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Legalizar la yerba en Ghana: una lucha contra los idiotas

Ghana legalizó el cultivo de cannabis con fines medicinales el 13 de julio de 2023, convirtiéndose en el sexto país del continente africano en hacerlo desde 2017. Es un boom. Un boom de humo verde. Pero este ha sido solo el primer paso para ghaneses como Nana Kwanu, presidente de la Asociación del Cáñamo de Ghana. Nana busca ir más allá y conseguir la legalización para su consumo recreativo, convertir su nación en una suerte de paraíso de la yerba en África Occidental. Uno de sus mayores retos consistirá en mantener el comercio de cannabis en el sector privado, lejos de la famosa corrupción que aqueja a los gobiernos africanos y que empobrece todo aquello que toca. Esta oportunidad verde dorada podría presentarse como una alternativa económica y como un ejemplo a seguir para otras naciones del continente, cuyas tierras, regadas por generosas lluvias estacionales, poseen las condiciones perfectas para cultivar esta deliciosa planta que trae alegría, riqueza y buen rollo a todo el que la toca.  

Nana Kwaku en una de las plantaciones de cannabis al este de Ghana.

Nana Kwaku en una de las plantaciones al este de Ghana.

“El problema es que son idiotas”. Así define Nana Kwaku, presidente de la Asociación del Cáñamo de Ghana, a los políticos, periodistas y un buen puñado de la sociedad ghanesa. A la hora de referirse a su pugna constante por hacer entender a medios de comunicación y políticos de diverso calado que existen diferencias, y cuáles, entre la marihuana medicinal y la recreativa, entre la marihuana y el cáñamo, vuelca su frustración en esta frase que repite: “el problema es que son idiotas”. Tal es su convicción de que el problema es sencillamente la capacidad intelectual de sus interlocutores, que incluso ha elaborado un panfleto de cuatro páginas titulado Una guía para idiotas: Cannabis, sus usos y beneficios, y las razones de por qué es un game-changer económico para Ghana.

Me regala tres copias, por si acaso resulta que yo también soy idiota y pierdo las otras dos. Punto por punto, Nana desbroza en este panfleto qué es la marihuana, en qué se diferencia del cáñamo industrial, etc. Nana: un hombre que ronda los cincuenta años, amable, inteligente, con las rastas cayéndole sobre los hombros y un exquisito acento británico (se educó en Reino Unido). Su objetivo vital consiste en revolucionar la economía ghanesa gracias a las desorbitadas cantidades de cannabis que crecen de manera ilegal, por el momento, en su fértil tierra. Legalizar ese cultivo, institucionalizarlo, agregarle un tipo impositivo y venderlo al mundo de allí fuera, a Europa, a Estados Unidos, a la industria farmacéutica. Y Nana ríe cuando recuerda que “los rastafari también sabemos hacer negocio y ponernos serios cuando hace falta”. A Nana no le gustan las personas que juzgan las apariencias, igual que no le gustan los periodistas y los políticos que rechazan legislar el cannabis en Ghana por el mero hecho de ser cannabis. 

Yerba con fama panafricana

Legalizar la yerba en Ghana: una lucha contra los idiotas

La vida a pie de calle es bulliciosa y en extremo sociable en Accra, capital del país.

Personas como el rastafari luchan contra la estigmatización y critican a su vez que el alcohol, “el verdadero veneno”, sea de fácil acceso en Ghana pese al cúmulo de vidas que destroza por sus efectos nocivos. De hecho, el porcentaje de desórdenes causados por el alcohol en el país africano supera en un 10 % a la media de la región; el abuso de vino de palma, muy popular por su bajo precio en Ghana pero también en otros países de África, es actualmente uno de los problemas de adicción más preocupantes, junto con el consumo de drogas duras como el crack.

"El 70 % de la población de Ghana profesa la religión cristiana, que es más estricta que otras con el consumo de cannabis"

El autor de este artículo ha probado la marihuana de Nigeria, Etiopía, Guinea Bissau, Ruanda, Costa de Marfil, Senegal, Kenia, República Democrática del Congo, Mali, Burkina Faso, Gambia… Curiosamente, tanto en Guinea Bissau y Mali como en Burkina Faso y en Nigeria le dijeron que la yerba era ghanesa; y lo decían como si la yerba ghanesa fuera una suerte de caviar herbáceo, un néctar de los dioses reservado para sus favoritos, los que luego entrarán en el Valhalla. Es probable que algunas de las veces me mintiesen porque raro sería que la yerba ghanesa haya llegado a Guinea Bissau, nación ubicada a 1.600 kilómetros de la otra, pero esto servirá para que el lector comprenda que la marihuana ghanesa está bien considerada en el continente. 

Y no es para menos. Nana responde resueltamente los motivos de por qué su patria está marcada con la huella del dios verde: “nuestro clima de lluvias durante largos periodos del año, la tierra fértil y la tradición agricultora en Ghana” hacen el apaño. Y son dos regiones donde se cultiva el cannabis. La región de Volta, al este del país, en la frontera con Togo; y la región de Bono Este, en el centro de Ghana. Pero aquí y allá y a lo largo de todo el país crecen con alegría campitos sueltos y ocultos por la maleza de los ojos acezantes de la policía. 

Hasta hoy. Porque Nana consiguió el mismo día en que fue entrevistado por este periodista, el 13 de julio, una descomunal victoria para Ghana: los idiotas lo fueron un poco menos. Y fue el 13 de julio cuando el Parlamento ghanés aprobó un proyecto de ley que permitirá el cultivo y consumo de cannabis para usos medicinales. El camino comienza a pavimentarse pero Nana es un visionario, y los visionarios difícilmente se satisfacen. Aunque la legalización del cannabis medicinal con una cantidad limitada de THC abre la puerta a nuevos proyectos, Nana no entiende por qué las cosas tienen que ir tan despacio. Sus números indican que “si tuviéramos apenas 300 acres (122 hectáreas) para cultivar marihuana recreativa de manera legal, el Estado se embolsaría gracias a los impuestos, solo en su primer año, 60 millones de dólares. Y una producción a mayor escala daría trabajo directo a 6.000 personas y trabajo indirecto a 10.000 personas”. 

El mayor consumidor de África

Legalizar la yerba en Ghana: una lucha contra los idiotas

Ghana es hoy el tercer país del mundo con un porcentaje mayor de consumo de marihuana recreativa, y es el mayor consumidor de África. Los últimos estudios indican que más de un 20 % de su población la consume de manera habitual.

Es un win-win. Ghana es hoy el tercer país del mundo con un porcentaje mayor de consumo de marihuana recreativa, y es el mayor consumidor de África. Los últimos estudios indican que más de un 20 % de su población la consume de manera habitual, pese a que la planta no aterrizó aquí hasta que fue traída por soldados ghaneses que combatieron en la India y Myanmar durante la Segunda Guerra Mundial. Y no se tiene registros de cultivos de cannabis en Ghana hasta la década de 1960. Esto son hechos. Pero regular su cultivo no solo ofrecería jugosos beneficios al Estado, sino que abriría la puerta a políticas de regularización para evitar un consumo excesivo. Las predicciones sobre el mercado mundial de marihuana estiman que el beneficio anual en 2024 será de 63.500 millones de dólares y Ghana tiene la cultura, las condiciones meteorológicas y el terreno perfecto para llevarse su pedazo del pastel, algo que ya han hecho otras naciones africanas. 

"Los grupos independentistas de la región de Volta, arruinados por las políticas del gobierno de Ghana, acorralados por la policía y una legislación abusiva, poco a poco descubren que el comercio de marihuana podría ser su última esperanza a la hora de subvencionar sus ideas"

Un boom del cannabis ha contagiado al continente desde 2017, año en que Lesoto legalizó su cultivo para usos medicinales. En apenas cinco años, cinco naciones africanas (Ghana sería la sexta) han legalizado el cultivo de marihuana para exportarla a terceros países, lo que se considera una medida acertada a la hora de mejorar la economía de países que, por norma, sufren una situación económica precaria. Lesoto, pero también Sudáfrica, Marruecos y Ruanda. Marruecos es actualmente el primer productor mundial de hachís, por delante de Afganistán, y el hachís equivale nada menos que al 10 % de su PIB. Pero uno de los casos más llamativos en lo que respecta a la legislación de cannabis en África lo encontraríamos en la pequeña Malaui, ubicada en el sureste del continente, nación que puede enorgullecerse de contar con el boxeador Mike Tyson como “embajador del cannabis” para promocionar el delicioso producto malauí en Estados Unidos. Y Nana sueña con tener su propio embajador del cannabis para darle un empujón a su proyecto. 

Nana sueña con dar alas a un proyecto económico que refuerce la economía ghanesa y haga a sus compatriotas un poquito más libres, más ricos, más seguros frente a la debacle económica que lleva sufriendo la nación, una de las más fuertes de África Occidental, desde la pandemia del coronavirus. Repite que puede que sea un rastafari, pero que eso no implica que no sea capaz de tener una mirada dispuesta a los negocios. Tal es así, que su proyecto pasa por privatizar el comercio de la marihuana y limitarse a pagar una cantidad fija de impuestos al Estado: “todo lo que toca el Estado en África termina corrompido, destruido. Ellos no sabrían conducir el negocio”.

Togolandia Occidental y el oro verde

Legalizar la yerba en Ghana: una lucha contra los idiotas

Una de las (casi) intransitables carreteras de la provincia de Volta, que facilitan el cultivo de marihuana en las zonas menos accesibles.

Si el centro del cannabis en África Occidental es Ghana, el centro del centro, el núcleo duro, sería la región de Volta. Un territorio empobrecido a las orillas del río que comparte su mismo nombre y afectada por un movimiento secesionista cuyos inicios se remontan a los años de la descolonización. Dicho movimiento, que pretende la creación de una nación independiente de Ghana llamada Togolandia Occidental, tiene la razón a la hora de exigir su independencia y, acortando una historia de varias décadas, todo se resume en lo siguiente:

Tras la Primera Guerra Mundial, la colonia alemana de Togo fue dividida entre Francia y Reino Unido. La mitad occidental, la británica, se incluyó en el ámbito administrativo de la colonia de Costa de Oro (actual Ghana), mientras que la parte oriental, la francesa, se estableció como una nueva colonia (la actual Togo). Una nación africana que se remontaba a varios siglos atrás, ocupada primero por los alemanes y despedazada luego por Francia y Reino Unido, se encontró en la década de los 60 con que uno de sus pedazos se integraba en la independencia de Costa de Oro, en lugar de reunirse con su otra mitad. Los habitantes de la provincia de Volta no se sienten ghaneses. Resumiendo. Y los movimientos independentistas han aflorado, la violencia estalla de forma intermitente en la región y Nana echa a reír diciendo que “los independentistas son una broma, nunca llegarán a nada”, asegurando igualmente que no le preocupan en lo que respecta al cultivo de cannabis.

Legalizar la yerba en Ghana: una lucha contra los idiotas

De arriba abajo, de izquierda a derecha: el equipo integrante de la Sociedad de Cáñamo de Ghana; Nana Kwaku junto a un líder tradicional que apoya la legalización del cannabis; miembros de la Sociedad de Cáñamo de Ghana visitando un campo de cultivo; algunos de los muchos productos que pueden conseguirse gracias a la comercialización del cáñamo.

Pero el cannabis da mucho dinero. Millones. Un viaje a la región de Volta, acompañado de cuantiosas caladas a su famosa marihuana para probar el producto y escribir este artículo con conocimiento de causa, ayudarán a entender nuevas esquinas del comercio de cannabis en Ghana. La marihuana es buena. No es la mejor, no es Kali Mist pero puede concedérsele una buena relación de calidad-precio. Sube la cabeza a las nubes durante un buen rato, el gramo cuesta menos de 50 céntimos. Y los grupos independentistas de la zona, arruinados por las políticas del gobierno de Ghana, acorralados por la policía y una legislación abusiva, poco a poco descubren que el comercio de marihuana podría ser su última esperanza a la hora de subvencionar sus ideas. 

George Nyakpo es el líder del partido secesionista Homeland Study Group Foundation (HSGF) y actualmente se encuentra huido de la justicia. En 2021 pasó varios meses encerrado en prisión. Su visión de la independencia pasa por una lucha sostenida en la jurisprudencia internacional y la vía pacífica, desechando en todo momento los métodos violentos que procuran otras facciones de Togolandia. George, que es un buen amigo de este periodista, desea dar un empujón al comercio de cannabis en la región de Volta para subvencionar las famélicas arcas de su partido, y hace meses que busca la financiación adecuada para iniciar el proyecto, ahora que su cultivo se ha legalizado. 

No lo tiene fácil porque el Estado no permitirá que el independentismo se beneficie de su comercio, pero, tiempo al tiempo, cada cosa en su momento, y George busca primero campos de cultivo, luego inversores, luego discute precios con los agricultores y hace pocos meses que acordó con ellos un porcentaje de las ganancias que el HSGF recibirá de manera indirecta. Él también reconoce que la marihuana supone una especie de oro de color verde pálido que se desmigaja en la palma de las manos.

Este contenido se publicó originalmente en la Revista Cáñamo #311

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