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Conan-sar, el rey de las Amazonas: la película inédita de John Liu que te volará la cabeza

Conan-Sar. El Rey de las Amazonas

Fotos: Fondo Enrique Esteban en Filmoteca de Catalunya

John Liu es un enigmático actor asiático que, a rebufo de la muerte de Bruce Lee, estableció en Barcelona su base de operaciones en los años 80, donde dirigió y protagonizó películas de artes marciales de bajo presupuesto, insólitas en el cine ibérico. A raíz de unas turbias acusaciones, Liu dio con sus huesos en la cárcel de Tarragona en 1991. Poco después, se esfumó del país (y del cine internacional) dejando atrás el film que llevaba casi una década realizando: Conan-Sar. El Rey de las Amazonas. Tras años de entrevistas, búsquedas e investigaciones, quien esto firma ha localizado este metraje perdido, una delirante mezcla de espada y brujería, exploitation, erotismo y kung-fu. Y ahora escribe un largometraje documental sobre la inusitada figura del luchador asiático, a la vez que dirige el proceso de restauración, montaje y doblaje de su alucinada y alucinógena película inédita. Cine de derribo y marihuana, un match perfecto.

Desde Mallorca con amor

Conan-Sar. El Rey de las Amazonas

Los aficionados al cine oriental quizá no necesiten grandes preámbulos del interfecto, pero es tan aparatoso el confusionismo en torno a este orfebre de la patada (él mismo es el principal responsable), que se me antojan necesarios ni que sea cuatro apuntes sobre quién es, cómo y cuándo llegó y qué narices vino a hacer a este país Liu Chung Lian, más conocido como John Liu.

La primera vez que el actor posó ante una cámara a este lado de los Pirineos fue en 1979, y lo hizo ante un fotógrafo del Diario de Mallorca. Y para la ocasión procuró rodearse de un ambiente bien cinematográfico, diríase que jamesbondiano. Liu recibió a los Tribulete locales ataviado con un kimono blanco y repantingado sobre un sillón Emmanuelle, desde la soleada terraza de un apartamento en Andratx. Una tal Mayra, dueña de la casa donde Liu pasa las vacaciones, junto a Nicole Blanchery, la gran vedette francesa que conquistó los escenarios ibéricos en los años cincuenta y sesenta, ejercen funciones de intérprete. La vivienda, como la mayoría en Port d'Andratx, es obra del arquitecto ruso Pedro Otzoup, marido de Blanchery y amo de casinos en Argel y Montecarlo (en los noventa se hará famoso entre la alta sociedad española por diseñar la mansión mallorquina de Claudia Schiffer). El constructor es a su vez hijo de Sergio Otzoup, un viejo teniente de la Rusia zarista que rescató del fuego imágenes sacras ortodoxas y fue productor delegado del biopic de Miguel de Cervantes dirigido por Vincent Sherman en 1967 (en el que aparece, dicho sea de paso, Soledad Miranda, la musa del tío Jess). Pero no perdamos el foco. John Liu lleva (según cuenta él mismo en Zen Kwan Do Strikes Paris/Liu en Paris, su primer egotrip fílmico, un popurrí de escenas rodadas en Francia y en Hong Kong con el que se presenta en Europa como heredero al trono del Pequeño Dragón, así como en su currículum vitae publicado por Karate en 1986) desde 1971 residiendo en París. Allí ha levantado un pequeño imperio de gimnasios donde difundir las bondades del Zen Kwun Do, fusión de técnicas marciales patentada por él mismo (cualquier parecido con el Jeet Kune Do de Bruce Lee es mera coincidencia). Vale. 

Conan-Sar. El Rey de las Amazonas

Fotos del rodaje de Conan-Sar. King of Amazon. A la derecha y en el papel de bárbaro John Laldalski, célebre actor gweilo habitual en Hong Kong, incluyendo películas de ninjas con Godfrey Ho.

En el transcurso de la breve entrevista, titulada “Un samurái del siglo XX”, el oriental desgrana las habituales trolas con las que ya viene dándose bombo en la prensa gala. Que si pertenece a la nobleza china, que si es hijo de un reputado científico aeroespacial de la NASA, que si ha nacido en Hawái y es, por tanto, chino-americano (cualquier parecido con Bruce Lee es mera coincidencia), que si aprendió artes marciales de chinorris en un templo Shaolin (cualquier parecido con David Carradine en Kung Fu es mera coincidencia) de la mano de su tío-abuelo, Zen Liu, un monje huido de la China revolucionaria que buscó refugio con Liu y sus padres en Hawaii, que si una parte de él sigue recluido en aquel templo, que si era íntimo de Lee, pero se negó a trabajar con este en una película suya por no hacerle de comparsa, etcétera.

Como sea, los cuentos chinos de Liu parecen importarle un pimiento al repórter, quien, lejos de cuestionar las palmarias contradicciones en sus historias, y quizá alentado por los rumores que (es un suponer) circulan por la isla sobre las disolutas costumbres del artemarcialista, con gracejo castizo, le espeta preguntas del tipo: “¿Ustedes, los orientales, cuando llegan a América o Europa, al ponerse en contacto con la cultura occidental, suelen ‘desmadrarse’, es decir, colocarse por montera su filosofía?” o “¿Una persona como usted que vive prácticamente todo el tiempo pendiente de sí, le quedan horas para estar con sus amigos, de tomarse una copa, de hacer el amor incluso…?”. Pero el chino erre que erre con lo del Zen Kwun Do, Bruce Lee y el templo Shaolín: “Ni fumo, ni bebo, ni… sí, creo que tendría que dedicar más tiempo a estas cosas”. 

Conan-Sar. El Rey de las Amazonas

La misteriosa actriz Claudia Cascino.

¿Fue el periodista del Diario de Mallorca responsable de espolear al depredador sexual convicto en que se convertiría John Liu por estos lares? Pues ya puede ser. Por lo demás, mucho se le viene afeando en los últimos tiempos su proclividad a la mentira compulsiva, pero, si me preguntan, les diré que a mí me parece razonable. El personaje que John Liu autoconstruye se me antoja el único deseable, asumible y hasta posible en la España del momento. Se adaptó al gusto local. En nuestro país, la fiebre por el cine de artes marciales y la filosofía oriental no llegó primero de Hong Kong sino de Hollywood en su vertiente televisiva: Kung Fu. Fue la serie de David Carradine la que sirvió de abono para las kilométricas colas que se formaron con el estreno de Furia Oriental en 1974. Por tanto, no era de extrañar que su debut en sociedad como mito pop fuese un galimatías que amalgamara la fantasía heroica de ambas tradiciones cinematográficas. Si John Liu hubiera aterrizado presentándose como un taiwanés de a pie que había aprendido taekwondo ya de talludito de la mano de Tan Tao-liang, y trabajado en películas de bajo presupuesto, ¿se hubiera comido un colín? 

Lo que sin duda es más que feo (y se le más que afeó con pena de cárcel hasta que —dicen— consiguió fugarse y desaparecer del país y del panorama cinematográfico), es hacerte pasar por quien no eres y prometer papeles a chicas (algunas menores) en películas que nunca llegarán a los cines para manosearlas en falsos castings en tu chalet del Vendrell (Tarragona), reteniéndolas además con la excusa de enseñarles artes marciales. Una de ellas, una guapa actriz y hoy celebrity televisiva que la prensa relacionó sentimentalmente con Liu, me contó que las tenía medio encerradas a lo Phil Spector, hasta que una buena noche decidió largarse por una ventana. Fue ella quien me pasó una reproducción de esa primera entrevista a la que me he remitido arriba, muy difícil de encontrar en hemerotecas. Además, muy generosamente me cedió el texto de Corsa. The Amazona Legend, un guion original en inglés firmado y dedicado por el autor, una de esas filmaciones que no llegaron a la sala de montaje.

El camarote de los Hermanos Marx

Maquetas artesanales de proyectos inacabados de John Liu.

Maquetas artesanales de proyectos inacabados de John Liu.

Los entusiastas de la memorabilia cinematográfica quizá sepan que en el barcelonés barrio de Sants existe una pequeña pero bien surtida tienda especializada. Se llama Groucho & Yo, igual que las memorias que escribieron, a cuatro manos, Groucho Marx y el yo-de-Groucho. El caso es que allí me encaminé un 9 de marzo de 2015 (guardo la factura) a cerrar un trato por la compra de un lote de material promocional original de proyectos de John Liu (103,50 €, IVA incluido. Una ganga).

Son seis carteles elaborados con esmero a base de cartulina, collage fotográfico, letras transferibles de Letraset, tijeras y pegamento; algunos de tamaño folio, otros cuartilla o algo menores que un DIN A4. “John Liu en El aventurero de Shaolin”, de Chang Shin (Chang Hsin-Yi en Filmaffinity), llegó a producirse en Taiwán y distribuirse internacionalmente en 1978. Puede que aquí llegara más tarde, o que lo hiciera directamente en Beta y VHS, por lo que bien puede ser eldiseño Made in Spain para videoclubs. Si se fijan, y hasta si no se fijan, verán que el nombre de John Liu aparece siempre en letras más gordotas que las del título de las películas (en alguno ni tan siquiera aparece el título). Sin embargo, en una jerarquía menor, tres de los afiches prometen la participación de grandes figuras de la halterofilia internacional, tales como el alemán Jusup Wilkosz, Mr. Universo y compañerete de formación de Arnold Schwarzenegger; la Miss Olympia 1980 Rachel McLish, culturista y escritora estadounidense de libros sobre pesas que coprotagonizó, junto a Arnold Schwarzenegger, el vídeo de fitness Shape Up; y Lisa Lyon, la célebre pionera del mazarse femenino, actriz ocasional, eventual modelo de Playboy y gran amiga de Arnold Schwarzenegger. 

Conan-Sar. El Rey de las Amazonas

Imagen promocional china de la película rodada en Canarias John Liu en México (1981).

Nota: En uno de los materiales, la rubia neumática que sale en taparrabos y poniendo morritos junto a su nombre no es (ni se parece a) Lisa Lyon. Y si deslizan la mirada un poco por debajo del fraudulento entreteto, verán que pone en letras chulas Corsar. Queen of Amazon. Un título casi idéntico al del guion que me cedió la mencionada actriz (recuerden, Corsa. The Amazona Legend) y al del cartel que me he reservado para final, el de Conan-Sar. king of amazon, ¿no les parece? Aquí no hay montaje fotográfico que valga, sino que Liu (o quien diseñase la hoja) se apropió de la portada del cómic Korsar (1980), de Esteban Maroto, tapando los títulos originales con guache y quedándose tan ancho. La elegida en esta ocasión para encarnar a la amazona es “Shelly” Gruwell (Shelley, sin errata), otra popular levantadora de pesas e instructora de fitness ochentera (desconozco si relacionada de algún modo con Arnold Schwarzenegger).

Había olvidado mentarles el importante testimonio de Mercè Fillola, una bella actriz y culturista catalana, hoy artista naíf, a quien entrevisté la pasada década y que, según me contó, también llegó a dar vida, a finales de los ochenta o primeros noventa, a la Reina de las Amazonas (o a alguna de sus súbditas, que jamás llegó a enterarse). Eso hasta que abandonó el proyecto con la mosca detrás de la oreja, recelosa de las rijosas envestidas de John Liu y harta de rodar agotadoras escenas en la montaña de Collserola, escuetamente vestida de amazona y sin haber leído el guion ni le constara siquiera la existencia del mismo.

¿Son Corsar, Corsa y Conan-Sar tres proyectos distintos, o una misma idea de nombre indeciso? Yo me inclino a favor de lo segundo, aunque les advierto que no tengo respuestas, solo conjeturas. Lo que puedo prometer y prometo es que el escueto bikini de cuentas y pieles que han lucido, a lo largo de los años, las múltiples aspirantes a protagonista de este frustrado proyecto de aventuras silvestres y fantasía heroica fue la adquisición más provechosa de cuantas hizo John Liu. Más, incluso, que la mía aquel día en Groucho & Yo.

Festival del apareamiento

Conan-Sar. El Rey de las Amazonas

Liu Chung Lian, más conocido como John Liu.

No recuerdo de dónde saqué la manoseada fotocopia, la verdad. Pudo haber sido poco antes o después de comprar el lote de materiales promocionales de John Liu. Quizá fuese del fondo de Enrique Esteban que atesora la Biblioteca del Cinema de la Filmoteca de Catalunya, donde también tienen una copia, o acaso me la dio también aquella actriz. Diría que más bien esto último. En todo caso, hablo de lo que hoy llamaríamos (quizá en los ochenta ya le llamaban así) un one-sheet o one-page, oséase, una hoja que incluye imágenes promocionales llamativas y un breve texto con la trama de la película, el título y la ficha técnica, a fin de atraer al público y/o la atención de productores, con el objetivo de generar interés en el proyecto. Y en esta, creada por Alcoran Audiovisuales, el despacho de Enrique Esteban en calle Aragón, 178, 6º piso (el mismo cuyas ventanas —dicen— fueron asaltadas tarzanescamente por el Grupo Especial de Intervención de los Mossos d’Esquadra en busca de pruebas incriminatorias contra John Liu), aparece el cartel de Conan-Sar. También pueden verse cuatro fotos fijas del rodaje donde salen, en una playa tirando a agreste, una chica con el mentado bikini de pieles atosigada por un par de tipejos vestidos a lo Conan, y a estos luchando contra varios samuráis (entre ellos nuestro héroe desenfundado su katana). Y pone:

“Conan-Sar, el rey de las Amazonas.

Esta es la historia del Samurai chino LIU, que al enamorarse de la Reina de las Amazonas, SYLVIA, y ayudarlas con su gente a vencer a los bárbaros, asistió al fin de las Amazonas y sus costumbres.

Cada verano la isla de las amazonas era invadida por los barcos bárbaros, que las robaban, las violaban y raptaban a las más jóvenes. Cuando estos se marchaban, muchas quedaban embarazadas y según su cruel tradición debían matar a todos sus hijos varones.

La marea empujaba al barco del Samurai chino LIU, hijo del Emperador, y a sus compañeros a la isla de las amazonas. Estas quieren matarlos, pues no aceptan hombres en su isla, y LIU emplea en la lucha todas sus artes marciales orientales; admirada la reina de sus dotes y técnicas de lucha, decide crear una ‘raza de expertos luchadores’ empleándolos como sementales haciendo que se apareen con sus mejores luchadoras y después matarlos.

Durante el ‘festival de apareamiento’ son atacadas por sus terribles enemigos los bárbaros que secuestran a la reina. LIU y sus amigos ayudan a las amazonas a rescatarla y derrotan a los bárbaros, y estas agradecidas y enamoradas de estos ‘hombres valientes’ cambian sus costumbres y LIU se casa con la Reina SYLVIA convirtiéndose en el ‘Rey de las Amazonas’.”

La Cabina

Imagen promocional de John Liu en Paris (1979).

Imagen promocional de John Liu en Paris (1979).

Benidorm, discoteca Penélope, 12, 13 o 14 de octubre del 2023. Como en las escenas de fiestas de las pelis de los sesenta-setenta, hay gogós, animales salvajes, cócteles en la piscina, números locos, shows de burlesque, bandas tocando ataviadas con americana de tartán y sombrero fez, proyecciones de cine antiguo y decoraciones molonas. Por si fuera poco, mucha gente va disfrazada: uno de skyline de Benidorm, un grupo de english breakfast (uno de beicon, otra de salchicha, de tostada…), un tipo viste de Teen Wolf y otro de José Luis López Vázquez en La cabina (con cabina y todo). Se trata del Funtastic Drácula Carnival y estarían tocando The Make-Up, los Scientists o Wau y los Arrrrghs!!! (tendría mérito recordarlo), cuando, en un reservado, conocí al amigo de una amiga que ejercía de cronista para una revista de rock. Hablando, hablando, Josep Calle, que así se llama el interfecto, me dijo que su trabajo real, lo que le da de comer, era el de documentalista en Filmoteca de Catalunya (no iba a vivir del periodismo musical en este país). Con las pupilas dilatadas (de la emoción), le conté que llevaba yo años de solicitudes e instancias a la institución, reiteradamente desoídas, buscando los rollos de una película perdida que, creía, podría haber ido a parar a los almacenes públicos tras el cierre del laboratorio Fotofilm, a principios de los noventa. Corsar, Corsa o Conan-Sar, algo así. 

Un año y pico después, Josep y yo, como López Vázquez en La cabina, nos hallamos encerrados en un pequeño departamento del 2CR, el Centre de Conservació i Restauració de la filmoteca catalana, ante una mesa de visualización de películas de 35 mm. Efectivamente, John Liu cambió Cimmeria por la Costa Brava. La encargada de lucir el bikini de los Picapiedra es una rubia que al parecer responde por Claudia Cascino, de quién agradecería más datos si alguien puede aportarlos (se ofrece recompensa). De entre el equipo bárbaro, reconozco a John Ladalski, actor gweilo habitual en Hong Kong, incluyendo, ya lo sabrán, películas de ninjas con Godfrey Ho. Del lado de los samuráis, todos luchadores asiáticos. A John Liu, de momento, solo lo hemos visto en bañador y gafas de sol manejando la claqueta, pero, tras varios rollos, finalmente hace aparición el domador de féminas, nuestro He-Man en kimono: el samurái Liu. La filmación data de 1983, aunque bien podría ser la Era Hiboria, y John Liu está en plena forma, haciendo restallar su katana ante las cimitarras de doble filo de sus salvajes enemigos, cortejando sin disimulo a la joven Reina de las Amazonas, a falta de siete u ocho años de acabar vencido por el poder de la carne al que aludía Doom en Conan: “La carne, como arma, es mucho más potente que cualquier espada”, ya saben.

Este contenido se publicó originalmente en la Revista Cáñamo #335

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