El expediente oficial del Parlamento Europeo muestra una secuencia más compleja que un rechazo único. Primero, el pleno desestimó por 320 votos contra 308 el informe de la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios, que proponía aumentos menores y una fiscalidad diferenciada. Después rechazó por 439 votos contra 181, con 38 abstenciones, la propuesta original sobre los tipos mínimos. Un expediente administrativo complementario sí fue aprobado por 325 votos contra 304 y 25 abstenciones.
La reforma busca actualizar unas reglas que todavía no fijan tipos mínimos comunes para cigarrillos electrónicos, tabaco calentado y bolsas de nicotina. La Comisión Europea planteó incorporar estas categorías y armonizar su tratamiento fiscal, mientras el informe parlamentario proponía subidas más moderadas. La diferencia concentró la disputa entre quienes ven el impuesto como una herramienta para reducir todo consumo de nicotina y quienes defienden graduarlo según el riesgo relativo de cada producto.
Desde la reducción de daños, gravar de forma parecida productos distintos puede reducir el incentivo económico para abandonar el cigarrillo combustible. Esa posición aparece también en debates sobre el vapeo como alternativa al tabaco, aunque los dispositivos sin combustión no son inocuos y sus efectos dependen del producto, la frecuencia y el patrón de uso. El cambio observado en Reino Unido, donde el vapeo superó al tabaco por primera vez, suele citarse como ejemplo de sustitución, pero no como una fórmula trasladable sin más al resto de Europa.
Quienes apoyan impuestos altos responden que mantener baratos los productos nuevos puede facilitar el inicio entre adolescentes y prolongar la dependencia. La Organización Mundial de la Salud ha cuestionado las ventajas fiscales para estas alternativas, mientras España supera la media europea de vapeo adolescente. La tensión no enfrenta salud pública con reducción de daños, sino dos prioridades que deben convivir: ayudar a las personas adultas a dejar la combustión y evitar nuevas incorporaciones al consumo.
El voto de la Eurocámara es consultivo. La decisión corresponde al Consejo de la Unión Europea, que debe actuar por unanimidad. El paquete ya había sido retirado de la agenda del ECOFIN del 12 de junio tras el examen de los textos de compromiso, por lo que la negociación continúa abierta y sin una posición común.
El impuesto no decide por sí solo qué consume una sociedad, pero sí dibuja incentivos. La tarea europea será distinguir riesgos sin abaratar la iniciación juvenil ni tratar como equivalentes el cigarrillo combustible y los productos que prescinden de la combustión.