia psiquedélica y, presa del pánico y la paranoia, su comportamiento empieza a ser errático. En algunas ocasiones tenemos que contener físicamente a la persona durante largo rato para evitar que se haga daño o dañe a los demás. Aunque a veces, si se puede establecer un contacto de confianza con la persona y cesan los intentos de contenerla físicamente, la situación puede calmarse rápidamente. A lo largo de los años nos dimos cuenta de la necesidad de formar al personal de seguridad para poder realizar intervenciones de mayor calidad y evitar que “la solución se convirtiera en el problema”. En las últimas ediciones, algunos miembros del equipo de seguridad han asistido a nuestra formación y se han convertido en miembros indispensables del equipo. Tras comprender por qué se producen este tipo de situaciones, empezaron a realizar contenciones físicas solamente cuando eran necesarias y de una forma mucho menos violenta, que resultaba mucho mejor tanto para los participantes como para ellos. Cuando les tocaba hacer turno con nosotros decían medio en broma, medio en serio: “Hoy me toca trabajar con los de los abrazos”.

Alquimia

Trabajar en Kosmicare ha sido una de las experiencias más valiosas a nivel tanto personal como profesional. En mi consulta como terapeuta de integración psiquedélica acuden personas contándome experiencias horribles. Kosmicare me ha dado la oportunidad de experimentar de primera mano lo que ocurre en estas experiencias y cómo se gestan los problemas posteriores. También me ha enseñado que si estas experiencias son apoyadas de una forma adecuada y compasiva, pueden resolverse de una forma satisfactoria, e incluso convertirse en vivencias transformadoras y trascendentes.

En mi año de prácticas de psicología estuve trabajando en un hospital psiquiátrico en Barcelona. Pero aprendí más sobre psicopatología, psiquiatría y la realidad de las crisis agudas en un solo Boom Festival trabajando en Kosmicare, que en todo el tiempo que estuve llevando bata blanca.

La experiencia del Boom Festival nos permite vivir en un espacio liminal, fuera de la realidad ordinaria, durante unos días. Se trata de un verdadero rito de paso moderno, una experiencia transformadora que incluye tanto las dimensiones externas como las internas, y nos asombra con la inefabilidad de la experiencia trascendente en cada pequeño detalle. El Boom Festival contiene y abraza muchas de las complejidades de la psiquedelia, y es un espacio fértil en el que se materializan los aprendizajes que podemos obtener en las experiencias visionarias.

Una persona que fue atendida en Kosmicare por un viaje difícil que empezó cuando no podía encontrar ni a sus amigos ni su tienda de acampada y que le llevó a lugares inesperados de su psique nos dejó una nota cuando marchó: “Si vienes al Boom Festival, debes estar listo para perderlo todo, en especial, a ti mismo. Solo cuando te pierdas podrás realmente encontrarte”.

Salud y trance.

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