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Riegos abundantes y lucha contra plagas

Autocultivo para mentes sencillas

Ilustración: riegos abundantes
Ilustración: Jorge Parras
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La floración está en pleno apogeo: los cogollos crecen y engordan, las plantas devoran nutrientes y requieren una gran cantidad de agua, justo en el mes en que muchos cultivadores se van de vacaciones. No se pueden descuidar las necesidades básicas del cannabis o la cosecha será pobre y la calidad escasa.

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Las plagas de agosto

Las orugas del género Spodoptera, a las que los cultivadores suelen llamar devoradoras de cogollos, son una de las plagas más dañinas que puede aparecer en una plantación de cannabis. Son terriblemente voraces, se pasan el día comiendo y tienen especial predilección por los cogollos. Su costumbre de introducirse en el interior del cogollo y comérselo desde dentro hace que sean difíciles de detectar y que causen graves daños, ya que, además de devorar las flores, provocan la aparición del hongo botritis, al dejar heces y restos a medio comer que se pudren en pocos días. La botritis se contagia con mucha facilidad de un cogollo a otro y puede llegar a destrozar la plantación entera en cuestión de una o dos semanas. Cuando las plantas son jóvenes y las orugas pequeñas, resulta muy fácil acabar con ellas si se fumigan con un pesticida concreto llamado Bt. Estas siglas responden a Bacillus thuringiensis, un microorganismo que tiene la capacidad de enfermar a las orugas y hacer que dejen de comer y mueran por inanición en pocos días. El problema es que no es tan efectivo frente a orugas adultas, que son más resistentes, o en plantas con la floración avanzada, ya que al esconderse en el interior del cogollo resulta más difícil que el microorganismo llegue hasta ellas.

A primera o última hora del día, las orugas suelen salir del interior del cogollo y se pueden ver con mayor facilidad. 

Al final de la floración, cuando los cogollos son gruesos y duros, el mejor sistema es inspeccionarlos uno a uno, abriéndolos bien para mirar en su interior en busca de las orugas. A veces se puede detectar su presencia buscando sus excrementos, unas pequeñas bolitas negras que se quedan pegadas a las hojas; normalmente, la oruga no suele estar lejos de la caca. También es buena idea revisar las plantas a primera o última hora del día, ya que es el momento en que las orugas suelen salir del interior del cogollo y se pueden ver con mayor facilidad.

Si descubrimos botritis en un cogollo es esencial actuar con rapidez cortando todo material infectado y algo más, para asegurarse de que no quedan restos que continúen la infección. Personalmente, suelo cortar el cogollo completo y lo fumigo a continuación con jabón potásico, que es relativamente efectivo para parar un poco el desarrollo del hongo. Sin embargo, si vuelvo a encontrar un segundo cogollo infectado en la misma planta, suelo optar por cosecharla entera antes de que los hongos acaben con ella.

En zonas muy áridas con clima muy seco, la principal plaga suele ser la araña roja, una especie de ácaro diminuto que mide apenas un milímetro y que suele vivir en la cara inferior de las hojas chupando la savia de la planta y debilitándola. Las arañas rojas se reproducen con una velocidad endiablada y, en los casos más graves, pueden llegar a cubrir completamente la planta con sus telas de araña. Para combatirla es conveniente intentar elevar la humedad ambiental regando frecuentemente las plantas y mojando el suelo para crear un clima menos proclive a su reproducción. Además, se pueden fumigar las plantas con algún acaricida como el aceite esencial de canela, que no es tóxico y se puede aplicar incluso al final de la floración. La mayoría de los acaricidas químicos son bastante tóxicos y no conviene usarlos sobre los cogollos porque pueden quedar restos peligrosos para la salud. Si tenemos posibilidad de conseguirlos, los insectos depredadores son una buena opción nada tóxica que se puede usar hasta el final de la floración y que, aunque no acaban completamente con las arañas, sí ayudan a mantener su población controlada.

En casos muy graves de ataque de araña roja, las plantas pueden llegar a morir y hay que tomar medidas drásticas enseguida para parar la plaga. Un buen sistema de choque consiste en duchar las plantas con agua a presión para que el chorro arrastre las arañas. Una buena ducha eliminará el noventa por ciento de las arañas rojas y dejará un número más manejable que puede entonces ser controlado con aceite de canela o algún otro acaricida ecológico.

 

Estigmas blancos
Los estigmas blancos y las glándulas de resina aún pequeñas indican que a la floración todavía le quedan muchas semanas.
Oruga devoradora Spodoptera.
Oruga devoradora Spodoptera.
Arañas rojas
Estado en el que queda una hoja infestada de arañas rojas.
Hongo botritis
El hongo botritis empezando a aparecer en el interior del cogollo.
Cogollo destruido por botritis.
Cogollo completamente destruido por botritis.
Resina en las flores
La resina empieza a recubrir las flores y las hojas de los cogollos.
Sativa sana
La belleza arrebatadora de una sativa sudafricana a finales de agosto.
Estigmas blancos
Oruga devoradora Spodoptera.
Arañas rojas
Hongo botritis
Cogollo destruido por botritis.
Resina en las flores
Sativa sana

Agua, agua y más agua

Las plantas de cannabis alcanzan los dos o tres metros de altura con facilidad, creando grandes arbustos, que necesitan mucha agua cada día. El calor tórrido del mes de agosto unido al tamaño de las plantas hace que necesiten riegos diarios o, incluso, dos veces al día. En estas semanas es muy importante no olvidarse nunca de regar, pues en cuanto les falta agua las plantas detienen su crecimiento y se concentran en sobrevivir, dejando que las hojas se marchiten y, en los peores casos, eliminando algunas de ellas para reducir la transpiración. Tras un episodio de marchitamiento intenso por falta de agua, las plantas pueden tardar hasta dos o tres días en volver al desarrollo normal. Cada día que pasan sed es un día menos produciendo flores, lo que se traduce en una menor producción de cogollos. Las plantas que crecen en el suelo son mucho más resistentes a la falta de riego, puesto que las raíces penetran profundamente en el terreno y pueden captar humedad de las capas bajas del suelo. Pero las que viven en macetas no tienen esta capacidad y sufren desde el primer momento.

Tras un episodio de marchitamiento intenso por falta de agua, las plantas pueden tardar hasta dos o tres días en volver al desarrollo normal. 

Una de las mejores formas de reducir el consumo de agua y lograr que el riego dure más es sombrear los tiestos para que no se calienten tanto, cubriéndolos con una malla de sombra o simplemente metiéndolos dentro de una maceta más grande, y a ser posible de color blanco, para que la capa de aire que queda entre ambos tiestos haga de aislante.

Si un día por alguna razón no vas a poder regar una planta, colócala al menos a la sombra y protegida del viento para que no lo pase tan mal. No olvides que el viento constante aumenta la transpiración y puede elevar mucho las necesidades de agua.

Ilustraciones

Jorge Parras

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