Cuando se habla de drogas en Laponia, conviene aclarar que no se trata de un enclave criminal separado del resto de Finlandia, sino de un mercado estacional que crece al ritmo del turismo durante el invierno. Eso es lo que muestra un reciente reportaje de la radiodifusora pública finlandesa Yle, apoyado en la observación de canales de compraventa y en los testimonios policiales quienes señalan que cuando aumenta la población flotante, también crece el mercado para sustancias de uso recreativo.
La forma de ese mercado importa tanto como su tamaño, ya que según Yle y el comisario Tuomo Seikkula, buena parte de la venta no se organiza en la calle, sino en Telegram y Signal. El cambio modifica la imagen clásica del tráfico y cada vez hay menos exposición física, está más fragmentado y con más circulación por chats. En ese paisaje conviven usuarios ocasionales, turistas que buscan abastecerse para una noche y vendedores que anuncian su llegada al norte cuando empieza la temporada invernal.
Producto de la estacionalidad y el tipo de público que accede a las drogas se pueden considerar que existe un consumo festivo, donde turistas financian sus vacaciones vendiendo sustancias, dealers itinerantes que suben desde ciudades del sur y presencia de consumidores e intermediarios dentro del trabajo estacional. Ese último punto es clave ya que en, cada invierno, Laponia recibe miles de trabajadores para hoteles, safaris, cocinas, pistas y bares. El mercado ilegal no aparece al margen de esa economía temporal, sino incrustado en sus ritmos de ocio, movilidad y empleo precario.
Datos del Instituto Finlandés de Salud y Bienestar muestran que el consumo de cocaína sigue concentrado en el sur, pero también ha ganado presencia en otras ciudades. En Rovaniemi, Yle informó en 2024 que la carga de drogas detectada en aguas residuales casi se había quintuplicado desde 2012. Eso no permite extrapolar automáticamente lo mismo a Levi, donde no existe una serie equivalente, pero sí sugiere que Laponia no está fuera de la transformación del consumo en Finlandia.
La cautela con respecto al consumo de drogas en esta región, de todos modos, es indispensable. En localidades pequeñas como Levi, faltan mediciones comparables y que una parte del negocio queda fuera del radar policial. Por lo mismo, hablar de drogas en Laponia no debería alimentar un pánico moral, sino describir una economía sumergida, discreta y digital, pegada al calendario turístico.