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España supera la media europea de vapeo adolescente

El vapeo se ha instalado con fuerza entre adolescentes españoles mientras el cigarrillo tradicional pierde terreno. La alerta sanitaria ya no mira solo al tabaco, sino a una nueva forma de consumir nicotina que circula entre dispositivos discretos y una falsa sensación de inocuidad.

La Encuesta sobre uso de drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES 2025), elaborada por el Ministerio de Sanidad, estima que el 49,5 % del alumnado de 14 a 18 años ha usado cigarrillos electrónicos alguna vez en la vida. El 40,8 % declaró haberlo hecho durante los últimos 12 meses y el 27,1 % durante los últimos 30 días. Aunque el dato de uso alguna vez desciende respecto a 2023, la prevalencia sigue siendo alta y confirma que el vapeo ya no ocupa un lugar marginal en la socialización adolescente.

La lectura cambia cuando se observa el tabaco convencional donde el 27,3 % del alumnado dijo haber fumado tabaco alguna vez, el 21,2 % en el último año y el 15,5 % en el último mes. El consumo diario cayó al 4,3 %, el valor más bajo de la serie histórica. La paradoja es evidente: mientras el cigarrillo tradicional pierde presencia, los dispositivos electrónicos mantienen una puerta de entrada a la nicotina con otros códigos de consumo, diseño y circulación social.

La comparación europea reuiqere cautela ya que la encuesta ESTUDES mide alumnado de 14 a 18 años y ESPAD trabaja principalmente con estudiantes de 15 y 16 años. Aun así, el contraste ayuda a dimensionar el problema. ESPAD 2024 sitúa la media europea de uso de cigarrillos electrónicos alguna vez en la vida en el 44 % y el uso en los últimos 30 días en el 22 %. El GECP resume esa diferencia como una señal de alerta específica para España, donde el vapeo aparece más normalizado entre adolescentes europeos y en entornos escolares, sociales y digitales.

El Gobierno español ya aprobó en septiembre de 2025 el anteproyecto para modificar la Ley 28/2005, con medidas que amplían espacios sin humo, equiparan legalmente productos relacionados con el tabaco –incluidos cigarrillos electrónicos con o sin nicotina–, restringen publicidad y promoción, y prohíben la venta de cigarrillos electrónicos de un solo uso. La discusión, sin embargo, no puede reducirse a una respuesta legal: también exige prevención sostenida y educación crítica sobre marketing, sabores, redes sociales y percepción de riesgo.

La reducción de daños puede ser una herramienta útil cuando se piensa en personas adultas fumadoras, pero no debe confundirse con la normalización del inicio en menores. El desafío es reconocer que la industria de la nicotina cambia de forma más rápida que muchas políticas públicas.

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