Ingredientes para cuatro personas
Elaboración
Aunque supuestamente no es tan famosa como su primo hermano el salmorejo, esta elaboración tiene unos orígenes humildes muy parecidos. Lo de supuestamente lo decimos porque curiosamente en el 2022 fue, según Google, la receta más buscada del año. En cualquier caso, nació como receta de aprovechamiento del pan duro del día anterior, como el nombrado salmorejo y el gazpacho, pero en este caso en los campos de cultivo de la vega antequerana. Como tantas sopas y cremas frías andaluzas, al principio no llevaba tomate ni pimiento, ya que cuando surgieron aún no habían llegado de las Américas estos maravillosos productos. Además de su zona de nacimiento, la porra se diferencia del salmorejo en su textura, que es bastante más espesa debido a la mayor proporción de pan que contiene, casi el doble en algunos casos. El pimiento rojo y/o verde fresco es otro elemento diferenciador, junto al vinagre y el pescado, que algunas veces sustituye al jamón y otras lo acompaña, dependiendo de la casa o zona donde se elabore. Su nombre hace alusión al instrumento con el que se majaba o machacaba, una especie de “porra” o mazo de madera. También la llaman porra “crúa” o “fría” para diferenciarla de otros platos de la zona como la “porra caliente de espárragos” o la de habas, y porque evidentemente se come muy fría.
Esta es su historia, pero nosotros vamos a cambiarla a partir de hoy porque no creemos que haya muchas versiones que contengan este particular y psicotrópico aliño con el que vamos a condimentarla. La responsable en esta ocasión será la Apalachian Kush Early Version, que regalamos el pasado verano gracias a la gentileza del banco World of Seeds. Se trata de una variedad 60% sativa y 40% índica, que crece en solo 45 días, pero, cuidado, que este dato no nos engañe, ya hemos hablado de su extremada potencia. Sus efectos son estimulantes y energizantes, seguro que ponen nuestras neuronas a buscar estímulos para trabajar, crear o tener una conversación interesante.
Con esta maravilla de aromas afrutados y terrosos, vamos a elaborar el vinagre de Jerez cannábico. Lo primero será meter los cogollos en el congelador un par de días antes para que el frío potencie la extracción de los cannabinoides. La proporción será de unos 10 g/l más o menos, dependiendo de la potencia deseada. Pasados los días en frío, los grindamos y los introducimos en un bote donde hayamos puesto anteriormente el vinagre para poder sumergirlos. Metemos el bote en la nevera y los dejamos que maceren durante 3 o 4 días. Después, filtramos el vinagre con un colador de tela y lo reservamos. El resto de la elaboración es extremadamente fácil si tenemos medios eléctricos, si no es así, necesitaremos más tiempo, paciencia y unos brazos fuertes y resistentes.
Comenzamos cortando el pan en trozos más o menos pequeños y poniéndolo en el recipiente donde vayamos a triturar posteriormente. Después, le ponemos encima los tomates lavados y cortados para que suelten su agua o jugo y lo ablanden para facilitar su integración. Añadimos el pimiento lavado sin semillas, el ajo pelado sin el tallo interior, el AOVE, la sal y el vinagre. Trituramos bien y dejamos enfriar al menos un par de horas en la nevera. Cocemos los huevos, los enfriamos, los pelamos y abrimos la lata de melva en este caso. Ponemos la porra en un bol y la decoramos con el huevo cocido, la melva, algo de pimiento, tomate crudo y unas gotas de AOVE. Fácil, ¿vedad? Solo queda disfrutar de sus muchas cualidades. ¡Hasta la próxima!