Hay diferentes maneras de trabajar en el ámbito artístico: una es preparando todo al milímetro antes de ponerse a plasmar lo pensado y la otra es coger el lápiz, o la herramienta que utilices, y dejar que todo fluya. Los dos caminos pueden ser válidos y certeros si tienes la preparación necesaria. Raisa Álava (Zuaza, Álava, 1990) prefiere fluir, y su trabajo constata que esta opción le funciona muy bien.
Álava vive y trabaja en Bilbao. Se licenció en Bellas Artes por la UPV con especialidad en artes gráficas. Completó su formación con un máster en cerámica en la misma universidad y un posgrado de Ilustración y Cómic en la escuela Elisava de Barcelona. Ha realizado residencias en Air Wro (Polonia) y Maison des Auteurs (Angoulême).
Actualmente trabaja como ilustradora para medios como Bloomberg Magazine, The New York Times, The New Yorker o The Folio Society, y ha dibujado carteles para diferentes eventos tan significativos como el del Tour de Francia 2023 o Azkena Rock Festival. En 2023 publicó su primer cómic largo Sumidero.
Hablamos con ella sobre su trabajo, contexto, preferencias y otras cuestiones.
En tus ilustraciones optas por un cromatismo vivo y saturado, ¿qué emociones pretendes despertar con esta elección?
En verdad no es muy buscado. Siempre he dibujado en blanco y negro, pero hubo un momento en el que me di cuenta de que, si quería ganarme la vida de esto, tendría que aprender a colorear. Entonces empecé a escanear los dibujos y a meterles color en Photoshop a lo loco (método que a día de hoy sigue igual). Creo que ahora manejo un poco más el avión de la paleta, pero durante años no ha habido nadie al volante.
Piano (2025) y Drogadict (2023).
Además de por el color, los trazos que utilizas crean unas imágenes casi psicodélicas que definen tu estilo. ¿De dónde proviene está visión?
Yo pienso que es porque dibujo siempre de memoria. Cuando se trata de un encargo, tengo que controlar más ciertos recursos para que la ilustración se lea fácilmente por cualquiera, pero cuando dibujo para mí, dejo vía libre al desparrame y siempre acaban surgiendo muchos personajes en poco espacio, con demasiada información. Si no lleno todo el papel no me quedo satisfecha.
¿Qué supuso para ti realizar el póster del Tour de Francia o colaborar en The New York Times?
Una alegría muy grande y mucha validación. Resulta complicado saber si estás haciendo las cosas bien y esto es un poco la confirmación de que sí. Igual es un pensamiento un poco cutre, pero bueno. Te respondo con la honestidad que mereces tú y merecen los lectores.
Yoga (2023).
“Cuando dibujo para mí, dejo vía libre al desparrame y siempre acaban surgiendo muchos personajes en poco espacio, con demasiada información. Si no lleno todo el papel no me quedo satisfecha”
Cuéntanos un poco la historia detrás de tu print “Yoga”.
Pues mira, me apunté yoga porque estaba muy estresada y la curvatura de mi espalda me estaba empezando a preocupar. Después de una clase, me sentí fenomenal y cuando llegué a casa dibujé eso. Otra respuesta cutre pero sincera.
He leído varios cómics tuyos y si algo me ha quedado claro es que haces absolutamente lo que te da la gana. Por poner un ejemplo, titulas algo de una manera y luego hablas de lo que te sale del coño. ¿Esto está premeditado o forma parte del proceso creativo?
Normalmente hago el contenido primero y por último la portada. Sé lo que quiero contar, pero no sé de qué manera, así que voy pasando de una página a otra y resolviendo muchas veces sobre la marcha. Al final de todo se lo enseño a mi pareja o a mi hermana y me sugieren títulos. Como no se entienden, el título no tiene nada que ver con el contenido y, en general, nada tiene que ver con nada. A mí me gusta porque de alguna manera acaba encajando.
Raisa Álava en la Fiesta del Rayón, mercado de ilustración en San José de Costa Rica (2024). Foto: Javier Molina Ugarte
¿Sigues alguna rutina para trabajar?
Me gusta mucho trabajar por las noches, lo que no me convierte en la persona más madrugadora del mundo. Mientras desayuno me gusta leer, me ducho y seguidamente me enfrento a una emocionante jornada laboral interminable. Suelo dibujar con música, radio (últimamente menos porque me deprimo), podcast de true crime y de cotilleos. También voy a yoga muchas tardes, por supuesto.
Sabemos que eres consumidora de cánnabis, ¿crees que incide de alguna manera en la creatividad?
No lo creo porque nunca he sido una gran consumidora, soy muy comedida. Siempre que fumo lo hago para relajarme y no hacer nada, nunca he dibujado fumada. Yo de por sí parece que ya estoy fumada, eso también es importante.
Mago (2025).
“Nunca he sido una gran consumidora, soy muy comedida. Siempre que fumo lo hago para relajarme y no hacer nada, nunca he dibujado fumada. Yo de por sí parece que ya estoy fumada, eso también es importante”
¿Cómo ves el panorama de la ilustración en Euskadi? ¿Es fácil trabajar desde allí?
Hay un montón de gente haciendo cosas preciosas y a nivel creativo es muy enriquecedor. Veo aquí una diferencia con otros lugares, y es que la mayoría de las que hacemos ilustración hemos salido de la facultad de Bellas Artes. Tenemos esa formación para bien o para mal y, de alguna manera, se puede intuir cierta influencia. A nivel económico, hay ayudas que favorecen a la creación, pero está todo carísimo (alquileres, vida en general) y eso entorpece mucho las cosas. Ojalá hubiese más espacios de arte públicos para ayudar a la profesionalización de estos oficios.
¿Cuáles dirías que son tus mayores referentes en el ámbito artístico y de la ilustración?
Tengo miles, pero hay algunos en concreto que me resucitan. Me encanta el dibujo, pero a veces me agobio porque no hago otra cosa y me frustro cuando no puedo tomarme el tiempo para hacer las cosas como me gustaría. Pero en cuanto veo dibujos de Apolo Cacho, Tove Jansson, Muriel Bellini o Andrea Ganuza, entre otros, se me pasa. Si alguien me anima a seguir dibujando en momentos de delirio son ellos. Son mágicos.
Portada del fanzine de artista Vaya pelos (2024).
Raisa Álava dibujando. Foto: León Quinchía.
También queremos saber cuál es tu cómic de cabecera.
Esta pregunta es complicadísima porque podría edificar una casa con cómics. Tengo muchos, no voy a decir demasiados. Voy a hacer una selección de tres porque no puedo elegir uno, y en estos no hay un orden: Grip de Lale Westvind, Virus Tropical de Power Paola y El Difícil Mañana de Eleanor Davis. El primero es como beberte un café o comerte un torrezno: te revive, te dan ganas de construirte una avioneta y de salir a correr. El segundo creo que es el libro más sobado que tengo, un antes y un después en mi vida. Me ha acompañado a lo largo de todos estos años y le tengo el cariño que se le tiene a un buen familiar. Y el tercero de todos es precioso, elegante; y si tuviera que explicarle a un marciano qué es un cómic, le enseñaría esa joya.
De todas las exposiciones que has visitado, ¿cuál ha sido la que más te influyó o la que más te impresionó?
Una que hubo de Nikki de Saint Phalle en el Guggenheim en 2015. Fui con mi amiga María a verla mil veces, era como meterse en la cabeza de alguien. Me pareció de una generosidad abrumadora, sentí que después de aquello Nikki nos subió tres escalones en lo que es el arte, su capacidad y, yo qué sé, la vida en general. Ojalá la vuelvan a traer.
¿Cómo sería tu porro favorito?
Pues te voy a decir uno de skunk, mítica variedad, en un bolo de Eskorbuto. Todo muy de aquí [risas].
Bizkaia Tech (2023).
Cartel de la XXV edición del Txakolin Eguna (2024).
Conducción temeraria (2023).